tierra, como ayuda, fuerza y sostén, y como refugio dónde esconderse en sus penas, para tomar
de las mías el heroísmo en sus sacrificios, puedo decir que dejaba mis penas, mis ejemplos y
mi misma Vida como simiente, que madurándose y creciendo debía hacer surgir el reino de mi
Divina Voluntad. Así que partía y quedaba, quedaba en virtud de mis penas, quedaba en sus
corazones para ser amado, después que mi Santísima Humanidad subía al Cielo sentía más
estrecho el vínculo de la familia humana, por consiguiente no me habría adaptado a no recibir
el amor de mis hijos y hermanos que dejaba en la tierra; quedé en el Santísimo Sacramento
para darme continuamente a ellos, y ellos a darse a Mí para hacerles encontrar el reposo, el
descanso y el remedio a todas sus necesidades. Nuestras obras no sufren de mutabilidad, lo
que hacemos una vez lo repetimos siempre. Además de esto, en este día de mi Ascensión Yo
tenía doble corona, la corona de mis hijos que llevaba Conmigo a la Patria Celestial, y la corona
de mis hijos que dejaba en la tierra, símbolo ellos de aquellos pocos que serán el principio del
reino de mi Divina Voluntad; todos los que me vieron ascender al Cielo recibieron tantas gracias,
que todos pusieron la vida para hacer conocer el reino de la Redención, y pusieron los
fundamentos para formar mi Iglesia, y hacer que recogiera en su regazo materno a todas las
generaciones humanas; así los primeros hijos del reino de mi Voluntad, serán pocos, pero serán
tales y tantas las gracias de las que serán investidos, que pondrán la vida para llamar a todos a
vivir en este santo reino. Una nube de luz me invistió, la cual quitó de la vista de los discípulos
mi presencia, los cuales estaban estáticos viendo mi persona, que era tanto el encanto de mi
belleza que tenía raptadas sus pupilas, no sabían bajar su mirada para ver la tierra, tanto que
se requirió de un ángel para sacudirlos y hacerlos regresar al cenáculo. También esto es
símbolo del reino de mi Querer, será tal y tanta la luz que investirá a sus primeros hijos, que
llevarán lo bello, el encanto, la paz de mi Fiat Divino, de modo que fácilmente se dispondrán a
querer conocer y amar un bien tan grande. Ahora, en medio a los discípulos estaba mi Mamá
que asistía a mi partida para el Cielo, este es el más bello símbolo. Así que Ella es la Reina de
mi Iglesia, la asiste, la protege, la defiende, así se pondrá en medio a los hijos de mi Voluntad,
será siempre Ella el motor, la vida, la guía, el modelo perfecto, la Maestra del reino del Fiat
Divino que tanto aprecia, son sus ansias, sus deseos ardientes, sus delirios de amor materno,
que quiere a sus hijos en la tierra en el reino donde Ella vivió, no está contenta con tener a sus
hijos en el Cielo en el reino de la Divina Voluntad, sino que los quiere también sobre la tierra,
siente que la tarea dada a Ella por Dios como Madre y Reina no la ha completado, su misión no
ha terminado hasta en tanto que no reine la Divina Voluntad sobre la tierra en medio a las
criaturas. Quiere a sus hijos que la semejen y que posean la herencia de su Mamá, por eso la
gran Señora es toda ojos para mirar, todo corazón para amar, para ayudar a quien ve en algún
modo dispuesto a querer vivir de Voluntad Divina. Por eso en las dificultades piensa que Ella
está junto a ti, te sostiene, te fortalece, toma tu querer en sus manos maternas para hacerlo
recibir la Vida del Fiat Supremo”.
+ + + +
34-10
Mayo 31, 1936
La Divina Voluntad encierra todos los actos de la Vida de Jesús como en
acto de repetirlos siempre por amor de las criaturas. La Vida de Jesús
simboliza la llamada del reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.
(1) Mi pobre inteligencia seguía la Vida de mi dulce Jesús en la Divina Voluntad, en la cual lo
encontraba en acto de continuar su Vida cuando estaba sobre la tierra, y ¡oh! cuántas maravillas,
cuántas sorpresas de amor jamás pensadas. Así que el Fiat Divino encierra todos los actos de
la Vida de Jesús como en acto de repetirlos siempre por amor de las criaturas, para dar a cada
2048 sig