Creación, para hacer de ella don al hombre; en otro exceso creamos a la Virgen, para darla en
don; en otro exceso, Yo, Verbo Eterno, descendí del Cielo para donarme y hacerme dulce presa
del hombre; en otro exceso más grande de amor, le daré el gran don del reino de mi Querer. La
Virgen Celestial, heredera de este reino, llamará a las criaturas como hijos suyos para que
reciban en don su gran heredad. Ahora hija mía, si el alma hace reinar mi Divina Voluntad, su
amor no será más estéril, sino fecundo, no se reducirá a sólo palabras, o bien en obras, sentirá
en sí la fuerza creadora de nuestro amor, y se pondrá en nuestras mismas condiciones, que si
amamos obramos, si obramos damos, ¿pero qué cosa damos? El gran don de nuestro Ser
Divino, nuestro amor es tanto, que si damos queremos dar todo, aun a Nosotros mismos en
poder de la criatura, nuestro amor no quedaría contento si no dice: ‘He dado todo, no tenía más
que darle’. Mucho más que poseyendo nuestra Voluntad estamos al seguro, estamos en nuestra
casa, con todo el decoro, los honores, la decencia que nos conviene. Así la criatura, poseyendo
nuestra misma fuerza creadora, si nos ama, nos dará en su amor, en correspondencia de
nuestro don, el don de su vida, así que es vida que nos daremos mutuamente, y cada vez que
nos ame, nuestra fuerza creadora multiplicará su vida para dárnosla en don, su amor no quedará
aislado, sino con la plenitud de su vida que se da en poder de su Creador, y he aquí igualadas
las partes entre el Creador y la criatura, Vida recibe en don, y vida dona, y si la criatura tiene sus
limites, mi Voluntad la suple, mucho más que en el darnos por don su vida, nos da todo, nada
se queda para sí, por eso nuestro amor queda satisfecho y correspondido. Así que si quieres
darnos todo y recibir todo de Nosotros, haz que reine en ti nuestra Voluntad, y todo te será
concedido”.
+ + + +
34-45
Agosto 2, 1937
La Creación posee la perfecta felicidad, de poder dar la felicidad
terrenal a las criaturas. Cómo el pecado detuvo la felicidad. El
gran mal de quien se aparta del principio. Ejemplo.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos de la Divina Voluntad en Ella,
y ¡oh! cuántas sorpresas, cada una contenía tal felicidad, de poder volver felices a todo y a todos,
y mi siempre amable Jesús, viéndome sorprendida, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, nuestro Ente Supremo posee la fuente de la felicidad, por eso de Nosotros no
podían salir cosas o seres que no fuesen felices. Así que toda la Creación posee tal plenitud de
felicidad, de poder dar a toda la tierra la perfecta felicidad terrestre. Por lo tanto Adán gozaba
la plenitud de la felicidad, todas las cosas creadas le llovían encima alegrías y felicidad, y
además, en su interior, poseyendo mi Querer, contenía mares de contentos, de
bienaventuranzas y alegrías sin fin, para él todo era felicidad dentro y fuera. En cuanto pecó
sustrayéndose de mi Voluntad, la alegría partió de él, y todas las cosas creadas se retiraron en
su seno las alegrías que poseían, dando al hombre sólo los medios necesarios, no como a dueño
y señor, sino como a siervo ingrato. Mira entonces, de Nosotros no salió la infelicidad, ni
podíamos darla porque no la teníamos, dar lo que no se tiene es imposible, así que fue el pecado
el que arrojó en el hombre la semilla de la infelicidad, del dolor y de todos los males que lo
asedian dentro y fuera. En cuanto vino sobre la tierra la Celestial Señora, y después mi
Santísima Humanidad, la Creación toda se puso en actitud de fiesta, nos sonreían de alegría y
retomaron el curso de llovernos encima alegrías y felicidades, y en cuanto salíamos al exterior,