e inmensidad envolvemos a todos, nos encontramos en todos y por todas partes, pero faltando
nuestro Querer Divino en ellos jamás nos oyen hablar, no comprenden nada de nuestro Ser
Supremo, viven en nuestra inmensidad porque ninguno puede escapar de Nosotros, pero
faltándoles nuestro Querer no se sienten hijos nuestros, sino como extraños de Nosotros, ¡qué
dolor, tener que decir tantas cosas y callar, poder obrar quién sabe cuántas maravillas y no
poderlas hacer porque nuestra Voluntad no reina en ellos! Sin embargo nuestro amor es tanto
que no se detiene, somos todo ojos para ver quién quiere vivir en Ella, somos todo oídos para
escuchar quién la llama a vivir en ella, somos todo amor para apoyar nuestro gran amor sobre
el pequeño amor de la criatura, y en cuanto la vemos dispuesta formamos nuestra Vida hablante
y le narramos la historia de nuestra Voluntad, la larga historia de nuestro eterno amor, le decimos
cuánto la amamos y le damos a conocer nuestros suspiros por querer ser amados, porque tú
debes saber que cuando Nosotros amamos y no encontramos quién nos ama, nuestro amor no
tiene dónde apoyarse para ser correspondido, por eso va errante, delira y desvaría, y si no
encuentra aunque sea un pequeño te amo de criatura dónde apoyarse, se retira en Nosotros,
donde tenemos nuestro centro de amor, pero con tal dolor que es incomprensible a mente
creada, las penas del amor no correspondido son inenarrables, sobrepasan a todas las otras
penas. Nosotros queremos dar siempre, estamos en acto continuo de dar, pero queremos
encontrar su voluntad que quiera recibir, un deseo suyo, un suspiro, que forman el lugar, los
pequeños apoyos donde debemos apoyar nuestra Voluntad y lo que queremos dar y hacer.
Estos deseos y suspiros son como oídos que nos escuchan, como ojos que nos miran,
corazones que nos aman, mentes que nos comprenden, y si no encontramos estos pequeños
apoyos no podemos darle nada, y ella queda ciega, sorda, muda y sin corazón; así que nuestra
Vida es puesta en fuga, replegándose en nuestras regiones celestiales”.
(3) Después he continuado pensando en la Divina Voluntad, me sentía toda investida por Ella
y rogaba a mi amado Jesús que me ayudase y me tuviese encerrada en su corazón, a fin de
que viviera y no conociera ninguna otra cosa sino solamente su Querer Divino, y Él, regresando,
ha continuado diciéndome:
(4) “Hija mía, todo el bien de la criatura está ligado a mi Divina Voluntad, si se desliga de Ella
todos sus bienes terminan. Tú debes saber que cada vez que se hace el humano querer se
juega la Divina Voluntad con todos sus bienes, así que se pierde todo lo bello, todo lo que es
santo y bueno, esto es una pérdida incalculable, la pobre criatura es arrojada en la miseria más
escuálida, pierde los derechos a todos los bienes, es investida de tal infelicidad, que jamás le
da paz, y si parece que tiene algún bien, es aparente y la termina de torturar. En cambio cada
vez que con toda firmeza decide hacer mi Voluntad Divina, se juega el querer humano, las
miserias, las pasiones, se juega todos los males, los miserables harapos, los vestidos sucios
que le había formado la voluntad humana; qué feliz pérdida, perder los males, las miserias, es
gloria, es victoria, es honor, pero perder los bienes es vileza y deshonor. Ahora mira, si la
criatura quiere puede rehacerse de la gran pérdida que ha hecho de mi Voluntad con hacer la
suya, mucho más que tendrá en su ayuda nuestra potencia, nuestro amor y nuestra misma
Voluntad. Con adquirir de nuevo los derechos de todos los bienes, todos la defenderán para
rehacerse del juego perdido”.
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