especialmente cuando me haces una grande. Por eso te pido, oh amada obediencia, ser más
indulgente, más indulgente en hacerme sufrir.
+ + + +
4-12
Septiembre 22, 1900
Por cuantas veces se dispone a hacer el sacrificio de la
muerte, otras tantas veces Jesús le vuelve a dar el
mérito como si realmente muriera.
(1) Encontrándome toda oprimida y afligida, al venir mi adorable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, ¿por qué te estás toda sumergida en tu aflicción?”
(2) Y yo: “Ah, Amado mío, ¿cómo no debo estar afligida si aun no me quieres llevar contigo y
me dejas más tiempo sobre esta tierra?”
(3) Y Él: “Ah no, no quiero que tú respires este aire triste, porque todo lo que he puesto dentro
y fuera de ti, todo es santo, tan es verdad, que si se acerca a ti alguna cosa o persona que no
es recta y santa, tú sientes fastidio, advirtiendo inmediatamente la peste de lo que no es santo.
Ahora, ¿por qué quieres ensombrecer con este aire de tristeza lo que he puesto dentro de ti?
Sin embargo debes saber que cada vez que te dispones a hacer el sacrificio de la muerte, otras
tantas veces te doy el mérito, como si realmente murieses, y esto debe ser de gran consolación
para ti, mucho más porque te conformas mayormente a Mí, porque mi Vida fue un continuo
morir”.
(4) Y yo: “Ah Señor, no me parece que la muerte sea un sacrificio, más bien, sacrificio me
parece la vida”. Y queriendo decir más ha desaparecido.
+ + + +
4-13
Septiembre 29, 1900
Las almas víctimas son apoyos y puntales para Jesús.
(1) Habiendo pasado algunos días de silencio entre Jesús y yo, y con poco sufrimiento, a lo
más me parece que quisiera continuar tentándome para hacerme ejercitar un poco más la
paciencia, y he aquí cómo:
(2) Al venir decía: “Amada mía, desde el Cielo te suspiro, en el Cielo, en el Cielo te espero”.
(3) Y como rayo desaparecía. Después, regresando repetía: “Cesa ya de tus encendidos
suspiros, que me haces languidecer continuamente, hasta desfallecer”.
(4) Otras veces: “Tu ardiente amor, tus ansias son consuelo a mi triste corazón”.
(5) ¿Pero quién puede decirlo todo? Me parecía que tenía ganas de hacer versos, y estos
versos a veces los expresaba cantándolos; pero sin darme tiempo de decirle una palabra, pronto
huía. Después, esta mañana habiendo puesto el confesor la intención de hacerme sufrir la
crucifixión, he visto a la Reina Mamá que lloraba y casi discutía con Jesús para librar al mundo
de los tantos castigos, pero Él se mostraba reacio, y sólo para contentar a la Mamá ha concurrido
para hacerme sufrir. Poco después, como si se hubiera aplacado un poco ha dicho:
(6) “Hija mía, es verdad que quiero castigar al mundo, tengo en la mano los castigos para
golpearlo, pero es también verdad que si os interesáis tanto tú como el confesor en rogarme y
sufrir, es siempre un apoyo, y vendríais a poner tantos puntales para librar al mundo, al menos
208 sig