de Nosotros en nuestra Inmensidad, en nuestro Amor, Potencia y Bondad, en todo, así que para
Nosotros todo es Voluntad nuestra.
(3) En segundo lugar viene la Creación, cielos, soles, estrellas, vientos, aguas, también el
pequeño hilo de hierba, no hacen otra cosa que un acto continuo del Fiat, entre ellas y Nosotros
hay un acto de respirar, Nosotros emitimos el respiro de nuestra Voluntad, y la Creación lo
recibe, y emitiéndolo nos da el respiro que le habíamos dado, esto es, todos los efectos que ha
producido nuestra Voluntad respirada por ella, y se une a nuestro acto único; cuánta gloria y
honor no recibimos, cómo viene exaltado nuestro Ser Supremo sólo porque hacemos respirar
nuestra Voluntad a toda la Creación, y ella nos regresa el respiro que le habíamos dado, hay tal
unidad de Voluntad con toda la Creación, que todo lo que sale y entra forma un solo acto de
Voluntad Suprema, y la multiplicidad y diversidad de las cosas que se ven y suceden, no son
otra cosa que los efectos que produce el único y solo acto nuestro. Porque nuestro Fiat no se
cambia jamás, ni está sujeto a mutarse, toda su Potencia está en esto, hacer un solo acto para
poder producir todos los efectos posibles e imaginables.
(4) En tercer lugar vienen todos los ángeles, santos y bienaventurados de la Patria Celestial,
ellos giran en torno a nuestro Ser Supremo y respiran la fuerza, la santidad, el amor, las alegrías
infinitas, las felicidades sin número del Querer Divino, forman una sola Vida con Él, esta Vida la
sienten dentro como vida propia, la sienten por fuera, en la cual les lleva el océano siempre
nuevo de las felicidades divinas, pero uno es el acto que se forma en el Cielo, Voluntad Divina;
uno el respiro; una sola cosa se quiere, Voluntad Divina; si jamás sea, en el Cielo pudiera entrar
un solo acto, un solo respiro que no fuera Voluntad Divina, la Patria Celestial perdería todo el
encanto, lo bello, el atractivo del que está investida, pero esto no puede ser. Ve entonces que
toda la supremacía la tiene mi Fiat; los bienaventurados con solo respirarlo quedan llenos de
mares de alegrías y felicidad incomprensible, y mientras emiten el respiro, nuestra Divinidad
siente la felicidad que gozan todos los santos, y todos magnificamos nuestro Querer Supremo
como principio, fuente, origen de todos los bienes.
(5) En cuarto lugar viene la familia humana, ella gira entorno a Nosotros, pero como su
voluntad no es una con la nuestra, no respiran nuestro Querer, que pone el orden, la santidad,
la unión, la armonía con su Creador, y por eso quedan esparcidas, desordenadas, y como
extraviadas de Nosotros, son seres infelices, la paz, la felicidad, la abundancia de los bienes
están alejadas de ellos, y todo el mal viene de que nuestra Voluntad no es la de ellos, no nos
respiramos recíprocamente, y esto impide la comunicación de nuestros bienes, la perfecta unión
con nuestro Ente Supremo. Nuestra mano creadora que debía formar su obra maestra y la más
bella en cada criatura, es detenida porque falta nuestra Voluntad, no encuentra sus almas que
se presten, adaptables para volver factible nuestro arte divino, donde falta nuestro Querer no
sabemos qué hacer con aquella criatura. Esta es la causa por la que suspiramos tanto que reine
nuestra Divina Voluntad y forme su Vida en ellas, porque nuestra obra creadora esta impedida,
nuestros trabajos suspendidos, la obra de la Creación está incompleta, y para obtener esto, una
debe ser la Voluntad del Cielo y de la tierra, una la Vida, uno el amor, uno el respiro, y este es
el más grande bien que queremos dar a las criaturas, tenemos que hacer todavía tantas obras
bellas, pero el querer humano nos impide el paso, ata nuestros brazos e inmoviliza nuestras
manos creadoras. Por eso quien quiere hacer nuestra Voluntad y vivir en Ella, nos da el trabajo
y hacemos de ella lo que queremos.
(6) Ahora, tú debes saber que en cuanto la criatura se decide a vivir de Voluntad Divina,
asegura su salvación, su santidad, Nosotros estamos en ella como en nuestra casa, y su
voluntad nos sirve como materia en la cual en cada acto suyo pronunciamos el Fiat para formar
nuestras obras dignas de Aquél que la habita; hacemos como un rey que se sirve de las piedras,
grava, ladrillos y cal para formarse una suntuosa morada real, de dejar atónito a todo el mundo,
pobre rey si no tuviera las piedras, los materiales necesarios para formarse la morada real, con
todo y que tuviera toda su buena voluntad y monedas para gastar para formarlo, faltando las