oídos para escucharnos, por eso haremos prodigios jamás oídos para readquirir lo que es
nuestro, el espacio y nuestra estancia divina. Tú, ruega y sufre para que readquiera lo que es
mío, y jamás me niegues el espacio de tu querer humano, a fin de que mi amor se desahogue y
mis obras regresen a continuar la obra de la Creación”.
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35-6
Septiembre 6, 1937
Finalidad de la Creación: Vida hablante y obrante de
Dios en la criatura. Su palabra es la Divina Voluntad.
Quien hace la propia voluntad se juega la Divina.
(1) Estoy entre los brazos del Querer Divino, el cual me ama tanto, que no quiere que
descienda de sus brazos más que paternos para tenerme custodiada y hacerme crecer como Él
quiere y le place, y si me oye decir que lo amo, ¡oh!, cómo festeja, y forma en torno a mí mares
de su amor que a cada instante me dicen te amo, te amo. Y mi dulce Jesús visitando mi pequeña
alma, y encontrándome en los brazos de su Querer, todo contento me dice:
(2) “Hija mía bendita, cómo amo el encontrarte siempre toda abandonada en estos brazos, tu
suerte está asegurada, vivirás de nuestro mismo alimento, tendremos bienes comunes. Tú
debes saber que la finalidad única por la cual creamos la Creación fue propiamente ésta: La
Creación debía servir como habitación del hombre, y el hombre debía servir como habitación
nuestra, queríamos formar tantas Vidas nuestras por cuantas criaturas sacábamos a la luz del
día, cada una de ellas debía poseer nuestra Vida, pero Vida hablante y obrante, no sabemos
estar donde estamos sin decir nada y sin obrar, si esto fuera sería formarnos tantas cárceles
que nos impondrían al silencio y a la inutilidad. Nuestro Ente Supremo habla y obra, la palabra
llama a la obra, y la obra manifiesta quiénes somos Nosotros y nos forma tales bienaventuranzas
y alegrías, de volvernos felices a Nosotros y a todos aquellos que conviven con Nosotros; así
que cada palabra y obra nuestra es una nueva alegría y felicidad que nos creamos. He aquí por
qué queremos formar en el hombre nuestra Vida hablante y obrante, porque debíamos formar
tales maravillas de nuestro Ser Divino para crear nuevas y siempre más bellas creaciones,
porque queríamos desahogar y dar curso a lo que podemos y sabemos hacer, y dar curso a las
nuevas alegrías y felicidades, ¿y dónde sería todo esto? En nuestra habitación del hombre.
¿Pero quieres saber tú quién es nuestra palabra? Nuestra Voluntad, Ella es la obradora de
nuestras obras, la narradora de nuestro Ser Divino, la portadora y la conservadora de nuestra
Vida en la criatura; sin Ella Nosotros no nos movemos de nuestro trono ni formamos vida en
ninguna habitación. Ve entonces la gran necesidad de que se posea y se viva en nuestra Divina
Voluntad, porque con Ella podemos hacer todo, poner fuera nuestras obras más bellas,
mantener en vigor nuestra finalidad, formar de nuestro Ser cuantas Vidas queramos; sin Ella
todo es obstáculo, queda impedido nuestro amor, nuestra potencia, quedan detenidas nuestras
obras, se puede decir que quedamos el Dios mudo para las criaturas. Qué ingratitud, qué delito,
reducirnos al silencio mientras queríamos honrar a las criaturas con nuestra Vida en ellas, como
habitación de nuestras delicias y maravillas, nos han rechazado no dándonos la libertad de
formarla, y en lugar nuestro han dado la habitación a las pasiones, al pecado y a los vicios más
horribles. Pobre hombre sin nuestra Voluntad, sin finalidad divina, sería como si quisiera vivir
sin respiro, sin latido, sin circulación de sangre, que son los fundamentos de la vida humana,
¿qué vida tendría? ¿No sería darse la muerte de un solo golpe? Tal sería nuestra Vida en la
criatura sin nuestra Voluntad, estaríamos sin respiro, sin latido, sin movimiento, sin palabra, sería
una vida desgarradora, oprimente, que terminaría por morir. Es verdad que con nuestra potencia