(3) Yo, sorprendida he dicho: “¿Pero cómo puede ser que el humano querer tan pequeño, se
pueda extender en todas las cosas creadas, y junto con el Fiat abrazar la gran extensión de toda
de la Creación?” Y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, no te maravilles, como todas las cosas fueron creadas para la criatura, era justo
y decoroso que el alma y la voluntad humana pudieran investir y abrazar todo, que señoreara
sobre todo y poseyera maravillas más grandes que no posee la misma Creación, mucho más,
unida con mi Voluntad, ¿a dónde no puede llegar la criatura? No puede abrazar nuestra
Inmensidad, porque a ninguno le es dado el poderla abrazar, pero a todo lo que ha sido hecho
por ella, con tal que esté en nuestro Fiat, le fue dado por Nosotros el derecho de poder entrar
dondequiera, de abrazar todo, y de hacer suyas nuestras obras. Y mi Fiat no podría estar, se
sentiría arrancar la finalidad si no encontrara el querer humano en sus obras, que queriendo
hacer vida juntos reconoce en ellas sus obras, cuánto la ha amado, y cómo quiere ser amado.
Por eso mi Voluntad es toda ojos, está como espiando para ver cuando la criatura está por hacer
un pequeño acto, un acto de amor, un respiro, un latido, para investirlo con la potencia de su
Fiat y decirle: ‘Mis obras las he hecho para ti, y tú debes obrar para Mí, por eso lo que tú haces
es mío, es derecho mío, como derecho tuyo son mis obras’. Estas son las leyes del vivir en mi
Querer: ‘El tuyo y el mío cesa de ambas partes, forman un solo acto, y poseen los mismos
bienes’. Pero esto no es todo, para quien vive en nuestro Fiat, este hilo del querer humano corre
en mi Concepción, en mi nacimiento, en mis lágrimas infantiles, en mis penas. Escucha una
cosa muy tierna, cuando este hilo del humano querer entrelaza al mío, y el mío el suyo,
invistiendo todos los actos y penas de tu Jesús, siento la alegría y la finalidad de haber sido
Concebido y nacer, me siento feliz de haber llorado por amor suyo, es más, mis lágrimas se
detienen sobre mi rostro, y viendo que el querer humano me las adorna con el suyo, me las
besa, las adora, las ama, ¡oh! cómo me siento feliz y victorioso de que mis lágrimas y penas han
vencido al querer humano, ya que me lo siento correr en todos mis actos, y hasta en mi misma
muerte. Por tanto, como no hay cosa que no hayamos hecho por amor de ellos, así no hay cosa
que mi Querer no llame en este querer humano, para estar más seguro lo entrelaza con el suyo
y con sus obras, no hay peligro que los deje atrás, y con un énfasis de amor indecible le dice:
‘Mi Voluntad es tuya, mis obras son tuyas, reconócelas, ámalas, no te detengas, corre, vuela,
no dejes huir nada, perderías un derecho en lo que no conoces y posees, y me darías el dolor
de que en mi Voluntad no encuentre tu entretejido en mis obras, y me siento arrancar la finalidad,
traicionado en el amor y como un padre que mientras tiene hijos, no los encuentra en sus obras,
en sus posesiones, en su habitación, se están lejanos y llevan una vida pobre e indigna de tal
padre. Por eso las ansias, los suspiros, los deseos de mi Fiat son incesantes, movería Cielos y
tierra, no escatimaría nada con tal que la criatura viviera unida con Él y fuera poseedora de sus
mismos bienes.
(5) Además de esto, todo lo que hemos hecho, tanto en la Creación como en la Redención,
está todo en acto de darse al hombre, penden sobre su cabeza, pero están como suspendidos,
sin poderse dar, porque no los conoce, no los llama y no los ama, para encerrarlos en su alma
para recibir tanto bien. Ahora, quien posee nuestro Querer, nuestras obras, toda mi Vida que
pasé acá abajo, encuentra el refugio, el espacio, la estancia dónde poder continuar mi Vida, mis
obras, y el alma adquiere el acto practicante y convierte en naturaleza suya mis obras y mi Vida.
Así que esta criatura es el refugio de nuestra santidad, de nuestro amor y la Vida de nuestra
Voluntad. Y cuando nuestro amor, no pudiendo contenerlo, quiere dar en excesos, nos
refugiamos en ella y damos salida a nuestro amor y derramamos tales carismas de gracias, que
los Cielos quedan estupefactos y temblando adoran nuestra Voluntad Divina obrante en la
criatura”.
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