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Enero 4, 1937
Cada criatura tiene desde el principio de su existencia un acto querido
y decidido de Voluntad Divina, la cual la crea, la crece, la forma.
Fiesta de Jesús en cada acto de criatura que hace su Voluntad.
(1) Estoy entre los brazos del Fiat Divino, que me circunda con su luz y llama sobre mi pobre
existencia su acto continuo de su Voluntad, pero un acto que me da vida, que me ama, sin el
cual no podría vivir, ni encontrar quién verdaderamente me ame, por eso me quiere toda atenta
a recibir este acto de vida de su Voluntad, a fin de que no la exponga a no cumplir sobre mí lo
que quiere hacer, ni le impida su amor, porque Voluntad de Dios y amor hacen competencia,
una no puede estar sin el otro. Ahora, mientras me encontraba bajo este acto del Fiat, mi amado
Jesús con una bondad que no sé decir, todo ternura me ha estrechado a su corazón divino y me
ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, mi Voluntad es todo para las criaturas, sin Ella no podrían tener ni
siquiera la vida. Tú debes saber que cada criatura tiene, desde el principio de su existencia, un
acto querido y decidido de mi Voluntad, el cual lleva consigo un acto intenso de amor hacia aquél
o aquélla que comienza la vida. Mira entonces cómo comienza la creación de la criatura bajo el
imperio de un acto de amor y de Voluntad Divina querido con toda la plenitud del conocimiento,
tanto, que estos dos actos, amor y Voluntad mía, están dotados de todas las gracias, de
potencia, sabiduría, santidad y belleza, de los que vivirá y cumplirá su vida la criatura. Ahora,
como ha formado su primer acto querido, no se aparta más de ella, la crea, la forma, la crece,
desarrolla su acto obrante para reafirmarla en su acto querido, así que mi Voluntad, mi amor,
corren en cada acto humano, se hacen vida, sostén, defensa, refugio, y circundándola con su
potencia alimentan esta vida, mi amor la abraza y la tiene estrechada a su seno, mi Voluntad la
circunda por todos lados, más que habitación, para tener al seguro su acto querido que mi Fiat
pronunció para llamarla a la existencia.
(3) Ahora, este acto querido por nuestro Fiat es el acto más grande, más potente y que más
glorifica a nuestro Ser Divino, que ni siquiera los Cielos pueden contener y comprender; te
parece poco que nuestra Voluntad corra en cada acto de criatura, y le diga no con palabras, sino
con hechos: ‘Soy tuya, estoy a tu disposición, ¡ah! reconóceme, soy vida tuya, acto tuyo, si me
reconoces me darás tu pequeña correspondencia de amor, y aunque sea pequeño, lo quiero, lo
reclamo para tranquilizarme de mi trabajo continuo y de la vida que pongo por ti’. Y mi amor
para no quedarse atrás de mi Fiat, siente la irresistible necesidad de correr a amar cada acto de
criatura, que le dice en cada acto suyo, te amo y ámame.
(4) Además de esto, el todo está en si es reconocido este acto querido de mi Fiat, entonces
hace prodigios inauditos de santidad y de belleza, que formarán los más bellos adornos de la
patria celestial y las vidas más brillantes que se asemejan a su Creador, porque nuestra Voluntad
no sabe hacer seres que no nos semejen, la primera cosa que pone es nuestra semejanza,
porque quiere encontrarse a Sí misma en el acto obrante que desarrolla en la criatura, de otra
manera diría: ‘No me asemeja, por lo tanto no me pertenece’. Si además no es reconocida y
no amada, entonces forma el dolor de mi Querer, si bien corre en cada acto de criatura, si no
corriera debería quitarle la vida, por eso en su dolor siente rechazar su Vida Divina, estorbada
la santidad que quiere desarrollar, encerrados en su acto querido los mares de gracias que
deberían inundarla, la belleza que debería cubrirla. Por eso mi Voluntad pude decir: ‘No hay
dolor similar a mi dolor’. Mucho más que no había bien que no quisiera darle, no hay acto suyo
en que no haya puesto del mío. Por eso hija mía sé atenta, piensa que cada acto tuyo pende
de una Voluntad Divina que lo envuelve, lo forma y le da la vida, y porque te ama quiere que
conozcas la vida que te da, y esto como confirmación de sus actos en ti, por eso conténtate con