latido y respiro en que no vemos correr la Vida de nuestro Querer, nuestro amor queda reprimido,
siente un dolor, da en sollozos y en llanto, gime y suspira porque no encuentra en la criatura su
Vida, su acto, su latido, su palabra, la santidad de nuestra Inteligencia, y al ver que es puesto
fuera de todo lo que la criatura hace, siente su amor apagado, siente que le atan los brazos,
siente que no puede desarrollar su trabajo en ella. Hija mía, ¡qué dolor! Poder dar vida y no
darla, poder hablar en la palabra humana y reducirse al silencio porque la criatura no le da el
lugar en su palabra, poder amar con nuestro amor en su corazón y no encontrar el lugar donde
ponerlo, ¡oh! cómo nuestro amor queda obstaculizado y como sin vida por quien no vive en
nuestra Voluntad.
(3) Ahora, tú debes saber que cuando el alma hace un acto en nuestra Voluntad Divina, Dios
se hace modelo, y el acto se vuelve materia para recibir el modelo divino, así que nuestra más
que paterna bondad es toda atención para ver todo lo que hace quien vive en nuestro Querer, y
cuando está por pensar, por hablar, por obrar, así va imprimiendo en ella el modelo de su
sabiduría, el modelo de su palabra creadora, y la santidad de sus obras; es tanto nuestro amor,
que queremos hacernos vida de su vida, latido de su corazón, amor de su amor. Es tanto nuestro
delirio de amor, que queremos hacer nuestros facsímiles, y sólo en quien vive en nuestro Querer
podemos obtener nuestro intento, porque en él no nos faltaría la materia adaptable para recibir
nuestro modelo”.
(4) Después de esto ha agregado con mayor énfasis:
(5) “Hija mía, es tanto nuestro amor, que no hacemos otra cosa que dar continuos dones a la
criatura: El primer don fue toda la Creación, luego vino la creación del hombre y, ¿cuántos
dones no le dimos? Don de inteligencia, en el cual pusimos el modelo, el espejo de nuestra
Trinidad Sacrosanta; el ojo, el oído, la palabra, todos eran dones que le hacíamos, y no sólo le
dábamos los dones, sino que tomábamos nuestra parte conservante y creadora para custodiarle
estos dones y estar en acto de siempre darlos; es tanto nuestro amor al dar nuestros dones, que
no nos separamos del don que damos, sino que quedamos en el don que hemos dado para
tenerlo más seguro y custodiado. ¡Oh! cómo es exuberante nuestro amor, cómo nos ata por
todas partes, y mientras nos hace dar no deja el don en poder de la criatura, porque ésta no
tendría virtud de conservarlo, y por eso nos ofrecemos Nosotros mismos para custodiarlos, y
para amar más a esta criatura nos ponemos en acto de dárselos continuamente. ¿Qué decirte
además hija mía del gran don que le hicimos al crear la voluntad humana en la criatura?
Nosotros, como primera cosa creamos el espacio y después creamos el cielo, las estrellas, el
sol, el aire, el viento, y así todo lo demás, así que el espacio debía servir para poder crear
nuestras otras obras, crearlas y no tener dónde ponerlas no sería obra digna de nuestra
sabiduría. Así mismo, al crear la voluntad humana creamos el espacio, el lugar dónde poder
poner el gran don que hacíamos al hombre de nuestra Santísima Voluntad, este espacio debía
servir a nuestra Voluntad obrante para poner en él cielos más extensos, soles más refulgentes,
y no sólo uno, sino uno por cada vez que obrara. Por eso, la Creación debía servir al hombre,
y este espacio de la voluntad humana debía servir a su Dios para formar en él sus delicias, para
poder siempre obrar y formarse su apoyo, su trono, su estancia divina. Le hacía este don, le
formaba este espacio para poder tener un lugar para conversar con él y estarme al tú por tú en
dulce compañía, quería tener mi gabinete secreto, mi amor quería decirle tantas cosas, pero
quería la habitación dónde poder hablarle, y mi amor llegaba a tanto, hasta darse en poder del
hombre y el hombre en poder de Dios. Por eso amo tanto el que la criatura viva en mi Voluntad,
porque quiero lo que creé sólo para Mí, reclamo mi apoyo, mi trono, mi estancia divina. Por eso,
hasta en tanto el hombre no regrese en mi Voluntad Divina y me dé mi puesto real en la suya,
Yo no puedo concluir la Creación, tenemos tantas otras cosas bellas qué hacer en nuestro
espacio del querer humano, tantas otras cosas qué decir, pero no podemos ni hacer ni decir,
porque faltando nuestra Voluntad encontramos nuestro espacio obstaculizado, y es por eso que
no tenemos dónde poner nuestras obras, y si queremos hablar no nos comprenderá ni tendrá