amor que nos manda; y el mérito de tantos bienes que hace el sol a la tierra, que son
incalculables, ¿de quién son? De quien vive en nuestro Querer, en Él, lo que es nuestro es
suyo, y como Nosotros no tenemos necesidad de méritos, habiendo hecho don de ellos a la
criatura, dejamos a ella la parte meritoria, y por correspondencia queremos su grito de amor
siempre y en cada cosa, y así del bien que hacen todas las cosas creadas, el viento, el aire, el
agua y todo”.
(5) Entonces yo al oír esto, no sólo he quedado maravillada, sino que quería poner muchas
dificultades, y pasando a los actos de la Redención me he encontrado inmersa en sus penas, y
mi siempre amable Jesús, tal vez para convencerme, se hacía ver en mi interior en acto de sufrir
la dolorosa crucifixión, yo tomaba parte en sus penas y moría junto con Él, su sangre divina
corre, sus llagas estaban abiertas. Y Él con un acento tierno y conmovedor, de sentir que se
me rompía el corazón me ha dicho:
(6) “Estoy dentro de ti, soy tuyo, estoy a tu disposición, mis llagas, mi sangre, todas mis penas,
son tuyas, puedes hacer de Mí lo que quieras, es más, hazla de magnánima, de valiente, de
amante, de verdadera imitadora mía, toma mi sangre para darla a quien quieras, toma mis llagas
para sanar las llagas de los pecadores, toma mi Vida para dar vida de gracia, de santidad, de
amor, de Voluntad Divina a todas las almas, toma mi muerte para hacer resucitar tantas almas
muertas en el pecado; te doy toda la libertad, obra tú, aprende a obrar hija mía, me he donado
y basta, pensarás tú en que todo me redunde en gloria, y en cómo hacerme amar, mi Voluntad
te dará el vuelo para hacerte llevar mi sangre, mis llagas, mis besos, mis ternuras paternas, a
mis hijos, a tus hermanos, por eso no te maravilles, es propiamente este el obrar divino, tener
sus obras en acto de repetirlas continuamente para darlas, para hacer don a las criaturas, y así
cada uno puede decir: ‘Todo es mío, aun el mismo Dios es mío’. Y ¡oh! cómo gozamos al verla
dotada de nuestras obras, poseedora de su Creador, son los excesos de nuestro amor, que para
ser amado queremos hacer ver cuánto la amamos y los dones que queremos darle. A quien
viva en nuestro Querer, nos sentiríamos como si defraudásemos a la criatura si no le hacemos
don de todo, y esto Nosotros no lo sabemos hacer, por eso sé atenta, haz que tu alma sea
embalsamada por nuestra paz divina, que no conocemos qué cosa sea turbación, y todas las
cosas te llevarán la sonrisa, la dulzura, el amor de tu Creador”.
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34-35
Mayo 10, 1937
Dios se hace alimento de la criatura; el intercambio, el darse el aliento,
el hablarse mutuamente, forman las obras más bellas. La Reina del Cielo
continúa el oficio de Madre y hace crecer a su Hijo en las criaturas.
(1) El mar del Querer Divino continúa inundándome, y siendo incapaz e inhábil para todo,
parece que se deleita, como a pequeña niña, con ponerme en la boca, con sus manos más que
maternas, el alimento de su Fiat, y enseñarme palabra por palabra, silaba por silaba las primeras
vocales de la ciencia de la Divina Voluntad, y cuando parece, en algún modo, que la he
entendido, ¡oh! cómo hace fiesta, porque tiene toda la certeza de formar un alma toda de
Voluntad Divina. Y yo al ver sus maternos cuidados, cómo estoy contenta y le agradezco de
corazón. Y mi amado Jesús como portavoz de su Querer, todo bondad me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, cada verdad que te manifiesto sobre mi Fiat es un
crecimiento que haces en Él; es un bocado de más que sirve para fortificarte, calentarte y
confirmarte mayormente en Él; es un sorbo de más que bebes del inmenso mar de mi Voluntad;
es una propiedad divina de más que adquieres. Ahora, tú debes saber que a cada acto de más
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