corrían, se inclinaban y hacían salir sobre Nosotros alegrías y felicidad: el sol nos daba las
alegrías de su luz, alegraba nuestra vista con la variedad de sus colores, nos daba la alegría de
los besos de amor que poseía, y reverente se extendía bajo nuestros pasos para adorarnos; el
viento nos llovía las alegrías de la frescura, y con sus soplos nos alejaba el aire pútrido de tantas
culpas; los pájaros nos corrían en torno para darnos las alegrías de sus cantos y trinos, cuántas
bellas músicas nos hacían, tanto, que Yo estaba obligado a ordenarles que se alejaran de Mí,
que tomaran el vuelo en el aire para alabar a su Creador; la tierra florecía bajo mis pasos para
darme las alegrías de tantas floraciones, y Yo le ordenaba que no me hicieran tales
demostraciones, y me obedecía; el aire me llevaba las alegrías de nuestro aliento omnipotente
cuando dando el aliento al hombre le dábamos la vida, colmándolo de alegrías y felicidad divinas,
y conforme Yo respiraba así me sentía venir nuestras alegrías y felicidad que sentimos en la
Creación del hombre. Así que no había cosa creada que no diera las alegrías que poseían, no
sólo para felicitarme, sino para darme los homenajes, los honores como a su Creador, y Yo los
ofrecía a mi Padre Celestial para darle la gloria, el honor, el homenaje, el amor, por tantas
magnificencias y obras maravillosas que hicimos en la Creación por amor del hombre. Ahora
hija mía, estas alegrías en las cosas creadas existen aún; la Creación, como fue hecha por
Nosotros, con tanto alarde y suntuosidad y con la plenitud de la felicidad, nada ha perdido,
porque esperamos a nuestros hijos, los hijos de nuestra Voluntad, que con derecho gozarán las
alegrías, la felicidad terrestre que posee toda la Creación, y puedo decir que por amor de éstos
existe aún, y las criaturas disfrutan, si no la plenitud de la felicidad, pero al menos las cosas
necesarias para poder vivir. Este existir aún la Creación después de tantas ingratitudes
humanas, culpas que hacen horrorizar, da la certeza del reino de mi Voluntad sobre la tierra,
porque la criatura, poseyéndola, se volverá capaz de recibir las alegrías de la Creación, de
darnos la gloria, el amor, la correspondencia de cuanto hemos hecho por ella, y de hacer todo
el bien posible e imaginable que puede hacer la criatura. Por eso el todo está en poseer nuestro
Querer, porque así tuvo el principio la Creación toda, incluido el hombre, todo era Voluntad
nuestra, todos vivían encerrados en Ella, y en Ella encontraban lo que querían, alegrías, paz,
orden perfecto, todo estaba a su disposición. Quitado el principio todas las cosas cambiaron
aspecto, la felicidad se cambió en dolor, la fuerza en debilidad, el orden en desorden, la paz en
guerra. Pobre hombre sin mi Voluntad, es el verdadero ciego, el pobre paralizado, que si algún
bien hace, todo es fatiga y amarguras.
(3) Todas las cosas, si se guían por el principio del cual han tenido la existencia, encuentran
la vía, el paso firme y el resultado feliz de las obras o bien que han emprendido; si pierden el
principio, se trastornan, vacilan, pierden la vía y terminan con no saber hacer nada, y si parece
que hacen alguna cosa, dan piedad. También en las cosas humanas sucede así, si el maestro
quisiera enseñar al niño las consonantes y no las vocales, como las vocales se usan en toda
palabra, en cada letra, desde la ciencia más baja hasta la más alta, pobre niño, no aprendería
jamás a leer y si lo quisiera podría enloquecer. Todo este mal, ¿quién lo ha producido? El
alejamiento del principio de la ciencia, el cual son las vocales. ¡Ah! hija mía, hasta en tanto que
el hombre no regrese en su principio, no reentre en mi Divina Voluntad, mi obra creadora será
una obra rota, fuera de su puesto, pobre hombre sin las primeras vocales de mi Divina Voluntad,
por cuanto les pueda dar luz, les pudiese hablar, no me entenderá, porque le falta el principio,
le faltan las primeras vocales para poder leer mis lecciones sobre mi Fiat, por lo tanto sin base,
sin fundamento, sin maestro, sin defensa, es tanta su tontería que no conoce su pobre estado,
y por lo tanto no implora el reentrar en mi Querer para aprender las primeras vocales con las
cuales fue creado por Dios, para poder seguir aprendiendo la verdadera ciencia celestial, y así
formarse toda su fortuna, tanto en la tierra como en el Cielo. Por eso Yo le susurro siempre al
oído del corazón: ‘Hijo mío, reentra en mi Voluntad, ven a tu principio si quieres parecerte a Mí,
si quieres que te reconozca por hijo mío’. ¡Oh! cómo es doloroso tener hijos que no me
asemejen, sin su nobleza, pobres, degradados, infelices, y ¿por qué todo esto? Porque
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