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Septiembre 12, 1937
Las verdades son los más grandes dones que Dios nos da. Parto Divino.
Delirio extremo por querer vernos poseedores de sus dones. Su palabra
es desahogo de amor. El gran bien de un acto hecho en la Divina Voluntad.
(1) Mi pobre mente está como asediada por la Divina Voluntad, quiere decir tanto de las
verdades que le pertenecen, que yo no puedo contenerlas, porque mi capacidad es demasiado
pequeña, y estoy obligada a decir: “Basta Jesús por ahora, Tú quieres decirme tanto, pero yo
soy incapaz de retenerlas, no sabré decirlas todas, mucho menos escribirlas como Tú quieres”.
Y mi dulce Jesús compadeciendo mi pequeñez, todo ternura me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, no temas, tu pequeñez se pierde en mi Voluntad, y no eres
tú quien debe manifestar sus verdades, sino que Ella misma tomará el empeño de hacerse
narradora de lo que quiere hacer conocer, por eso investirá tu mente, se hará palabra sobre tus
labios y se hará conocer, hará conocer quién es Ella; ciertamente que por ti misma no lo puedes
hacer, pero siempre y cuando nos des tu voluntad en la nuestra, Nosotros remediaremos todo y
haremos conocer lo que queremos decir. Tú debes saber que cuando queremos hacer un bien
a las criaturas, decir una verdad, que es el bien más grande que podemos darles, porque con
decirla, de esa misma verdad les hacemos don, primero lo maduramos en el seno de nuestra
Divinidad, y cuando ya no podemos contenerlo más, porque nuestro amor es tanto que quiere
ver aquel don poseído por las criaturas, nos hace llegar al desvarío, al delirio, y llega a hacernos
languidecer porque quiere ver aquel bien transmitido a ellas; nos encontramos en las dolorosas
condiciones de una pobre madre que habiendo formado su parto, si no lo saca a la luz se siente
morir; Nosotros no podemos morir, pero si el bien que queremos dar como parto nuestro no lo
sacamos a la luz, nuestro amor da en tales excesos, que si se pudieran ver por las criaturas,
comprenderían cómo sabe amar un Dios y en qué estrechuras nos ponen cuando no reciben el
bien que queremos darles, por eso cuando encontramos quien lo recibe, confirmamos el don,
hacemos fiesta y nos sentimos victoriosos por el bien que le hemos dado, porque habiéndolo
recibido una sola criatura, nuestro parto salido con tanto amor, por sí mismo se hará camino,
girará por todas las criaturas y con su virtud generativa generará otros muchos partos, llenará
todo el mundo, y Nosotros tendremos la gran gloria de ver llenos cielos y tierra de nuestro don,
de nuestros bienes, y poseedores de quien lo quiere recibir. Oiremos por todas partes las voces
amorosas, las notas de nuestro amor hablante, que nos dan la correspondencia a nuestro amor
reprimido, porque no podíamos sacar a la luz este parto nuestro si no encontráramos al menos
una criatura que lo quisiera recibir. Para Nosotros el hacer el bien es pasión, el dar es delirio
continuo de nuestro amor, y al encontrar quién lo reciba sentimos en el don nuestra Vida y
nuestro reposo. Por eso, a la que como primera se presta a recibir nuestro parto, la amamos
tanto que nos fiamos de ella, la hacemos nuestra secretaria, y ella, al verse tan amada por
Nosotros, toma el empeño de amarnos por todos, y ¡oh! la competencia que se forma entre ella
y Nosotros. Tú debes saber que cada palabra nuestra es un desahogo de amor que hacemos
con la criatura, así que cada palabra dicha sobre nuestra Voluntad Divina es un desahogo de
amor que hemos hecho, y recibiendo refrigerio por este desahogo hemos continuado hablando,
para formar la cadena de nuestros desahogos de amor, porque era un amor reprimido que
teníamos en Nosotros, y si tú supieras qué significa este nuestro desahogo de amor, los bienes
que hace; este nuestro desahogo de amor llena cielos y tierra, inviste a todos, embalsama las
penas, se hace día en la noche de la culpa, convierte los pecadores, refuerza a quien titubea en
el bien, reafirma a los buenos, en suma, no hay bien que no pueda hacer una palabra nuestra
que contenga un desahogo de nuestro amor. Así que el hacernos hablar es el más grande bien
que se pueda hacer a las criaturas, y nuestro amor correspondido y el dar Vida Divina a las