grande, es querer que posean el reino de mi Querer como lo poseía Ella, y ¡oh! qué no haría
esta Celestial Señora para obtener su intento. También tú, únete con Ella y ruega por esta
finalidad tan santa”.
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35-3
Agosto 15, 1937
Imperio que poseen los actos hechos en la Divina Voluntad.
Dios es cabeza de los actos de quien vive en Ella.
(1) Mi vuelo continúa en el Querer Divino, sus sorpresas son siempre nuevas, investidas de
tal amor, que queda uno arrobado y con el alma desbordante de alegría, y se quisiera estar
escondida en Él sin salir jamás. ¡Oh! Voluntad adorable, cómo quisiera que todos te conocieran,
te amaran, te hicieran reinar y se hicieran tomar en tu red de amor. Pero mientras esto pensaba,
mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:
(2) “Pequeña hija de mi Querer, las sorpresas, las novedades, los secretos, los atractivos que
mi Querer posee son sin número, y quien entra en Él queda renovado, magnetizado, tanto, que
no puede ni quiere salir de Él, siente su imperio divino que lo inviste, el bálsamo celestial que
cambiando su naturaleza lo hace resurgir a nueva vida. Ahora, tú debes saber que mi Divina
Voluntad da tal imperio a la criatura que vive en Ella, que conforme hace sus más pequeños
actos, siente su imperio: si ama, siente el imperio de su amor; si habla, siente su fuerza
creadora; si obra, siente el imperio, la virtud de sus obras que se agolpan alrededor de las suyas,
y dándole su mismo imperio la llevan a cada corazón para hacerla imperar y dominar sobre cada
uno. Mi Querer siente su imperio en el acto de la criatura y se siente obligado a ceder lo que la
criatura quiere en aquel acto: Si quiere amar, con su acto nos hace amar y nos hace dar amor;
si quiere que nuestra Voluntad reine, con su imperio nos hace llegar a pedir a las almas que la
reciban. Un acto hecho en nuestro Querer no se detiene, nos dice: ‘Soy acto tuyo, debes darme
lo que quiero’. Se puede decir que toma en un puño nuestra potencia, la duplica, la multiplica,
e imperante no pide sino que toma lo que su acto quiere, mucho más que en nuestro Querer,
Nosotros mismos no queremos que haya actos disímiles de los nuestros, por eso somos
Nosotros mismos los que nos hacemos imperar y dominar”.
(3) Jesús ha hecho silencio, y yo no sé ni siquiera decir lo que sentía, mi mente estaba tan
magnetizada por sus palabras e investida por su imperio, que habría querido poner la vida para
que todos conocieran la Divina Voluntad. Y mi amado Jesús, retomando su decir me ha dicho:
(4) “Hija mía, no hay nada de qué maravillarse, lo que te digo es la pura verdad, mi Voluntad
es todo y puede todo, y no poner en nuestras condiciones a quien vive en Ella no es de nuestro
Ser Supremo, a lo más se puede ver que en Nosotros es naturaleza, y para quien vive en Ella
es gracia, participación, desahogo de nuestro amor, Voluntad nuestra que quiere que así sea la
criatura. Por eso queremos que viva en nuestro Querer, para hacer que sus actos y los nuestros
estén fundidos juntos y suenen con un mismo sonido, tengan un mismo valor, un solo amor.
Resistir a un acto nuestro ni podemos ni queremos, es más, tú debes saber que el vivir en
nuestro Querer es unidad, tanto, que si la criatura ama, Dios está a la cabeza de su amor, así
que el amor del uno y de la otra es uno solo; si piensa, Dios está a la cabeza de su pensamiento;
si habla, Dios es principio de su palabra; si la criatura obra, Dios es el primer actor y obrador de
sus obras; si camina, se pone a la cabeza de sus pasos. Por eso el vivir en mi Voluntad no es
otra cosa que la vida de la criatura en Dios, y la de Dios en ella; dejar separada de nuestro amor,
de nuestra potencia, de nuestros actos a quien vive en nuestro Querer, nos resulta imposible, si
una es la Voluntad todo lo demás va junto, unidad de amor, de obras y de todo. Es por eso que