(4) “Hija mía bendita, no hay nada que dudar, mi Ser es todo amor, y cuando parece que he
llegado a tales excesos de amor de no poder mostrar otros excesos de amor, como si comenzara
de nuevo invento otros nuevos excesos de amor, otros inventos, de sobrepasar, ¡oh! mucho los
otros excesos. Ahora escucha hija mía y te convencerás de lo que te he dicho: Adán con pecar
heredó todos los males a las generaciones humanas, y habiendo salido de la bella heredad de
la Divina Voluntad en la cual vivía en la opulencia, lujo y suntuosidad de los bienes de su
Creador, perdió el derecho de nuestros bienes, y con él todos sus descendientes. Pero estos
bienes no fueron destruidos, existen y existirán, y cuando un bien no es destruido, hay siempre
la certeza que vendrán quienes tendrán el bien de poseerlos. Ahora, la gran Reina dio principio
a su vida en la heredad de esta Divina Voluntad, es más, con tal abundancia que se sentía
ahogada en los bienes de su Creador, pero tanto, que puede volver felices y ricas a todas las
otras criaturas. Ahora, en esta heredad del Fiat, heredó la fecundidad, la maternidad humana y
divina, heredó el Verbo del Padre Celestial, heredó todas las generaciones humanas, y éstas
heredaron todos los bienes de esta Madre Celestial. Así que, como sus herederos y como Madre
tiene el derecho de generar en su materno corazón a sus hijos, pero no bastó a nuestro Amor ni
al suyo, quiso generar en cada criatura, y como era heredera del Verbo Divino, tiene el poder de
hacerlo generar en cada una de ellas. ¿Cómo? Si se pueden heredar los males, las pasiones,
las debilidades, ¿por qué no se pueden heredar los bienes? Por esto la Celestial Heredera
quiere hacer conocer la herencia que quiere dar a sus hijos, quiere dar su maternidad a las
criaturas a fin de que mientras lo genera, le hagan de mamás y lo amen como Ella lo amó, quiere
formar tantas mamás a su Jesús para ponerlo al seguro, y a fin de que ninguno más lo ofenda.
Porque el amor de Madre es bien diverso de los otros amores, es un amor que arde siempre, y
un amor que pone la vida por su querido Hijo. Mira, quiere dotar a las criaturas con su amor
materno y hacerlas herederas de su mismo Hijo. ¡Oh! cómo se sentirá honrada al ver que las
criaturas aman a su Jesús con su amor de Madre. Tú debes saber que es tanto su amor hacia
Mí y hacia las criaturas, que se siente ahogada, y no pudiendo contenerlo más, me ha rogado
que te manifieste lo que te he dicho, su gran herencia, que espera a sus herederos, y lo que
puede hacer por ellos, diciéndome: ‘Hijo mío, no esperes más, hazlo pronto, manifiesta mi gran
herencia y lo que puedo hacer por ellos, me siento más honrada, más glorificada con que Tú
digas lo que puede hacer tu Mamá, que si lo dijera Yo misma. Pero todo esto tendrá su pleno
efecto, su vida palpitante de esta Soberana Señora, cuando mi Voluntad sea conocida y las
criaturas en la heredad de la Madre, ellas tomarán la posesión”.
(5) Después de esto, mi dulce Jesús me ha dado un beso diciéndome:
(6) “En el beso se comunica el aliento, y por eso he querido besarte, para comunicar con mi
aliento omnipotente la certeza de los bienes, y el gran prodigio que hará mi Madre a las
generaciones humanas, mi beso es la confirmación de lo que quiero hacer”.
(7) Yo he quedado sorprendida, y ha agregado:
(8) “Y tú dame tu beso para recibir el depósito de todos estos bienes y reconfirmar tu voluntad
en la mía. Si no hay quién da y quién recibe, un bien no se puede ni formar ni poseer”.
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34-19
Enero 1, 1937
La fiesta que preparó la Reina del Cielo a su Hijo Jesús en
su nacimiento. Cómo el amor es imán, transforma y embellece.
(1) Estaba pensando en la Encarnación del Verbo y en los excesos de amor de la Divinidad,
que parecían mares que envolviendo a todas las criaturas querían hacer sentir cuánto las
amaban, para ser amado, e invistiéndolas dentro y fuera de ellas, murmuraban continuamente