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Julio 12, 1937
Cómo las reflexiones humanas quitan el puesto a las divinas, y son
piedras que enturbian la fuente del alma. Cómo la Divina Voluntad
convierte en naturaleza su amor, y lo que hace en el punto de la
muerte lo anticipa a quien vive en Ella.
(1) Estoy entre los brazos del Querer Divino, el cual más que vigilante centinela, no sólo quiere
hacerse vida de cada uno de mis actos, sino que penetrando en cada rincón de mi corazón y de
mi mente, me reprende si todo lo que entra en mí no es parto del Fiat. Y mi siempre amable
Jesús, visitando mi pequeña alma, y poniéndose en actitud de maestro que en todo quiere
enseñar a su hija, me ha dicho:
(2) “Hija bendita de mi Voluntad, tú debes saber que las reflexiones propias, las impresiones,
las opresiones, las melancolías, las dudas, los pequeños temores, impiden las reflexiones
divinas, las impresiones santas, el rápido vuelo hacia el Cielo, las alegrías del verdadero bien,
la paz celestial; ellas son como tantas piedras arrojadas dentro de un lago mientras la persona
se está mirando reflejada en aquellas aguas limpias como dentro de un espejo, y ve toda entera
su persona, bella y ordenada como es; ahora, ¿qué sucede? Mientras se está mirando en
aquellas aguas tersísimas, viene arrojada en aquel lago una pequeña piedra, el agua se
encrespa, se enturbia y forma tantas ondas y ondas que se enturbia toda el agua, y de la pobre
persona que se estaba mirando, ¿qué ha sucedido? Conforme se formaban las ondas en el
agua, así se llevaban, quién un pie, quién un brazo, quién una mano, quién la cabeza, de modo
que se veía toda destrozada por las ondulaciones de aquellas aguas; ¿quién ha sido la que ha
hecho perder la limpieza de aquellas aguas de modo que no se ve más entera su imagen, sino
en modo de dar piedad? ¿Quién ha sido? Una pequeña piedra. Tal es el alma creada por Dios,
más que fuente tersísima, en la cual Dios debía mirarse en ella, y ella en Dios; ahora; las
reflexiones, las opresiones, las dudas, temores, etc., son como tantas piedras arrojadas en el
fondo de su alma, y Dios mirándose en ella, no lo siente todo entero, sino como dividido en
tantas partes, por lo tanto dividida la fuerza, la alegría divina, la santidad, la unidad de la paz,
esto le impedirá conocer quién es Dios, cuánto la ama y qué quiere de ella; y queriéndose mirar
ella en Dios, estas piedras le impedirán el paso haciéndola tropezar en el camino, impidiéndole
el vuelo para mirarse en Aquél que la ha creado, mientras que parecen cosa de nada. No
obstante en esto viene formado el conocimiento de Dios en la criatura, la unión, la santidad, el
mirarse Dios en la criatura, y ella en Dios. Si el alma no es turbada por estas piedras que se
pueden llamar bagatelas del alma, que faltando la solidez y sustancia del verdadero amor, están
siempre enturbiadas y Dios no se puede espejear en ellas para formar su bella imagen, por eso
sé atenta y busca siempre mi Voluntad”.
(3) Jesús ha hecho silencio, y yo he quedado pensando en el gran mal que hacen las
reflexiones propias, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, sólo en mi Voluntad el alma puede llegar al ápice de la santidad más alta, y
encerrar en sí, por cuanto a criatura es posible, un acto completo, de llenarse tanto, de no dejar
ningún vacío en ella, tanto de convertirse en naturaleza propia el bien que hace; si ama en mi
Fiat, la ola del amor le llueve por todas partes, le inviste las más íntimas fibras, y mientras le
llueve encima arrollándola toda en el amor, se constituye reina y convierte en naturaleza su amor
en la criatura, pero tanto, que se sentirá el respiro, el latido, el movimiento, el paso, todo su ser,
que no sabe hacer otra cosa que amar; esta ola de amor se eleva hasta el Cielo, sin cesar de
lloverle encima y toma por asalto a su Creador, y lo ama siempre, porque cuando el bien se
convierte en naturaleza, se siente la necesidad de repetir el bien recibido como acto que
constituye su vida. Si adora, se sentirá cambiada la naturaleza en adoración, así que en todo