todos y todo, más bien todos se hacían vencer por esta Emperatriz Divina, porque tenía una
fuerza potente y raptora que ninguno podía resistirle, los mismos demonios se sentían
debilitados y no sabían dónde esconderse de esta fuerza insuperable. Todo el Ser Supremo se
volcó en esta voluntad creada que había sido dominada por la Divina Voluntad, y el amor infinito
se volcó en el amor finito y todos y todo se sentían amados por esta Santa Criatura, su amor era
tanto, que más que aire se hacía respirar por todos, de modo que esta Reina de amor sentía la
necesidad de amar a todos, como Madre y Reina de todos; nuestra belleza la invistió, pero tanto,
que poseyó la fuerza, el amor, la bondad, la gracia raptora, que mientras ama se hace amar por
todos, aun por las cosas que no poseen razón. Así que no hubo acto, amor, plegaria, adoración,
reparación, que no quedara lleno Cielo y tierra, Ella señoreaba todo, y su amor y todo lo que
hacía corría en el cielo, en el sol, en el viento, en todo, y nuestro Ente Supremo se sentía amado,
rogado en todas las cosas creadas por esta Santa Criatura, una nueva vida corría en todo, nos
amaba por todos y nos hacía amar por todos. Era la Voluntad increada que había tenido su
lugar de honor en la voluntad creada que podía hacernos todo, y darnos la correspondencia
porque habíamos puesto a su disposición toda la Creación. Así que con la Concepción de esta
gran Reina comenzó la verdadera Vida de Dios en la criatura, y la vida de ella en Dios, y ¡oh!
los intercambios de amor, de fuerza, de belleza, de luz entre uno y otra. Por eso los prodigios
eran continuos y jamás oídos, que se alternaban en Ella, Cielos y tierra estupefactos, los ángeles
quedaban raptados ante mi Voluntad Divina obrante en la criatura. Hija mía, esta gran Señora
con vivir en el Querer Divino, se sentía con los hechos Reina de todos y de todo, y también
Reina del gran Rey Divino, pero tanto, que fue Ella la que formó la puerta en el Cielo para hacer
descender al Verbo Eterno, le preparó el camino y la estancia de su seno donde debía hacer su
morada, y en el énfasis de su amor imperante me decía: ‘Desciende oh Verbo Eterno,
encontrarás en Mí tu Cielo, tus alegrías, aquella misma Voluntad que reina en las Tres Divinas
Personas’. Y no sólo esto, sino que formó la puerta y el camino para hacer subir a las almas a
la Patria Celestial, y sólo porque esta Virgen vivió en la tierra de Voluntad Divina como se vive
en el Cielo, pudieron los bienaventurados entrar en las regiones celestiales y gozar sus delicias,
porque esta Madre Celestial los tiene cubiertos, envueltos, y como escondidos en su gloria y en
todos los actos que hizo en la Voluntad Divina, así que los bienaventurados sienten en sus
alegrías el amor, las obras, la potencia de esta Madre y Reina, que los hace felices. ¿Qué cosa
no puede hacer mi Voluntad? Todos los bienes posibles e imaginables, y en la criatura donde
Ella reina le da tal poder, que llega a decir: ‘Haz lo que quieras, manda, toma, da, Yo no te
negaré jamás nada, tu fuerza es irresistible, tu potencia me debilita, por eso pongo todo en tus
manos, para que hagas de Dueña y de Reina’. Ahora, tú debes saber que esta Santa Criatura
desde su Concepción sentía el latido de mi Fiat en el suyo, y en cada latido me amaba, y la
Divinidad la amaba con amor duplicado en cada latido suyo; en su respiro sentía el respiro del
Querer Divino, y nos amaba en cada respiro, y Nosotros la correspondíamos con nuestro amor
duplicado en cada respiro suyo; sentía el movimiento del Fiat en sus manos, en su paso, en sus
pies, en todo su ser sentía la Vida del Querer Divino y lo que hacía, y en todo nos amaba por sí
y por todos, y Nosotros la amábamos siempre, siempre, a cada instante corría nuestro Amor
como rápido torrente, por eso nos tenía siempre atentos y en fiesta, para recibir su amor y dar
el nuestro, tanto que llegó a cubrir todos los pecados y a las mismas criaturas de nuestro Amor.
Por eso nuestra Justicia quedó desarmada por esta invencible amante, y podemos decir que
hizo del Ente Supremo lo que quiso. ¡Oh! cómo quisiera que todos comprendieran qué significa
vivir en el Querer Divino, para volver a todos felices y santos”.
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