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Noviembre 3, 1936
Reflejos entre el Creador y la criatura. Inseparabilidad entre ambos. Dios
a cada instante pide a la criatura que reciba la Vida de su Voluntad. Quien se
decide a vivir de Ella, Dios cubre todo lo que ha hecho con su Voluntad Divina.
(1) Estoy siempre entre los brazos del Querer Divino, siento su Potencia creadora dentro y
fuera de mí, que no dándome tiempo a ninguna otra cosa, no quiero, no pido otra cosa para mí
y para todos, sino que venga a reinar la Divina Voluntad sobre la tierra. Dios mío, qué fuerza
magnética posee, que mientras se da todo, inviste por todas partes, pero al mismo tiempo toma
todo lo que pertenece a la pequeñez de la pobre criatura. Mientras mi mente estaba inmersa en
la multitud de tantos pensamientos respecto al Fiat Divino, mi siempre amable Jesús, visitando
mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, nuestro amor infinito es siempre excesivo y llega a lo increíble, basta
decirte que es tanto, que no hacemos otra cosa que reflejar continuamente en la criatura, ella
vive bajo nuestros continuos reflejos: Si nos movemos, nuestro movimiento incesante refleja en
ella para darle vida; nuestro amor refleja en ella para decirle continuamente ‘te amo’; nuestra
potencia refleja en ella para sostenerla; en suma, nuestra sabiduría refleja y la dirige, nuestra
luz refleja y la ilumina, nuestra bondad refleja y la compadece, nuestra belleza refleja y la
embellece, nuestro Ser Supremo se vuelca sin cesar jamás sobre la criatura; pero esto no es
todo, así como Nosotros reflejamos en ella, así ella refleja en Nosotros, así que si piensa
sentimos el reflejo de sus pensamientos, si habla refleja en Nosotros su palabra, sentimos el
reflejo de su latido hasta en nuestro seno, el movimiento de sus obras, el pisar de sus pasos;
hay tal inseparabilidad entre el Ser Divino y el humano, que continuamente el uno se vierte en
el otro; es tanto nuestro amor, que nos ponemos en condiciones como si no pudiéramos estar
sin la criatura. Pero esto no es nada todavía, si nuestro amor no da en excesos, no se contenta;
ahora, sabiendo que si la criatura no posee la Vida de nuestro Querer Divino hay gran diferencia
entre sus reflejos y los nuestros, poniéndose Él en actitud de amor suplicante, en cuanto la
criatura piensa le ruega que haga reinar nuestra Voluntad en su mente, si habla le suplica que
la haga reinar en sus palabras, si late, obra y camina, le suplica que haga reinar en todo a mi
Divina Voluntad, en suma, en cada cosa que hace tiene un gemido, un suspiro, una oración, que
envolviéndola continuamente le dice: ‘Recibe mi Fiat, hazte investir por mi Fiat, ¡ah! posee mi
Fiat, hazme ver en ti la Vida de mi Fiat reinante, dominante y festivo, te ruego que no me niegues
tu querer, y Yo te daré el mío’. Y si lo obtiene, como si hubiera obtenido la cosa más preciosa,
lo encierra en su amor, lo vela con su luz, y da principio a su fiesta perenne en la criatura, cambia
sus gemidos y suspiros en alegrías, y poniéndose en guardia, como triunfadora escucha en ella
las notas de su amor, que en ambas partes le dice: ‘Nos amamos con un solo amor, tenemos y
hacemos la misma Vida, tu Fiat es tuyo y mío’. Así que surge en ella la armonía, el orden de su
Creador. Nuestra Voluntad, nuestro amor ha obtenido su propósito, no le queda otra cosa que
gozarse a su amada criatura. Por eso hija mía, nos importa tanto el dar nuestra Voluntad como
vida, que es nuestro largo suspiro de todos los siglos, más bien nuestro suspiro eterno, que
anhelábamos a la criatura con el portento de nuestra Vida en ella, sentíamos la alegría, la
felicidad de tantas vidas nuestras bilocadas, multiplicadas y formadas en ellas. De otra manera
no habría sido gran cosa la Creación, y si tantas cosas creamos y sacamos a la luz del día, fue
porque debían servir al portento de los portentos de formar en virtud de nuestro Fiat nuestra
Vida en la criatura, y si esto no fuera, habría sido para Nosotros como si nada hubiéramos hecho.
Por eso contenta a tu Jesús, da paz a mi amor que da siempre en delirio, y unificándote Conmigo,
suspira, ruega, pide que mi Voluntad reine en ti y en todos”.