potencia, de sabiduría, de luz y demás. Podemos decir que viviendo con nuestra ciencia le
dábamos continuas lecciones de quién era su Creador, crecía en nuestros conocimientos, y
supo tanto del Ente Supremo, que ningún ángel y santo pudo igualarla, más bien todos son
ignorantes ante ella, porque ninguno creció e hizo vida junto con Nosotros. Ella entró en
nuestros secretos divinos, en los más íntimos rincones de nuestro Ser Divino sin principio ni fin,
en nuestras alegrías y bienaventuranzas imperecederas, y con nuestra potencia que tenía en su
poder nos dominaba y señoreaba y Nosotros la hacíamos hacer, más bien gozábamos de su
señorío, y para hacerla más feliz le dábamos nuestros castos abrazos, nuestras sonrisas de
amor, nuestras condescendencias diciéndole: ‘Haz lo que tú quieras”.
(4) Nuestro Querer, es tanto el amor hacia las criaturas y su gran deseo de hacerlas vivir en
Él, que si lo obtiene las pone en un abismo de gracias, de amor, hasta ahogarlas, y la pequeñez
humana está obligada a decir: ‘Basta, ya estoy ahogada, me siento devorar por tu mismo amor,
no puedo más’. Ahora, tú debes saber que nuestro amor no se contenta, jamás dice basta,
mientras más da más quiere dar, y cuando damos es nuestra fiesta, ponemos la mesa a quien
nos ama y la apresuramos a quedar con Nosotros para hacer vida juntos. Ahora hija mía,
escucha otro prodigio de nuestro Fiat en esta Celestial Criatura, y cómo Ella nos amaba e hizo
extensible su maternidad a todas las criaturas: En cada acto que hacía, si amaba, rogaba,
adoraba, si sufría, todo, incluso el respiro, el latido, el paso, estando nuestro Fiat, nuestro Ser
Supremo, eran triunfos y victorias que hacía en los actos de la Virgen, la Celestial Señora
triunfaba y vencía en Dios en cada instante de su vida admirable y prodigiosa, eran triunfos y
victorias entre Dios y la Virgen; pero esto es nada, haciéndole de verdadera Madre llamaba a
todos sus hijos, y cubría y escondía todos sus actos en los suyos y los cubría con sus triunfos y
con sus victorias, dándoles como dote todos sus actos con todas sus victorias y sus triunfos. Y
además, con una ternura y amor de partir los corazones y sentirnos vencidos nos decía:
‘Majestad adorable, míralos, son todos mis hijos, mis victorias y triunfos son de mis hijos, son
mis conquistas que dono a ellos, y si ha vencido y triunfado la Mamá, han vencido y triunfado
los hijos’. Y tantos triunfos y victorias hizo en Dios, por cuantos actos habrían hecho todas las
criaturas, a fin de que todos pudieran decir: ‘Estoy dotado de los actos de mi Mamá Reina, y
por sello me los ha investido con sus triunfos y victorias que hizo con su Creador’. Así que quien
quiere hacerse santo encuentra la dote de su Madre Celestial y sus triunfos y victorias para
llegar a la santidad más grande, el débil encuentra la fuerza de la santidad de su Mamá y sus
triunfos para ser fuerte, el afligido, el que sufre, encuentra la dote de las penas de su Madre
Celestial para obtener el triunfo, la victoria de la resignación, el pecador encuentra la victoria y
el triunfo del perdón, en suma, todos encuentran en esta Soberana Reina la dote, el sostén, la
ayuda al estado en que se encuentran. Y ¡oh! cómo es bello, es la escena más conmovedora,
raptora y encantadora, ver a esta Madre Celestial en cada criatura que hace de Mamá, la
sentimos que ama y ruega en sus hijos. Este es el prodigio más grande entre el Cielo y la tierra,
bien más grande no podíamos dar a las criaturas.
(5) Ahora hija mía, debo decirte un dolor de la Madre Celestial a tanto amor suyo, las ingratitud
de las criaturas, esta dote que con tantos sacrificios, hasta el heroísmo de sacrificar la Vida de
su Hijo Dios, con tantas penas atroces, quién no la conoce, quién apenas toma un ligero interés
y hacen vida pobre de santidad, y ¡oh! cómo sufre al ver a sus hijos pobres; poseer inmensas
riquezas de amor, de gracia, de santidad, porque no son riquezas materiales, sino las riquezas
de esta Madre Celestial son riquezas que ha puesto su vida para adquirirlas, y no verlas poseer
por sus hijos, y tenerlas sin la finalidad por la que las ha adquirido, es un dolor continuo, y por
eso quiere hacer conocer este gran bien a todos, porque si no se conoce no se puede poseer.
Y como estas dotes las adquirió en virtud del Fiat Divino que reinaba en Ella, que la amaba tanto
que la hacía hacer lo que quería y por donde quisiera llegar para bien de las criaturas. Por eso
será mi Querer Divino reinante que las pondrá al día de estas dotes celestiales y las hará tomar
posesión. Por eso ruega que sea conocido y querido por las criaturas un bien tan grande”.