el vivir en nuestro Fiat Divino es el prodigio de los más grandes prodigios, jamás visto ni oído,
es nuestro amor exuberante, que no pudiendo contenerlo queríamos hacer este prodigio que
sólo un Dios podía hacer en la criatura, pero que ingrata no aceptó, pero Nosotros no hemos
cambiado Voluntad, y a pesar de que hemos sido combatidos y de que nuestro amor ha sido
reprimido en tal forma que nos hace sentir espasmos, usaremos tales excesos de amor, tales
industrias y estratagemas, que lograremos nuestro intento, que una sea nuestra Voluntad con
la de la criatura”.
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35-4
Agosto 23, 1937
La Divina Voluntad quiere crecer y formar su plenitud en la criatura.
Quien vive en Ella está al día de todas las obras de su Creador,
el Cual la hace poseedora de todas las obras divinas.
(1) Me siento en las olas del Querer Divino, que invistiéndome quieren penetrar hasta el fondo
de mi alma para hacerse conocer y hacerme sentir su Vida, sus alegrías celestiales, los bienes
inmensos que quiere dar a quien quiere vivir junto con Él. Y mi amado Jesús, que parece que
con ansias está esperando para volver a hablar sobre su Fiat Divino, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, cómo estoy contento cuando veo al alma dispuesta, que quiere
escucharme y recibir el gran don del cual mi palabra es portadora. Yo no hablo jamás si no veo
al alma dispuesta, porque si no está dispuesta mi palabra no puede entregarle el don del cual
es generadora. Ahora, tú debes saber que por cuanto más la criatura busca mi Voluntad, la
quiere conocer, la ama, no la deja escapar de ninguno de sus actos, tanto más crece su plenitud
en ella; para hacerla crecer basta una atención de más, un suspiro, un deseo de querer su Vida
y, ¡oh! cómo crece admirablemente y la eleva tan alto, hasta llegar a las alturas de las esferas
divinas y conocer los más altos e íntimos secretos. Mi Voluntad es vida, y como vida no quiere
detenerse sino que quiere siempre crecer, y para crecer espera el más pequeño acto, una
invitación amorosa de la criatura, mucho más que no quiere crecer por la fuerza, sino quiere que
también la criatura quiera que siempre crezca mi Voluntad y forme su plenitud en ella. Ahora,
conforme crece su plenitud así crece la fuerza divina en el alma, la santidad, la belleza, la
felicidad, el conocimiento, la plenitud de los bienes innumerables que posee mi Fiat Divino. Ve
entonces qué significa un acto de más, un suspiro, un quererla, un llamarla: Es adquirir más
fuerza divina, embellecerse de más, pero tanto, que Nosotros mismos quedamos arrobados, la
miramos, la volvemos a mirar y reconocemos en ella nuestra fuerza, nuestra belleza y, ¡oh! cómo
la amamos, nos sentimos más felices porque ella es para Nosotros la portadora de nuestras
alegrías, de nuestros bienes. Delante a esta criatura nuestro amor se ensancha, se desborda
de Nosotros y se vierte tanto en ella, que la llena toda, hasta formar en torno y dentro de ella
nuestro laberinto de amor, el cual le da las ansias, los deseos ardientes de hacer crecer la
plenitud de nuestra Voluntad. Hija mía, hay gran diferencia entre quien es todo atención, todo
ojo, todo corazón porque quiere mi Voluntad, y entre quien la quiere pero sin gran atención, que
parece que no tienen ojo para mirarla en todas las cosas, corazón para amarla, voz para
llamarla, tal vez éstos poseen mi Voluntad en pequeña parte, pero su plenitud está lejana de
ellos”.
(3) Jesús ha hecho silencio, y yo he quedado en las olas eternas del Divino Querer, tanto, que
mi pobre mente no sabía salir de Él y yo decía: “Jesús, basta por ahora, mi mente no puede
contener más lo que Tú quieres decirme”. Y el dulce Jesús me ha puesto su mano en la frente,
y ha continuado:
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