puerto y estoy por dar un salto para entrar, pero qué, una fuerza potente me hace retroceder, y
vuelvo a ser la pobre exiliada. Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús, todo bondad y
compadeciéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, ánimo, el coraje abate las plazas más fuertes, vence los ejércitos más
aguerridos, debilita nuestra potencia, más bien se la apropia y animosa vence lo que quiere, y
Nosotros viéndola que no tiene la más mínima duda de obtener lo que quiere, porque la duda
disminuye el ánimo, damos más de lo que quiere. Hija mía, el ánimo, la confianza, la insistencia
sin cesar jamás, el amor, en nuestra Voluntad son las armas que nos hieren, y debilitándonos
hacemos que ella misma tome lo que quiere.
(3) Ahora quiero decirte el por qué te mantengo aún sobre esta tierra, tú sabes que nuestra
Voluntad Divina es inmensa, y a la criatura le falta la capacidad, el espacio de poderla abrazar
toda junta, por eso le conviene tomarla sorbo a sorbo, los cuales los tomas, ahora cuando haces
tus actos en mi Querer, ahora cuando te manifiesta una verdad que le pertenece, si oras, si
deseas que venga mi reino, si sufres para obtenerlo, todos estos son sorbos que ensanchan tu
capacidad y forman el espacio dónde encerrar los sorbos de Ella, y mientras haces esto vienes
a encerrar ahora una generación, ahora alguna otra que deben poseer el reino del Fiat Divino.
Tú debes saber que las generaciones son como una familia en que todos tienen derecho a la
herencia del padre, y como miembros que forman un solo cuerpo, del cual Yo soy la cabeza,
cuando un miembro hace un bien, lo obtiene y lo posee, los otros miembros adquieren el derecho
de hacer y de poseer aquel bien. Ahora, aún no has encerrado a todas las generaciones que
deben poseer mi Voluntad como vida, por lo tanto se requieren todavía las cadenas de tus actos,
tu insistencia, tus penas, para beber otros sorbos para formar el espacio para dar el derecho de
que, queriendo, puedan poseer mi reino; en cuanto hayas hecho el último acto que se requiere,
rápidamente te traeré a la patria celestial.
(4) Ahora hija mía, mi Divina Voluntad con su Inmensidad envuelve a todos y a todo, no hay
ser que no nade en Ella, por eso todo lo que se hace se vuelve derecho de todos, y todos pueden
repetir aquel acto, menos quien no quiere repetirlo y poseerlo, y no quiere reconocer que vive
en Ella, que su vida está animada por el Fiat Divino, estos son como ciegos, que mientras el sol
los dardea con su luz, ellos no ven y yacen como si fuera noche para ellos; están como
paralizados, que mientras pueden tener el uso de los miembros para hacer el bien, se contentan
con quedar inmovilizados, son como mudos que no saben hablar, pero son ciegos, paralíticos y
mudos voluntarios; pero todos los demás, como mi Voluntad es vida y está en comunicación con
todos, así todo lo que se puede hacer en Ella es vida, bien, y derecho de todos, y todos pueden
repetir aquel acto para formar la Vida Divina obrante en ellos. Los primeros derechos de hacer
poseer el reino de mi Querer a las generaciones humanas fueron dados a Adán, porque él, en
la primera época de su vida, sus actos fueron hechos en el Querer Divino, y si bien pecó y perdió
voluntariamente la Vida obrante de mi Voluntad en él, y él en Nosotros, pero sus actos quedaron,
pues lo que se hace en nuestro Querer no sale, porque son nuestros triunfos, nuestras victorias
sobre el querer humano, así que son nuestros, y Nosotros jamás ponemos fuera lo que es
nuestro. Por lo tanto quien entra en Él encuentra el primer amor de Adán, sus primeros actos
que le dan el derecho de poseer nuestro Fiat y de repetir los mismos actos que él hizo, sus actos
aún son hablantes, su amor aún está fundido en el nuestro, e incesantemente nos ama con
nuestro mismo amor. Por eso el obrar en el Querer Divino se vuelve eterno con Nosotros, y no
está sujeto a terminar y se pone a disposición de todos, de modo que sólo quien es ingrato no
lo toma y no se quiere servir de la Vida para recibir vida. Estos derechos de poseer mi Voluntad
como vida, fueron dados por la Reina del Cielo, porque también Ella es de la estirpe humana,
pero en modo más extenso y con más sacrificio, porque le costó la Vida de su mismo Hijo y Dios
para dar la posesión del reino de nuestro Fiat a las generaciones humanas, y habiéndole costado
tanto, es la que más suspira y ruega que entren sus hijos en este reino tan santo. Después fue
mi descendimiento del Cielo a la tierra, en que tomando carne humana, cada acto mío, pena,