suntuosidad, la Virtud vivificadora de este acto divino, que mi Querer Divino se lo lleva al Cielo
como conquista y triunfo del alma en la cual ha obrado, para recrear con nuevas alegrías y
bienaventuranzas a toda la corte celestial; es tal la alegría, la gloria que reciben, que no hacen
otra cosa que agradecer a mi Querer Divino que con tanto amor ha obrado en la criatura, porque
no hay ni gloria, ni alegría mayor, que su acto obrante y conquistante en ella”.
(3) Yo al oír esto, sorprendida he dicho: “Amor mío, si este acto se lo lleva al Cielo, la pobre
criatura queda sin él y como en ayunas de este acto”. Y Jesús ha agregado:
(4) “No, no hija mía, el acto es siempre suyo, ninguno se lo puede quitar, y mientras alegra a
la patria celestial, queda como base, fundamento y propiedad en el fondo del alma, la conquista
es suya, y mientras alegra la corte celestial, ella nada pierde, es más, siente en sí la virtud
creadora y continua de mi Fiat en acto de hacer siempre nuevas conquistas, y mientras queda
en el alma, al mismo tiempo se lo lleva al Cielo como nueva gloria y alegría de los santos y como
lluvia benéfica a todos los viadores, mucho más que la familia humana está vinculada con el
Cielo, y el Cielo con la tierra, hay un vínculo entre ellos, el que todos tienen derecho de participar
en el bien que ellas hacen, son miembros unidos entre ellos, y como connaturalmente el bien
corre para darse a todos. Y además, en cuanto mi Voluntad obra en el alma, el Cielo se pone
en espera, porque nadando ellos en el Fiat sienten que está por obrar, y por eso se ponen
atentos, reclaman, suspiran recibir las nuevas conquistas y alegrías de la Vida de la Divina
Voluntad que ellos poseen. Ella es vida primaria de los santos en el Cielo, por eso en los actos
que Ella hace todos concurren, y con derecho quieren recibir las nuevas alegrías y las bellas
conquistas que sabe hacer mi Voluntad. Por lo tanto quien la hace obrar en sus actos, es la
nueva alegría del Cielo, la bienvenida, la preferida, la suspirada de toda la corte celestial, mucho
más que alegrías de conquistas no hay allá arriba, y por eso las esperan de la tierra. ¡Oh! si
todos conocieran todos estos secretos de mi Fiat Divino, darían la vida para vivir de Él y hacerlo
reinar en el mundo entero”.
(5) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, no puedo hacer menos, la siento
dentro de mí que me da vida, la siento fuera de mí, que como la más tierna de las madres me
lleva entre sus brazos, me alimenta, me hace crecer y me defiende de todo y de todos, y mi
dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, cómo es bella mi Voluntad, ninguno puede vanagloriarse de amar a la criatura
como Ella la ama, es tanto su amor, que Ella quiere hacerle todo, no la quiere confiar a ninguno,
con su Fiat la crea, la hace crecer, la alimenta, la lleva siempre entre sus brazos de luz, le hace
de maestra enseñándole las ciencias más sagradas, le revela los secretos más recónditos y
escondidos de nuestro Ser Supremo, le da el conocimiento de nuestro amor, de las llamas que
nos consumen para consumirla junto con Nosotros, en cada acto que hace jamás la deja sola,
corre para poner en ella su Vida. Así que cada acto está animado por su Vida Divina, y posee
la virtud de poder producir Vida Divina; y mi Voluntad toma estas Vidas de dentro de los actos
de la criatura para dar Vida Divina, vida de gracia, vida de luz, vida de santidad a las otras
criaturas, y vida de gloria a toda la corte celestial, Ella es la verdadera trabajadora, quiere darse
a todos por medio de quien vive en su Querer. Y cuando ha formado la plenitud de su obra
maestra, se la lleva al Cielo como triunfo, victoria de su potencia y arte divino que sabe y puede
hacer en la criatura con tal que se preste a vivir con Ella y se haga llevar en sus brazos. Por
eso sé atenta y hazte trabajar por un Querer tan Santo, que tanto ama y que quiere ser amado”.
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