suplicante? Se puede decir que los Cielos se mueven, nuestro mismo Ser se siente vencido,
atado, y cede.
(3) Al don suplicante paso a hacerle el don del amor, y para confirmarla en el amor, ama con
un nuevo amor en el sol, en el cielo, en las estrellas, en el viento, hasta en nuestro Ser Divino,
de modo que adquiere el derecho de amar a todos y de ser amada por todos con un nuevo amor
continuo, y si tú supieras qué significa ser amado con un amor siempre creciente y nuevo por
todos, y tener el poder de amar con creciente y nuevo amor a todo, poder decir a tu Creador:
‘Creciente y siempre nuevo es tu amor por mí, creciente y siempre nuevo es mi amor por Ti’.
Este amor sobrepasa los Cielos, llena la patria celestial, y sus olas van a romper y descargarse
en nuestro seno divino y, ¡oh! las maravillas que suceden, todos quedan asombrados y glorifican
a mi Querer Divino por el don tan grande que da a las criaturas. Ahora, conforme le hacemos
el don ensanchamos su capacidad, de modo que ella comprende el don que ha recibido y hace
uso del don.
(4) Después pasamos a hacerle el don de la inseparabilidad, de la unión con Dios, con el que
llega a sentir más nuestra Vida que la suya, Dios se vuelve para ella su actor y espectador, y
ella queda como la portadora de su Creador, viviendo con su misma Vida, con su amor y
potencia. Con este don todo es suyo, tiene derecho sobre todo, y Nosotros cuando la vemos
poseedora, agregamos el don de volverla triunfadora sobre todo: Triunfadora sobre sí misma,
triunfadora sobre Dios, todo es triunfo en ella, triunfo de gracia, de santidad, de amor, y la
llamamos nuestra vencedora; sobre todo la hacemos vencer, porque es don que le hemos dado,
y cuando Nosotros damos queremos ver los frutos que nuestro don contiene. Así que en cada
acto que hace en nuestro Querer, en cada palabra, obra y paso, se forman entre ella y Nosotros
tantas distintas armonías, una más bella que la otra, nos tiene siempre ocupados, y es tanto
nuestro amor, que la circundamos en el exterior con todas nuestras obras, y en el interior la
investimos y repetimos todos nuestros actos que han sido portadores de vida: La Vida de la
Reina, la Vida del Verbo en la tierra, que fue un exceso de amor continuo que daba vida nueva
a todos. Así que damos siempre, no terminamos jamás; quien vive en nuestro Querer es el
pleno día de nuestras obras continuas, y nuestra vida que palpita y repite nuestros actos que
están siempre en acto sin cesar jamás, por eso es nuestro triunfo y nuestra pequeña vencedora,
y es éste nuestro delirio de amor: ‘Que queremos ser vencidos por la criatura’. Cuando ella
vence, nuestro amor se desahoga y nuestros desvaríos y delirios encuentran la vida en la
criatura y se reposan”.
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35-10
Octubre 3, 1937
Prodigios de la Creación. Dosis de potencia y de santidad que Dios
ponía fuera por amor del hombre. Los actos hechos en el Fiat serán
siempre nuevos, pero distintos y bellos uno más que el otro. Estos
actos encerrarán todo y formarán los mares, las obras, los pasos
hablantes de su Creador.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para encontrar todos los actos del Querer Divino
para hacerlos míos, abrazarlos, adorarlos y poner en ellos mi pequeño te amo como
reconocimiento de cuánto me ha amado y obrado por mí y por todos, y, ¡oh, cuántas sorpresas,
cuántas cosas nuevas se comprenden, cuántos secretos divinos contienen las cosas creadas
de su Creador! Y mi siempre amable Jesús visitando mi pequeña alma, viéndome sorprendida
me ha dicho:
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