nuestra Voluntad para hacerla reinar, nos forma el lugar en la suya para hacernos obrar como
Dios en su pequeño campito, y son tales y tantos los prodigios que hacemos, nuestras industrias
de amor, que los Cielos se abajan, se sacuden y miran estupefactos lo que hacemos en la
criatura donde reina nuestro Fiat Divino. Tú debes saber que nuestra Creación no terminó en el
hombre, porque fue interrumpida por la sustracción que hizo de nuestro Querer, no reinando en
él no podíamos fiarnos de él, y por eso quedó como suspendida la continuación de nuestra obra
creadora; por eso con ansia esperamos que vuelva a los brazos de nuestro Fiat, para que lo
haga reinar, y entonces reemprenderemos la Creación, y ¡oh! cuántas cosas bellas haremos,
daremos dones sorprendentes, nuestra sabiduría pondrá fuera todo su arte divino, y ¡oh!,
cuántas bellas imágenes que nos semejan pondrá fuera de su luz divina, todas bellas, pero
distintas la una de la otra en la santidad, en la potencia, en la belleza, en el amor, en los dones,
nuestro amor no estará más obstaculizado, encontrando nuestro Querer podrá hacer y dar lo
que quiera, así que desahogará tanto en el dar para rehacerse de su amor reprimido. Y como
estaremos libres en el dar, los llamaremos los tiempos nuestros, haremos conocer quiénes
somos, cuánto los amamos y cómo nos deben amar, les daremos nuestro amor a su disposición,
a fin de que nos podamos amar con un solo amor. Así que quien llegue a vivir en nuestro Querer
será nuestro triunfo, nuestra victoria, nuestro ejército divino, la continuación de nuestra Creación
y su cumplimiento. ¿Crees tú que sea nada para Nosotros el querer dar y no poder dar? ¿El
poder crear innumerables prodigios de gracias, de santidad, y porque no reina nuestra Voluntad
en las almas estamos como rechazados e impedidos de poder crear nuestras obras más bellas?
Este es nuestro máximo dolor, por eso con el no hacer jamás tu voluntad podrás aliviarnos este
dolor, y con el hacer siempre la nuestra tendrás nuestra potencia, nuestro amor en tu poder, así
podrás raptar a nuestro Fiat para hacerlo reinar en medio a las generaciones humanas”.
(3) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, y decía entre mí: “¿No basta darse
una vez en poder del Fiat Divino? ¿Cuál puede ser el bien de darse siempre?” Y mi siempre
amable Jesús ha agregado:
(4)“Hija mía bendita, tú no sabes los secretos de nuestro amor y nuestras estratagemas
infinitas, que llegan hasta el exceso; se necesita amar en verdad para saber encontrar tantos
inventos de amor para poderse dar y recibir de quien se ama. Tú debes saber que cada vez
que la criatura se da a Nosotros, en poder de nuestro Querer, Nosotros nos damos a ella, como
abandonándonos en el seno de la criatura, y si tú supieras qué significa este nuestro
abandonarnos, la gracia, el bien que le dejamos, la renovación de nuestra Vida que le repetimos,
tu corazón estallaría de alegría, de felicidad y de amor. Pero esto es nada, cada vez que se da
a Nosotros, Nosotros le damos el mérito por habernos dado su vida, y si se da diez, veinte, cien,
mil veces, y aún más, tantas veces le damos el mérito como si nos hubiese dado tantas vidas
por cuantas veces se ha dado, y Nosotros tantas veces le damos nuestra Vida, la renovamos
en la nuestra, le repetimos el bien, más bien lo acrecentamos por cuantas veces se ha dado a
Nosotros. Es tanta nuestra complacencia, el gusto que sentimos cuando la criatura se da a
Nosotros, que prodigamos tanto hacia ella, que tantas veces le damos el mérito de poseer tantas
Vidas Divinas, y bilocando la suya le damos el mérito de tantas vidas por cuantas veces se ha
dado. Este es nuestro comercio divino: ‘Queremos para darnos, nos damos para recibir la vida
de la criatura en nuestro Ser Supremo’. Este intercambio de vidas mantiene la conversación,
hacemos conocer quiénes somos, les hacemos sentir los latidos ardientes, el amor que nos
consume, cómo la amamos y cómo queremos ser amados. Y además, si no sintiese la
necesidad de darse continuamente a Nosotros, es señal que no nos ama, y su corazón no está
en posesión de nuestro amor irresistible. Esta es la señal del verdadero amor: ‘Quererse dar
siempre, casi a cada instante a quien ama’. Pero mientras se da, la fuerza del amor se impone,
porque quiere recibir, y si no recibe se sentiría ahogado y estallaría en gritos de dolor, tanto, de
ensordecer a Cielos y tierra. Por eso, para no llegar a tales estrechuras de dolor, mi amor espera
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