latidos, los pensamientos, las palabras, los movimientos, para corresponderlos con los nuestros
y llenarlos todos de amor, y en nuestro énfasis de amor le decimos: ‘Nos ama y la debemos
amar’. Y mientras la amamos hacemos desahogo de tales dones y gracias, de dejar estupefactos
a Cielo y tierra. Esto hicimos con nuestra Reina, desahogamos tanto, ¿pero sabes tú qué
significa este nuestro desahogar? Nos miramos a Nosotros mismos y queremos dar lo que
somos y lo que poseemos, la desemejanza nos pondría en pena, y la criatura viéndose
desemejante de Nosotros no estaría con Nosotros con la confianza de hija y con el dominio de
cuando se poseen los mismos bienes, los mismos dones, esta disparidad sería un obstáculo
para formar una sola vida y para amarnos con un solo amor, mientras que el vivir en nuestro
Querer Divino es propiamente esto, una sola Voluntad, un solo amor, bienes comunes, y todo lo
que podría faltar a la criatura se lo damos de lo nuestro para suplirla en todo y poder decir: ‘Lo
que queremos Nosotros quiere ella, nuestro amor y el suyo es uno solo, y así como la amamos
Nosotros ella nos ama’.
(5) Hija mía, nos faltaría la fuerza si no eleváramos a la criatura que vive en nuestra Voluntad
al nivel de nuestra semejanza y hacerla poseer nuestros bienes, tan es verdad, que mi Madre
Celestial, como vivía en mi Fiat, poseía la misma Vida de Él, nos amamos con un solo amor,
amamos a las almas con un amor gemelo. Y es tanto nuestro amor por Ella, que así como
Nosotros tenemos la jerarquía de los ángeles en el Cielo, la diversidad de las órdenes de los
santos, Ella, por ser la Emperatriz Celestial, la heredera de la gran herencia de nuestra Voluntad,
cuando este reino se forme sobre la tierra, la gran Señora llamará a sus hijos a poseer su
herencia y le daremos la gran gloria de hacerla formar la nueva jerarquía, semejante a los nueve
coros de los ángeles, así que tendrá el coro de los serafines, el de los querubines, y así de todos
los demás coros, como también formará el orden de los santos que han vivido de su heredad, y
después que los haya formado en la tierra, los transportará al Cielo, circundándose de la nueva
jerarquía, regenerados en el Fiat Divino, en su mismo amor, habiendo vivido en su heredad.
Esto será el cumplimiento de la obra de la Creación, nuestro ‘Consumatum resta’, porque hemos
tenido el reino de nuestro Querer en las criaturas en virtud de la celestial heredera, que quería
dar la vida por cada uno para hacerlo reinar. Y, ¡oh! cómo quedaremos glorificados, felices de
que la soberana Señora tenga su jerarquía como la tenemos Nosotros, mucho más que la
nuestra será suya, y la suya será nuestra, porque todo lo que se hace en nuestro Querer es
inseparable. Si tú supieras cuánto ama a las almas esta Celestial Reina, Ella, copia fiel de su
Creador, mira en Sí misma y encuentra sus mares de amor, de gracia, de santidad, de belleza,
de luz; mira a las criaturas y quiere darse toda Sí misma con todos sus mares, a fin de que
posean a la Mamá con todas sus riquezas. Ver a los hijos pobres mientras la Madre es tan rica,
y sólo porque no viven en la heredad de la Madre, es un dolor, Ella los quisiera ver en sus mares
de amor que amaran a su Creador como Ella lo ama, escondidos en su santidad, embellecidos
con su belleza, llenos de su gracia, y no viéndolos así, si no fuese por el estado de gloria en que
se encuentra, donde las penas no tienen lugar, por puro dolor habría muerto por cada criatura
que no viviera en el Querer Divino. Por eso Ella ruega incesantemente, pone en oración todos
sus mares, para impetrar que la Divina Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra. Es
tanto su amor, que en virtud de nuestro Querer se biloca en cada una de las criaturas para
preparar el interior de sus almas, las pone de acuerdo a su corazón materno, se las estrecha
entre sus brazos para disponerlas a recibir la Vida del Fiat Supremo, y ¡oh! cómo ora en cada
uno de los corazones a nuestra Majestad adorable diciéndonos:
(6) “Hacedlo pronto, mi amor no puede más contenerse, quiero ver a mis hijos vivir junto
Conmigo en esa misma Voluntad Divina que forma toda mi gloria, mi riqueza, mi gran herencia,
confiad en Mí y Yo sabré defender tanto a mis hijos como a la misma Voluntad vuestra que es
también mía”.
(7) El amor de esta Celestial Reina y Madre es insuperable, y solamente en el Cielo conocerán
cuánto ama a las criaturas y qué ha hecho por ellas. Su acto más exuberante, magnánimo y