fundidos con los míos forman tantos soles, cielos y estrellas, ¡oh! cuánto más bellos que aquellos
de la Creación, que llenan el campo de mi Humanidad. ¡Oh! cómo me siento amado y glorificado,
porque estos soles, cielos y estrellas, no son mudos como los de la Creación, sino que son soles
hablantes, con la plenitud de la razón, y cómo hablan bien de mi amor, hablan y me aman,
hablan y me dicen la historia de las almas y la de mi amor, y por eso se imponen sobre de Mí y
me dicen que debo ponerlas a salvo, hablan y se cubren de mis penas para repetir mi Vida, y
Yo me las siento correr estas almas en mis lágrimas, en mis palabras, en mis obras y pasos, y
encuentro en ellas el refrigerio de mis penas, mi apoyo, mi defensa, mi refugio, y es tanto mi
amor por ellas, que llego a llamarlas: ‘Vida mía’. ¡Oh! cómo las amo, Yo las poseo, y ellas me
poseen a Mí, poseer y amar hasta la locura es lo mismo.
(5) Ahora, estas almas que viven en mi Voluntad están dispuestas a recibir todas las penas
de mi Humanidad, porque Ella está imposibilitada para sufrir, porque está gloriosa en el Cielo,
así que mi Voluntad con su aliento omnipotente crea las penas, los dolores, y en ellas forma mi
Humanidad viviente, que me suplen en todo, y son ellas las nuevas salvadoras que ponen la
vida para salvar al mundo entero. Así que Yo desde el Cielo miro la tierra y encuentro a otros
tantos Jesús, que llevados por la misma locura de mi amor, ponen la vida a costo de penas y
muerte para decirme: ‘Soy tu copia fiel, las penas me hacen sonreír porque contengo a las
almas’. Y Yo, ¡oh! cómo las amo, no me siento más solo, me siento feliz, victorioso, porque
tener compañía en el desarrollar la misma vida, en el sufrir las misma penas, en el querer lo que
Yo quiero, es mi más grande felicidad y mi paraíso en la tierra. Mira entonces cuántas cosas
grandes, portentosas sabe hacer mi Divina Voluntad con tal que vivan en Ella, me forma mi
misma Humanidad viviente y me procura las mismas alegrías de mi patria celestial, por eso lo
que más te debe importar es vivir siempre en mi Voluntad, no pienses nada más, porque si lo
haces siento en ti despedazado mi amor, y si supieras cuánto me cuesta el no ser amado aun
por un momento, porque en aquel momento Yo quedo solo, me rompes la felicidad, y en mi
delirio de amor voy repitiendo: ‘¡Cómo! Yo la amo siempre, y ella no’. Por eso sé atenta, que
no quiero quedarme jamás solo”.
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34-30
Abril 4, 1937
Conforme la criatura da su voluntad a Dios, así Dios adquiere
sus derechos sobre ella. Cómo vienen formados tres muros
de fortaleza para no dejarla salir de dentro del Fiat.
(1) Estoy bajo las olas eternas del Querer Divino, y si algún pensamiento me huye, estas olas
se hacen más fuertes y sofocan mi pensamiento y mis temores, de modo que rápido me
tranquilizo y corro junto con el Fiat Divino. Por eso el pensamiento frecuentemente me
atormenta si salgo de dentro de Él. Dios mío, qué pena, me siento morir sólo con pensarlo, me
parece que ya no sería más hermana de las cosas creadas, quitaría mi puesto de en medio a
ellas, ya no serán mías, y yo, ¿qué cosa daré entonces a mi Dios? No me queda otra cosa que
la pura nada. Me sentía tan mal al pensar esto, que me sentía torturada, y mi dulce Jesús
teniendo compasión de mí y del estado al cual me había reducido, ha corrido para sostenerme
en sus brazos, y todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué haces? Ánimo, tú te oprimes demasiado y tu Jesús no lo quiere, y además,
la misma pena que sientes significa que no quieres salir de mi Divina Voluntad, y a Mí me basta
tu voluntad, ella es la garantía más cierta, y Yo la tengo encerrada en mi corazón divino como
la cosa más preciosa, a fin de que ninguno me la toque. Yo no tomo en cuenta el sentir de la