usar mi Potencia sembrando milagros para formarme el pueblo, a fin de que si no creían en mis
palabras creyeran a la potencia de mis milagros, eran mis industrias divinas y amorosas que a
cualquier precio quería hacerme conocer que era su Salvador, porque si no me conocían no
podían recibir el bien de la Redención, por eso era necesario hacerme conocer para hacer que
mi venida sobre la tierra no fuera inútil para ellos. ¡Oh! cómo mi vida pública simboliza el triunfo
del reino de mi Fiat en medio a las criaturas, que con verdades sorprendentes lo haré conocer,
y para conseguirlo haré milagros y prodigios, con la Potencia de mi Querer llamaré a vida a los
muertos a la gracia, repetiré el milagro de la resurrección de Lázaro, que a pesar que están
podridos en el mal, que se han vuelto cadáveres pestilentes como Lázaro, mi Fiat los llamará a
vida, hará cesar la peste del pecado, los hará resurgir en el bien, en suma, usaré todas mis
industrias divinas para hacer dominar mi Querer en medio a las gentes. Ve entonces, en cada
palabra mía que decía y en cada milagro que hacía, llamaba a mi Voluntad a reinar en medio a
ellas, y llamaba a las gentes a vivir en Ella. De la vida pública pasé a la pasión, símbolo de la
Pasión de mi Voluntad que por tantos siglos había sufrido tantas voluntades rebeldes de las
criaturas, que con no querer someterse a Ella habían cerrado el Cielo, roto las comunicaciones
con su Creador, y se habían convertido en infelices esclavos del enemigo infernal. Mi
Humanidad lacerada, perseguida hasta la muerte, crucificada, representaba la humanidad infeliz
sin mi Querer ante la Divina Justicia, y en cada pena llamaba a mi Fiat a darse el beso de paz
con las criaturas para hacerlas felices, y las llamaba a ellas en Él para hacer cesar la Pasión
dolorosa a mi Voluntad. Finalmente la muerte, que maduró mi Resurrección, la que llamaba a
todas a resurgir en mi Fiat Divino, y ¡oh! cómo simboliza a lo vivo mi Resurrección el reino de mi
Voluntad, mi Humanidad llagada, deformada, irreconocible, resurgía sana, de una belleza
encantadora, gloriosa y triunfante. Ella preparaba el triunfo, la gloria a mi Voluntad, llamando a
todos en Ella e impetrando que todos resurgieran en mi Querer, de muertos vivos, de feos bellos,
de infelices felices. Mi Humanidad resucitada asegura el reino a mi Voluntad sobre la tierra, fue
mi único acto lleno de triunfo y de victoria, y esto me convenía porque no quería partir para el
Cielo si primero no daba todas las ayudas a las criaturas para hacerlas entrar en el reino de mi
Querer, y toda la gloria, el honor, el triunfo a mi Fiat Supremo para hacerlo dominar y reinar. Por
eso únete Conmigo y haz que no haya acto que hagas, y pena que sufras, que no llames a mi
Voluntad a tomar su puesto real y dominante, y como vencedora conquiste a todos para hacerse
conocer, amar y querer por todos”.
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34-11
Junio 14, 1936
Dios y su Voluntad; su Voluntad con la Creación; su Voluntad con
los seres celestiales; su Voluntad en desacuerdo con la humana familia.
(1) El Querer Divino con fuerza potente me llama en el mar interminable de su Voluntad, y
¡oh! cómo se está bien en Ella, cuántas sorpresas, cuántas cosas bellas se comprenden, las
cuales producen alegrías infinitas, Vidas Divinas, amor que jamás dice basta, pero lo que más
felicidad da es ver y sentir que todo es Voluntad Divina, toda la Creación forma un solo acto de
Querer Supremo. Pero mientras mi mente se perdía en Ella, el dulce Jesús haciéndome su
breve visita, con un amor indecible me ha dicho:
(2) “Hija bendita de mi Querer, tú debes saber que a la cabeza del reino de mi Divina Voluntad
está Dios mismo, nuestra Divinidad no hace otra cosa que un acto continuo de nuestra Voluntad,
no hacemos jamás la voluntad de ninguno sino siempre la nuestra, la corona de nuestros
atributos son dominados por nuestro Fiat, su reino está dentro de Nosotros y se extiende fuera