reconoce que tu vida está animada por la mía, y Yo haré cosas dignas de Mí en ti. Pero mientras
mi mente se perdía en el Fiat, mi dulce Jesús haciéndome su breve visita, como si sintiera una
necesidad de amor de hablarme de su Querer, me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, mi amor reprimido en Mí siente la necesidad de
desahogarse, de otra manera me da tales delirios, que me siento sofocar por mis mismas llamas,
por eso mi hablar es un desahogo de amor, es un alivio a mi corazón, y para aliviarme voy
buscando quién quiera escucharme. Ahora escucha hasta dónde llega mi amor y el gran
prodigio de la Vida obrante de mi Voluntad en la criatura. Un acto de más que hace la criatura
en mi Voluntad, es una armonía de más que pone entre el Cielo y la tierra, es una nueva música
celestial que forma a su Creador, la cual le es muy agradable, mucho más que le viene de la
tierra, porque las cosas del Cielo son todas nuestras, ninguno puede decir en la patria celestial
que nos da a Nosotros, sino que somos Nosotros los que les damos a ellos, que felicitamos y
beatificamos a todos, en cambio el alma de la tierra puede decir: ‘Doy a mi Creador’. Y Nosotros
sintiéndonos raptados damos de nuevo nuestra Voluntad como vida obrante en ella, a fin de que
nos forme otras más bellas músicas. Cómo es bello oír nuestro Cielo en tierra, oír las nuevas
músicas celestiales que se desprenden del alma viadora, todo el Cielo hace nueva fiesta y
sentimos que la tierra también es nuestra y la amamos de más. Cada acto de más que se hace
en mi Voluntad Divina, es un arrollar en él Cielo y tierra, porque todos los ángeles, santos, corren
en aquel acto, también la misma Creación, para tomar su puesto de honor en el acto obrante de
mi Voluntad, ninguno quiere quedar fuera del acto de mi Fiat Divino. Sucede la verdadera
concentración de todo y de todos, mi Voluntad no podría hacer diversamente, debe dar parte en
su acto a todos aquellos donde Ella reina. Mi Voluntad cuando obra quiere encerrar todo y dar
todo, porque Ella no sabe hacer actos incompletos, sino completos y con la plenitud de todos
los bienes. ¿Pero quién puede decirte hija mía qué cosa sucede en ese arrollar Cielo y tierra en
el acto obrante de mi Querer en la criatura? En aquél moverse de todos, en ese querer cada
uno su puesto en aquel acto, suceden tales maravillas, tales prodigios inauditos, tales escenas
conmovedoras, que los Cielos se maravillan y quedan extasiados ante la potencia obrante de
mi Voluntad, pero ¿dónde? En el pequeño cerco de la criatura, y quedan con el ansia de ser
arrollados de nuevo en el acto obrante de mi Voluntad en ella, ¡oh! cómo lo suspiran, se sienten
más embellecidos y prueban la bella felicidad del acto conquistante de mi Voluntad en la criatura,
lo que les falta en el Cielo, porque allá conquistas no hay, ni pueden adquirirlas, lo que han
hecho en tierra les pone un basta, y no más. Pero no es todo aún, un acto de más que se hace
en mi Voluntad, es un incorporarse Dios en la criatura y la criatura en Dios; es un instalarse
recíprocamente, y la vida del uno corre en el otro casi como sangre en las venas; es la fusión
del latido humano en el latido eterno, y siente en sí como vida el amor, la santidad, la Vida de
su Creador, y el Eterno siente correr en Sí el pequeño amor de la criatura, que viviendo en Él
forma un solo amor y una sola Voluntad; cada respiro, latido y movimiento, son heridas, flechas,
dardos de amor que da a Aquél que la ha creado, y ¡oh! cómo todo el Cielo queda sorprendido
porque miran a Dios y encuentran a la criatura fundida en Él, que ama con su amor, y con amor
conquistante; miran a la criatura en la tierra y encuentran a su Creador, que mientras tiene su
trono en ella hace vida junto con ella. Estos son los excesos más grandes de nuestro amor
hacia quien tanto amamos; cuando encontramos a la criatura que se presta y nada nos niega,
Nosotros no miramos su pequeñez, sino que miramos más bien a lo que sabemos y podemos
hacer Nosotros, que podemos hacer todo, y haciendo ostentación de nuestro amor y de todo
nuestro Ser Divino, investimos a la criatura y nos hacemos investir, y hacemos cosas grandes
dignas de Nosotros, pero con tal magnanimidad, que todos quedan sorprendidos y admirados,
basta decirte que cada acto de más que se hace en mi Voluntad, como si tuviéramos necesidad
de la criatura, damos tanto que agregamos mayores vínculos de unión, de amor, de ambas
partes y llegamos a dar a ella nuevos derechos sobre nuestro Ser Divino, y Nosotros sobre ella.
Es tan grande este acto obrante de nuestro Fiat en ella, que no bastan los siglos para decir lo