nos encontramos en medio a las criaturas, y el gran bien que les podemos hacer. Ahora, tú lo
sabes, que nuestra inmensidad envuelve todo, nuestra potencia y fuerza es tanta, que llevamos
como en brazos a todo y a todos como si fueran una pequeña pluma; todo esto es naturaleza
en nuestro Ser tres veces Santo, tanto, que si nos quisiéramos empequeñecer no lo podemos,
nuestra inmensidad y potencia corre en cada fibra del corazón, en todos los respiros, en la
rapidez de la sangre que corre en las venas, en la velocidad del pensamiento, somos actores y
espectadores y estamos al día de todo. Pero esto es nada, no son otra cosa que las cualidades
de nuestro Ente Supremo, lo que es más de maravillar es que queremos formar tantas Vidas
nuestras en cada criatura; esto es obrar como Dios, tener virtud de poder formar tantas Vidas
Divinas por cuantas criaturas ha puesto fuera a la luz del día; del resto, la criatura es nuestra,
creada por Nosotros, vivimos juntos, y porque la amamos nuestro amor nos lleva con una fuerza
irresistible y potencia toda nuestra a formarnos como vida en ella, y nuestro arte creador, que
no se contenta con crear a las criaturas, en el ímpetu de su amor quiere crearse a Sí mismo en
la persona creada. Mira entonces en qué condiciones nos encontramos en medio de la familia
humana, en acto de formar siempre Vidas nuestras en ellas, pero nuestro arte creador queda
rechazado, sofocado, sin poder continuar nuestra Creación Divina; mientras vivimos junto con
ellas, viven a expensas de nosotros, viven porque viven de Nosotros, sin embargo tenemos el
gran dolor de no poder formar nuestra Vida en ellas, mientras que esto sería nuestro máximo
contento, la más grande gloria que nos darían si nos dieran la libertad de hacernos vida de cada
criatura. Pero ¿sabes donde somos libres de formar esta Vida nuestra? En quien vive en
nuestra Voluntad, nuestro Fiat Divino nos prepara las materias primas para formar nuestra Vida,
pone en actitud a su potencia, a su santidad, a su amor, y nos llama en el fondo del alma, y
Nosotros encontrando las materias adaptables y posibles, formamos con amor indecible nuestra
Vida Divina, no sólo la formamos sino que la hacemos crecer, y con sumo gusto y deleite
desarrollamos nuestro arte creador en torno a esta celestial criatura, y comenzamos la cadena
de los prodigios. Ahora, ella poseyendo a su Creador, a nuestra Voluntad obrante en ella, se
vuelve la portadora de todos y de todo: Si piensa nos trae los pensamientos de todos, y se hace
suplidora y reparadora de todas las inteligencias humanas; si habla, si obra, si camina, lleva las
palabras, las obras, los pasos de todos, la misma Creación le hace decoroso cortejo, y se hace
portadora del cielo, de las estrellas, del sol, del viento, de todo, no deja nada atrás, nos trae el
homenaje, la gloria de todas nuestras cosas creadas, hasta el homenaje del dulce canto del
pequeño pajarito; poseyendo la Vida de Aquél que la ha creado, todas le hacen corona, más
bien todas quieren ser llevadas por aquélla que posee el acto hablante, a fin de que por cada
una le diga la historia hablante de amor, por la que han sido creadas por su Creador. Así que
quien posee nuestro Querer, adquiere nuestro celo de amor, que todo queremos para Nosotros,
y esto con suma justicia, porque no hay cosa que Nosotros no hayamos dado, por lo tanto con
justicia todo queremos. Así, ella, llevada por nuestra misma locura de amor quiere todo para
darnos todo, y celosa quiere traernos todo para decirnos por todos y por cada cosa creada su
palabrita de amor. Por eso quien vive en nuestro Querer no está jamás sola, primero está con
su Creador, con el cual está siempre en competencia de amor para ver cómo se pueden amar
más, y estando todas las cosas a su alrededor, se hace portadora de todo a Aquél que ama,
que siendo amor infinito, quiere ver en la criatura todas las cosas convertidas en amor por amor
suyo”.
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