pecando. Y si no fuera por las víctimas merecería no sólo el simple castigo, o sea la destrucción
del cuerpo, sino también la pérdida del alma; y he aquí la necesidad de las víctimas, que quien
se quiera servir de ellas, porque el hombre es siempre libre en su voluntad, puede encontrar el
perdón de la pena y el puerto de su salvación”.
(7) Y yo: “¡Ah Señor, cómo me quisiera ir antes que avancen más estos castigos!”
(8) Y Él: “Si el mundo llega a tal impiedad de no merecer ninguna víctima, seguro que te
llevaré”.
(9) Al oír esto he dicho: “Señor, no permitas que permanezca acá, y asistir a escenas tan
dolorosas”.
(10) Y Jesús, casi reprochándome ha agregado: “En vez de pedirme que los libre, tú dices
que te quieres venir; si Yo me llevara a todos los míos, ¿qué sería del pobre mundo? Ciertamente
que no tendría más qué hacer con él, y no le tendría ya ninguna consideración”.
(11) Después de esto he pedido por varias personas, Él ha desaparecido y yo he regresado
en mí misma.
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4-17
Octubre 10, 1900
Estos escritos manifiestan claramente al mundo el modo
como Jesús ama a las almas. El alma sólo puede salir del
cuerpo, por fuerza del dolor o del amor.
(1) Mientras escribía estaba pensando entre mí: “Quién sabe cuántos desatinos habrá en
estos escritos, merecen ser arrojados al fuego, si la obediencia me lo concediera, de buena gana
lo haría, porque siento como un enfado en el alma, especialmente si llegaran a ser vistos por
alguna persona, ya que en algunos puntos hacen ver como si amara o hiciera alguna cosa por
Dios, mientras que no hago nada, no lo amo, y soy el alma más fría que se pueda encontrar en
el mundo, y entonces me tendrían en un concepto diferente de lo que soy, y esto es una pena
para mí; pero como es la obediencia la que quiere que escriba, siendo esto para mí uno de los
más grandes sacrificios, por tanto me entrego toda a ella, con la esperanza cierta que ella me
excusará y justificará mi causa ante Dios y ante los hombres”. Pero mientras esto digo, el bendito
Jesús se ha movido en mi interior y me está reprochando y quiere que retire lo que he dicho, y
si no lo hago no quiere que siga escribiendo. Me está diciendo que al decir esto me he apartado
de la verdad, siendo que la cosa más esencial de un alma es el no salir jamás del círculo de la
verdad. ¡Cómo! ¿no me amas tú? Con qué intrepidez lo dices, ¿no quieres tú sufrir por Mí?”.
(2) Y yo avergonzándome toda: “Sí Señor”.
(3) Y Él: “Y bien, ¿cómo es que vienes a salirte de la verdad?”
(4) Dicho esto se ha retirado en mi interior, sin hacerse oír más, quedando yo como si hubiera
recibido un golpe. ¡Cuántas me hace la señora obediencia, si no fuera por ella no me encontraría
en estas luchas con mi amado Jesús!; ¡cuánta paciencia se necesita con esta bendita
obediencia!
(5) Ahora, voy a decir lo que debía decir, pues el Señor me distrajo un poco de lo que había
comenzado, entonces, al venir el bendito Jesús ha respondido a mi pensamiento diciéndome:
(6) “Seguro que merecen ser quemados estos escritos tuyos, ¿pero quieres saber en cuál
fuego? En el fuego de mi amor, porque no hay página en ellos que no manifieste claramente el
modo como amo a las almas; tanto si son cosas que se refieren a ti, como si se refieren al
mundo; y mi amor en estos tus escritos encuentra un desahogo a mis preocupados y amorosos
desfallecimientos”.
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