vivir más de su voluntad, sino de la nuestra, su nombre es escrito en el Cielo con caracteres de
luz imborrables, y viene alistada en la milicia celestial como heredera e hija del reino de la Divina
Voluntad. Pero esto no basta a nuestro amor, la confirmamos en el bien, de modo que sentirá
tal horror por cada mínima culpa, que no será capaz de volver a caer en ellas, y no sólo eso,
sino que quedará confirmada en los bienes, en el amor, en la santidad, etc., de su Creador; será
investida por la prerrogativa de comprensor, no más será mirada como exiliada, y si estará sobre
la tierra, será como oficial de la milicia celestial, no como exiliada, tendrá todos los bienes a su
disposición, podrá decir: ‘Siendo toda mía su Voluntad, lo que es de Dios es mío’. Más bien se
sentirá poseedora de su Creador, y como no obra más con su voluntad, sino con la mía, se han
roto todas las barreras que le impedían sentir a su Creador, las distancias han desaparecido,
las desemejanzas entre ella y Dios no existen más, se sentirá de tal manera amada por Aquél
que la ha creado, de sentirse estallar el corazón de amor para amar a Aquél que la ama; y
sentirse amada por Dios es la alegría, el honor, la gloria más grande para la criatura. Hija mía,
no te maravilles, son nuestras miras, la finalidad para la cual fue creada la criatura, de encontrar
en ella nuestra Vida, nuestra Voluntad reinante, nuestro amor, para ser amados y para amarla,
si esto no fuera, toda la Creación sería una obra indigna de Nosotros”.
(5) Yo sentía que me estallaba el corazón de alegría al oír esto que mi amado Jesús me ha
dicho, y decía entre mí: “¿Será posible todo este gran bien?” Y el dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija, ¿no soy Yo dueño de hacer y de dar lo que quiero? Basta con que lo quiera y todo
está hecho, y además, también en el bajo mundo suceden cosas que en algún modo semejan
esto: Si un hombre da su nombre inscribiéndose en el ejército del gobierno, éste para estar
seguro de aquél lo hace jurar fidelidad al gobierno, este juramento lo hace quedar atado al
ejército, se viste con los uniformes de la milicia, de modo que viene reconocido por todos que
pertenece al ejército, y cuando ha mostrado habilidad y fidelidad recibe la paga de por vida, con
esta paga que ninguno le puede quitar, no le puede faltar nada, puede tener siervos que lo
sirvan, puede vivir con todas las comodidades de la vida, aun cuando con el tiempo se retire.
¿Y qué cosa ha dado al gobierno? Sólo la parte externa de su vida, la que le ha dado el derecho
de recibir la paga durante la vida. En cambio, quien con decisión firme me ha dado su voluntad,
me ha dado la parte más noble, más preciosa, cual es su voluntad, en ella me ha dado todo el
interior y el exterior, también el respiro, y con esto ha merecido ser inscrita en el ejército divino,
de modo que todos la conocerán que pertenece a nuestra milicia. ¿Cómo podré hacerle faltar
algo, cómo no amarla? Si esto pudiera ser, para tu Jesús habría sido el dolor más grande, me
habría quitado la paz que en naturaleza poseo, el no amar a aquélla que todo me ha dado y que
con amor indecible la poseo, la tengo en mi corazón y la hago hacer mi misma Vida”.
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34-42
Julio 4, 1937
Dios quiere formar tantas Vidas Divinas suyas en cada una de las criaturas.
Quien vive en el Querer Divino se hace portadora de todos y de todo a su Creador.
(1) Me encontraba toda investida por el Querer Divino, dondequiera y por todas partes lo
encontraba en acto de querer darme su Vida, y ¡oh! cómo me sentía feliz al sentir su imperio
que a cualquier costo, con sus estratagemas amorosas quería encerrar en mí su Vida perenne.
Yo he quedado sorprendida, y mi siempre amable Jesús, visitando mi pobre y pequeña alma,
con su acostumbrada bondad y dulzura me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, si tú supieras cómo gozo y cómo se desahoga mi amor al manifestarte
nuestros arcanos celestiales, en qué estado de amor se encuentra nuestro Ente Supremo,
nuestra Voluntad adorable, para darme gusto me apresurarías a hacerme decir en qué modo
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