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Mayo 6, 1937
Jesús no sabe qué hacer con un alma que no posee la paz. A quien vive
en el Querer Divino, Dios le hace don de todas sus obras, y también de
su misma Vida, para hacerle ver cuánto y cómo quiere ser amado.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, mi pobre mente oprimida por los incidentes de
la vida, para mí demasiado dolorosos, busca refugio en el centro del Fiat, en el cual me siento
renacer a nueva vida, rejuvenecer, reponerme de mis dolorosas pausas, pero en cuanto me
aparto de su centro, mis opresiones resurgen, tanto, de oír los justos reproches de mi amado
Jesús, hasta decirme: “Hija mía, pon atención, pues Yo no sé qué hacer con un alma que no es
pacífica, la paz es mi celestial morada; la campana que con sonidos vibrantes y dulces llama a
mi Querer a reinar, es la paz. La paz posee voces tan potentes que llama a todo el Cielo, lo
pone atento para hacerlo ser espectador de las bellas conquistas del obrar del Querer Divino en
la criatura. La paz pone en fuga las terribles tempestades y hace surgir la celestial sonrisa de
los santos, el encanto más bello de una primavera que jamás termina, por eso no me des este
dolor de no verte en paz”. Entonces trataba por cuanto más podía de sumergirme en el Querer
Divino, para no sentirme más a mí misma, siguiendo sus actos tanto de la Creación como de la
Redención, y mi amado Jesús ha investido mi inteligencia y con su voz creadora, todo amor me
ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, déjate a ti misma y ven en mi Voluntad, sentimos la extrema necesidad
de hacer conocer hasta dónde llega nuestro amor por quien vive en Ella, y es tanto, que con
ansia esperamos que se una, se una a nuestras obras para darle el derecho como si fueran
suyas. Y como nuestra fuerza creadora está siempre en acto, en cuanto se funde con Nosotros,
como si renovásemos nuestras obras le hacemos don de ellas y le decimos: ‘Son obras tuyas,
haz con ellas lo que quieras; con nuestras obras en tu poder puedes amarnos cuanto quieras,
puedes darnos gloria en modo infinito, puedes hacer bien a quien quieras, tú tienes derecho no
sólo sobre nuestras obras, sino sobre Aquél que ha creado todo, y Nosotros tomamos el derecho
sobre de ti, que ya eres nuestra’. Cómo son dulces estos derechos de la pequeñez humana en
nuestro Ser Divino, son dulces y amorosas cadenas que nos hacen amar con amor más intenso
y fuerte nuestra obra creadora, y en nuestro énfasis de amor vamos repitiendo: Cómo es bella,
es nuestra, toda nuestra, y Nosotros somos todos de ella, no nos queda otra cosa qué hacer
que amarnos, la amaremos con amor eterno, y ella nos amará con eterno amor”.
(3) Yo he quedado sorprendida, como si quisiera hacer surgir dudas, y Jesús ha agregado:
(4) “Hija, no te maravilles, es la pura verdad que te dice tu Jesús, que queriendo ser amado
quiere hacer conocer hasta dónde puede llegar la criatura y cuánto la ama, como si no estuviera
contento de nuestras alegrías interminables, queremos el contento que ella posea lo que
poseemos, y nos ame como sabemos amar Nosotros; mira, para quien vive en nuestro Querer
Divino, es casi connatural, ella encuentra nuestro Fiat en acto de crear el cielo, el sol, ella se
une a aquel acto para hacer lo que hace Él, es tanta nuestra bondad, que con la unión hemos
formado el enlace juntos, y en nuestro Querer hemos formado el acto decidido de dar el cielo,
el sol, como adorno a la criatura; con este don ella nos da la gloria de un cielo extendido, nos
ama en cualquier punto de él, hace el bien a las criaturas de hacerles poseer y gozar un cielo, y
como tiene un sol en su poder nos da la gloria de que el globo terrestre posee la luz, y cada
hombre que queda investido por la luz y el calor del sol, es una gloria de más que nos da, es
una cancioncita de amor que nos hace, que rapta a nuestro amor a amar más cada planta, cada
fruto y flor fecundados y calentados por su calor, es un grito de más de gloria y amor que nos
da, el pajarito que canta al surgir el sol, el corderito que bala, todos son acentos de gloria y de