+ + + +
4-10
Septiembre 20, 1900
Signos de cruz para recobrar la salud.
(1) Continúo sufriendo, es más, más que nunca sentía un resentimiento en mi interior porque
me era negado el poder morir. Entonces al venir mi adorable Jesús me ha reprendido por mi
tardanza en el obedecer, porque hasta entonces parecía que me tolerase; mientras tanto veía
al confesor y Jesús volteándose hacia él le ha tomado la mano y le ha dicho:
(2) “Cuando vengas márcala con la señal de la cruz en la parte del dolor, que la haré
obedecer”.
(3) Y ha desaparecido. Entonces, quedando sola sentía más intenso el dolor. Después ha
venido el confesor y encontrándome sufriente, también él me ha reprendido porque no obedecía,
y habiéndole dicho lo que había visto y lo que Nuestro Señor había dicho al confesor, él al oírme
me hizo la señal de la cruz en la parte donde sufría, y en dos minutos he podido respirar y
moverme, mientras que antes no podía hacerlo sin sentir espasmos atroces; me parece que la
obediencia y aquellas señales de cruz han atado el dolor, de modo que no puedo más dolerme,
y he aquí por qué he quedado desilusionada en mis planes, porque esta señora obediencia ha
tomado tal poder sobre mí, que no me deja hacer nada de lo que quiero, hasta en el mismo sufrir
quiere ella dominar, y debo estar en todo y para todo bajo su imperio.
+ + + +
4-11
Septiembre 21, 1900
Fuerza de la obediencia. La obediencia debe ser todo para ella.
(1) ¿Quién puede decir mi aflicción al quedar privada de mi amadísimo amigo dolor?
Admiraba, sí, el prodigioso imperio de la santa obediencia, como también la virtud que el Señor
había comunicado al confesor, que con la obediencia y con hacerme la señal de la cruz me
había liberado de un mal que yo consideraba grave, y que era suficiente para deshacer mi
cuerpo; pero con todo esto no podía hacer menos que sentir la pena de estar privada de un dolor
tan bueno, que apiadaba y enternecía al bendito Jesús, de modo que lo hacía venir casi
continuamente. Entonces al venir Nuestro Señor me he lamentado con Él diciéndole: “Amado
Bien mío, ¿qué me has hecho? Me has hecho liberar por el confesor, por tanto he perdido la
esperanza de dejar por ahora la tierra, y además para qué tantos rodeos, podías Tú mismo
liberarme, ¿por qué pusiste al padre en medio? ¡Ah! quizá no quisiste disgustarme directamente,
¿no es verdad?”
(2) Y Él: “¡Ah hija mía, qué pronto has olvidado que la obediencia fue todo para Mí; la
obediencia quiero que sea todo para ti! Y además he puesto en medio al padre para hacer que
tú lo tengas en consideración como a mi misma persona”.
(3) Dicho esto ha desaparecido dejándome toda amargada. ¡Cuántas sabe hacer la señora
obediencia!, se necesita conocerla y tener que ver con ella por largo tiempo, no por poco, para
poder decir realmente quién es ella, y bravo, bravo a la señora obediencia, cuanto más se está
en contacto con ella más se hace conocer. Yo por mí, para decir la verdad, te admiro, estoy
obligada también a amarte; así que no puedo hacer menos que no sentirme enojada Contigo,
207 sig