de ambas partes, la criatura no quiere tener nada para sí, todo lo quiere dar, y mi Querer quiere
dar todo a ella, aun a Sí mismo. Mucho más que la Creación, la Redención, la Reina del Cielo,
todos los actos buenos y santos, no son otra cosa que respiro de Dios: respiró y dijo Fiat y creó
toda la Creación, respiró y llamó a la Virgen Santísima a vida, respiró e hizo descender al Verbo
sobre la tierra, respira y da vida a las obras buenas de todas las criaturas. Ahora, quien vive en
mi Voluntad no hace otra cosa que encontrar todas sus obras, para encontrar el respiro divino
para dárselo de nuevo a Dios, como frutos y potencia del respiro de su Creador. ¡Oh! cómo se
siente glorificado, amado, porque encuentra en las obras ofrecidas a Él por la criatura su respiro,
su misma Vida, y por cuantas veces gira en sus obras, tantas veces se siente dar su Vida, su
gloria, su amor. Y ¡oh! cómo espera estos presentes, porque se siente dar lo que ha dado, se
siente amar en sus obras como Él ha amado, siente su amor, su potencia reconocida, y es tanta
la complacencia divina, que vierte torrentes de amor y de gracias sobre quien ha conocido sus
obras y su amor. He aquí por eso hija mía, que mi Voluntad conforme la criatura vive junto con
Ella, así con un amor sin par hace don de todo lo que posee, la vuelve dueña de todo, porque si
una cosa no es propia no se tiene el derecho de poderla dar a los demás, por eso mi Querer,
haciéndole don de todo, le da campo de poder dar a su Creador, y de recibir duplicada su
correspondencia. Pero sólo le viene dado este don cuando reconoce nuestras obras, las
aprecia, las ama. Él amor le da el derecho de hacer suyo lo que pertenece a mi Querer eterno,
si mi Querer no pudiera hacer don a la criatura de todo lo que es suyo, se sentiría impedido en
el amor, separado en sus obras, porque no podría decir: ‘Lo que es mío es tuyo, lo que hago
Yo haces tú’. Esto no lo soportaría mi Voluntad y diría: ‘Vivir junto, formar la misma Vida y no
poder darle todo, esto es imposible a mi amor, sería como si no me pudiera fiar de ella’. No, no,
todo quiero dar a quien viva en mi Voluntad.
(3) Tú debes saber que es tanto el amor de mi Fiat hacia quien vive en Él, que si la criatura,
no por voluntad, sino por debilidad e impotencia no sigue los actos de mi Querer, o bien por
necesidad de sufrimientos o de otra cosa no corre su vida en Él, es tanto su amor que hace Ella
lo que debería hacer la criatura, la suple en todo, llama su disposición, su orden, su amor, a fin
de que el alma se sacuda y reemprenda su vida juntos, y esto para hacer que la vida humana
no quede ni dividida, ni separada de la suya; si esto no hiciera quedaría el vacío divino, pero su
amor no lo tolera, y hace de suplidora de lo que le falta a la criatura, porque quiere que su Vida
Divina no debe faltar jamás en ella, sino que debe ser continua. ¿Se puede dar amor más
grande que llegue a decir: ‘Ánimo, no temas, ven con toda confianza a vivir Conmigo, fíate de
Mí, y si tú llegaras a faltar de correr siempre en mi Fiat, Yo te compadeceré y tomaré Yo la parte
obrante que tú no puedes hacer, y te supliré en todo’? El reino de mi Querer es reino de amor,
de confianza, de acuerdo de ambas partes”.
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34-28
Marzo 22, 1937
Necesidad de amor que siente el Fiat Divino de ser amado. Cómo a quien
vive en Él le da tanto amor, de hacerlo amar en todos los corazones y en
toda la Creación, para ser correspondido por el amor de todos. Cómo el
alma sin el Fiat es como la tierra sin agua. Los males de la turbación.
(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, me parece que no hace otra cosa que derramar
amor sobre las criaturas, las cuales viéndose amadas tan intensamente, no pudiendo contener
este amor tan grande, sienten la necesidad de amar a Aquél que tanto las ama; se puede decir
que el amor divino es tanto, que sacude, mueve en modo irresistible a las criaturas a amarlo.
Las flechas de amor que Él manda para herir a las criaturas, les sirven para flechar a Aquél que