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Enero 24, 1937
La Divina Voluntad, con quien vive en Ella, forma la repetidora
de su Vida y de su amor, y forma y extiende en ella toda la
Creación y todo lo que hizo Jesús. Cómo le dará un
nombre nuevo llamándola: “Fiat mío”.
(1) Estoy en poder del Fiat Supremo, el cual siempre quiere darme de lo suyo, para tenerme
ocupada y tener siempre qué hacer por mi pobre alma, y si descubre cualquier pequeño vacío
que no sea Voluntad suya, con una actividad admirable e inimitable, ve qué cosa falta en mí de
todos sus actos que ha hecho por amor de las criaturas, y todo en fiesta lo sella en mi alma,
dándome una pequeña leccioncita. Yo he quedado sorprendida y mi siempre amable Jesús,
visitando a su pequeña hija me ha dicho:
(2) “Mi buena hija, no te maravilles, el amor de mi Querer es exuberante, pero con suma
sabiduría, porque quiere hacer con quien vive en su Querer obras dignas de Él, las pequeñas
repetidoras de su Vida, de su amor, y esconder en ellas la santidad y la multiplicidad de sus
obras; quiere continuar su obra creadora, quiere formar, repetir y extender toda la Creación, y
aún más en quien viva en su Querer. Escucha hasta dónde llega su amor: Mi Fiat creó la
Creación, y a cada cosa creada le puso un valor, un amor y un oficio distinto, de deber producir
un bien distinto a las criaturas, tanto que el cielo posee un valor, un amor y un oficio todo propio;
el sol, el viento, el mar, poseen otro, y hacen distintos oficios, y así de todas las cosas creadas.
Ahora, escucha qué hace mi Voluntad para quien vive en Ella: Todo lo que hace es suyo, así
que en un acto encierra el valor, el amor y el oficio que hace el cielo, y da a la criatura el amor y
el valor del cielo; en otro acto pronuncia su Fiat, y encierra el valor, el amor que tuvo al crear el
sol, y lo hace hacer el oficio de sol; en otro encierra el valor del viento, su amor imperante, y
pronunciando su Fiat lo hace hacer el oficio del viento; en otro encierra el valor del mar, y
pronunciando su Fiat le hace hacer el oficio del mar y le da virtud de murmurar siempre amor,
amor, amor; en suma, no hay acto que ella haga en que no se deleite de pronunciar su Fiat, y
dónde encierra el valor del aire, dónde el dulce canto de los pájaros, el balido de los borregos,
dónde la belleza de las flores, y si los actos de la criatura no llegan a extender la obra de la
Creación, se sirve del latido, del respiro, de la rapidez como circula la sangre en sus venas, todo
anima con su Fiat, y forma la Creación completa. Y cuando todo ha completado de todo lo que
ha hecho en la Creación por amor de las criaturas, ahí extiende su dominio, y con su fuerza
creadora conserva todo, mantiene el orden de la nueva Creación que ha formado en los actos
de la criatura, y se siente de tal manera amado y glorificado, porque no encuentra la Creación
sin razón, sin voluntad y sin vida, sino encuentra la fuerza de una razón, de una voluntad y vida
que voluntariamente han recibido la potencia de su Fiat, en sus actos su virtud creadora, su
misma Vida Divina, su amor imperante e infatigable, en una palabra, la ha hecho hacer de sí,
hasta de su respiro y de sus actos, lo que quería.
(3) Hija mía bendita, continúa escuchándome, hazme desahogar mi amor, no puedo
contenerlo más, quiero decirte hasta dónde llega mi amor y hasta dónde puede llegar y puede
hacer a quien vive en mi Fiat. ¿Crees tú que mi Querer se ha contentado, ha dicho basta porque
ha encerrado el valor, el amor, y los diversos oficios de toda la Creación en la criatura que vive
como unificada con Ella por una sola Voluntad? No, no, tú debes saber que Yo vine sobre la
tierra, y en el ímpetu de mi amor ofrecí mi Vida, mis penas y mi misma muerte, para volver a
comprar mi Voluntad Divina en favor de las criaturas, que con tanta ingratitud la habían
rechazado, y por lo tanto perdido; así que mi Vida sirvió como desembolso del precio que se
requería para readquirirla y darla en posesión de mis hijos, por eso se necesitaba un Dios, para
poder tener valor suficiente para poder comprar una Voluntad Divina, mira entonces cómo es
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