ella lo que hacemos en Nosotros mismos, y esto porque queremos que sepa quiénes somos
Nosotros, qué sabemos hacer, cómo amamos, y para darle una prueba más cierta le damos
nuestro amor, la hacemos amar como amamos Nosotros, a fin de que toque con sus propias
manos cómo ama y sabe amar un Dios, y para gozar juntos la hacemos hacer juntos lo que
hacemos Nosotros. Esto no te debe maravillar, esta es la naturaleza de nuestra Voluntad y del
verdadero amor, unificar a la criatura con Nosotros, amarla y hacernos amar por ella como
Nosotros la amamos; las disparidades no deben existir, de otra manera sería hacer infeliz a la
criatura, viendo que Nosotros la amamos tanto y ella no; al ver que Nosotros sabemos hacer
tantas cosas, y ella que no sabe hacer nada, pobre hija, estaría en nuestro Ser Divino bajo el
peso de una profunda humillación, como extraña, sin confianza, como una pobre delante a un
rico; estas cosas Nosotros no las sabemos hacer, si está con Nosotros, lo que es nuestro debe
ser suyo, el vivir en nuestro Fiat es unidad, obras y alegrías comunes, y es esto lo que nos hace
más felices y nos da un amplio campo al desahogo de nuestro amor”.
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35-9
Septiembre 26, 1937
Dios siempre da dones a la criatura sin cesar jamás.
Dones que hace a quien vive en su Querer. La Vida
palpitante de Dios. La pequeña vencedora.
(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, y yo quedo asombrada al ver que siempre quiere
darme, y como yo soy pequeña no me es dado el encerrar en mí su inmensidad, y Él, con una
paciencia y un amor invencibles, espera a que yo encierre en mí las verdades que me ha dicho,
cortejadas con sus gracias para hacerme tomar posesión de ellas, y en cuanto me ve poseedora
de inmediato se pone en actitud de quererme dar y decir cosas aún más sorprendentes. ¡Oh,
Voluntad de Dios, cuánto me amas! ¿Cómo podré corresponderte? Y mi amable Jesús
haciéndome su acostumbrada visita, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija bendita, es nuestra Divinidad que posee en su naturaleza el querer siempre dar; así
como tú posees el respiro que quiere siempre respirar aunque tú no lo quisieras, así Nosotros
poseemos el acto continuo de siempre dar, y si la criatura, ingrata, no toma lo que Nosotros
damos, todo queda en torno a Nosotros para exaltar y alabarnos la perfección, la bondad, la
santidad, la liberalidad de nuestro Ente Supremo, todo queda como triunfo de nuestro amor y
como prueba de cuánto amamos a la criatura, y esperamos con una paciencia que sólo Nosotros
podemos tener, a otras criaturas que tomen lo que las otras nos han rechazado. Es tanto nuestro
amor, que nos adaptamos a la criatura en darle poco a poco, porque siendo pequeña no puede
tomar todo junto lo que le queremos dar, pero nuestro dar debe ser continuo, nos sentiríamos
como si nos faltara o se nos sofocara el respiro si no diéramos. Nuestra Divina Voluntad quiere
ser vida de la criatura, el acto más grande, el amor más exuberante que sólo un Dios puede y
sabe hacer. Ahora, para hacerse poseer, nuestra Voluntad le da a la criatura el don de su virtud
suplicante, y Ella se pone a la cabeza para confirmar este don, y hace suplicar a todas las cosas
creadas, se impone sobre nuestro amor, sobre nuestra potencia y nuestra bondad, y hace rogar
a nuestro amor, a nuestra potencia y bondad, y todos nuestros atributos ruegan, aun la justicia,
la misericordia, nuestra fuerza se cambian en ruegos, ninguno puede faltar cuando nuestra
Voluntad quiere que hagamos un acto y que se haga un don, todo y todos doblamos las rodillas
para hacer lo que Ella quiere. Cuando todos han suplicado, aun nuestros atributos divinos,
confirmamos el don, la plegaria de esta criatura se vuelve universal, y cada vez que ruega tiene
tal potencia, que todas nuestras cosas ruegan, aun nuestros atributos, porque en el don le ha
sido dado el derecho sobre todos, ¿qué cosa no se puede obtener con este don de la plegaria
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