(2) “Hija mía, nuestras obras son siempre nuevas y armonizan con su Creador, hay tal armonía
entre ellas y Nosotros, que siempre saben decir cosas nuevas de Aquél que las ha creado,
mucho más, pues siendo inseparables de Nosotros reciben el nuevo contacto de nuestro Ser
Divino, por eso tú al seguir los actos de mi Querer Divino encuentras siempre nuevas sorpresas
y comprendes cosas nuevas que nuestras obras poseen. Ahora, tú debes saber que cuando
sacamos la Creación de dentro del seno de nuestra Divinidad, porque ‘ab eterno’ estaba dentro
de Nosotros, al sacarla fuera nuestro Fiat, dentro de un mar de amor poníamos fuera todo lo que
la criatura debía hacer, así que todo salió de Nosotros, nos hacíamos proveedores de todo lo
que ella debía hacer, por eso toda la Creación está llena de todas las obras que se deben hacer,
hasta el último de los hombres, y si bien invisibles a los ojos humanos, pero visibles y palpitantes
para Nosotros en nuestra Voluntad, lo que forma una creación más bella que la misma Creación,
por lo cual es tanto nuestro amor, que mientras ocupa toda la atmósfera, al mismo tiempo la
llevamos en nuestro seno divino, y conforme sacamos a la luz del día a las criaturas, así
comenzamos a proveerlas con nuestras manos creadoras de las obras que deben hacer; al
principio de cada acto que la criatura debe hacer ponemos como fundamento la Vida de nuestro
Fiat, y por alimento del acto nuestro amor, porque Nosotros no hacemos nada, ni damos nada,
si no tiene por principio nuestro Querer y por alimento y ajuar a nuestro amor; no serían obras
dignas de nuestra Majestad Suprema el proveer obras que no den Vida nuestra y que no posean
nuestro alimento, cual es el amor. Toda la Creación era un parto, con todos los actos que debían
hacer las generaciones humanas, que ‘ab eterno’ teníamos en nuestro Seno Divino, y que no
pudiendo contenerlo más, porque nuestro amor sentía la necesidad de ponerlo fuera pues quería
desahogarse, y como cuando hacemos un acto hacemos un acto completo, por eso poniendo
fuera a la Creación sacábamos junto todo lo que debía hacer la criatura. Nuestro Fiat Divino
encerrando todo en Sí mismo, Creación y actos humanos, se ponía a la expectativa de sacar a
la criatura a la luz del día para suministrarle los actos que a ella le pertenecían. ¿No es esto un
amor exuberante que solamente un Dios podía tener: Ordenar, formar los actos y después sacar
a la luz a aquélla a la que debían servir estos actos como formación de santidad, de amor, de
gloria, para sí y de Aquél que la había creado? Pero esto no es todo, nuestro amor no se detiene
jamás, conforme sacó este parto nuestro, poníamos fuera de Nosotros una dosis de nuestra
potencia para sostener a la criatura y a sus actos, armándola y cortejándola de potencia divina,
así que tiene nuestra potencia que la sostiene; poníamos fuera también una dosis de nuestra
sabiduría, con la cual debía estar animada su inteligencia y todos sus actos, por eso si en la
criatura se ven nuevas ciencias, nuevos inventos, descubrimientos que llegan a lo increíble, es
por nuestra sabiduría que la inviste; también poníamos fuera una dosis de amor, de santidad,
de bondad y de todos nuestros atributos para suministrarle el amor, la santidad, la bondad y así
de todo lo demás. La criatura no existía aún, y Nosotros ya estábamos ocupados en ella;
mirábamos con complacencia en ella nuestra potencia, sabiduría, amor, santidad y bondad, nos
poníamos a su disposición para hacerla lo más bella que podíamos, y poder decirle: ‘Nos
semejas en todo, más bella no te podíamos hacer’. Este poner fuera nuestras cualidades divinas
y todos sus actos que debía hacer, antes de que el hombre viniese a la luz del tiempo, fue para
Nosotros un amor tan intenso que llega a lo increíble, e íbamos diciendo en nuestro delirio de
amor: ‘¡Oh hombre, cuánto te amo! Te amo en mi potencia, te amo en mi sabiduría, en mi amor,
en mi santidad, te amo en mi bondad, en los mismos actos que harás, te amo tanto que los
pongo todos en espera de ti; mi Querer Divino al cual todo confiamos, nuestras dotes divinas y
tus mismos actos que serán ya tuyos, está en acto de darlos como desahogo de su amor por ti’.
(3) Ahora, tú debes saber que nuestro Ser Supremo posee como en naturaleza suya un acto
siempre nuevo, por lo cual estos actos establecidos para cada una de las criaturas serán nuevos
y distintos uno del otro, distintos en la santidad, siempre nuevos en la belleza, uno más bello
que el otro, nuevos en el amor, en la potencia, nuevos en la bondad, son actos formados y
alimentados por Nosotros, por lo que poseen todas nuestras características, todos bellos,
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