nuestra potencia e inmensidad, casi diría por necesidad, no por amor, ni porque conozcan
nuestros bienes y amen el hacer su habitación en ellos para gozárselos, de hecho, es porque
de nuestro Ser Divino ninguno puede huir, mientras quien vive en nuestro Querer es la criatura
que busca nuestras obras, las conoce, las ama, las aprecia, y viene a tomar su puesto dentro
de ellas, y ama y obra junto con Nosotros, en consecuencia participa, adquiere nuevos
conocimientos y nuevo amor, mientras las otras están y no las conocen, no nos aman, no tienen
una palabra que decirnos, si se pudiera decir están por obstaculizar nuestra Inmensidad, y
muchos para ofendernos. Por eso es nuestro suspiro ardiente que el alma viva en nuestro
Querer, Nosotros teníamos siempre qué dar y qué hacer siempre con ella, y ella tiene qué hacer
junto con Nosotros, no nos damos tiempo, un acto llama a otro, y nos conocemos bastante,
nuestra Voluntad primero nos hace conocer, nos hace amar, y después forma la unión perenne
de la criatura en nuestra Voluntad”.
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34-9
Mayo 20, 1936
Diferencia que hay entre quien llama la Divina Voluntad en sus
actos, y entre quien hace las obras buenas sin Ella. La Ascensión;
cómo partía para el Cielo y quedaba en la tierra.
(1) Mi pobre mente continúa girando en los actos de la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:
“Cuál es la diferencia de quien llama la Divina Voluntad en sus actos, y de aquellos que hacen
las obras buenas y no la llaman, no le dan el primer lugar en sus actos”. Y mi dulce Jesús
haciéndome su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, no hay comparación entre uno y otro, el primero con llamar mi Voluntad en sus
actos se despoja de lo que es humano, y forma el vacío en su querer humano dónde dar el lugar
a mi Voluntad; Esta embellece, santifica, forma su luz en aquel vacío, después pronuncia su Fiat
Creante y llama a vida su obrar divino en el humano, y la criatura no sólo participa, sino queda
propietaria del acto divino, el cual posee la Potencia, la Inmensidad, la Santidad y el valor Divino
que no se agota jamás. Por eso, en quien vive en nuestro Querer Nosotros miramos y
encontramos a Nosotros mismos y a nuestros actos que nos honran y nos hacen corona. En
cambio aquellos que hacen las obras buenas, pero no animados por nuestro Querer, Nosotros
no nos encontramos a Nosotros mismos, sino al acto finito de la criatura, y como Nosotros no
sabemos tener nada del bien que ellas hacen donde no participen nuestros actos, les damos el
mérito como pago; el pago no es propiedad que puede siempre producir, por eso simboliza a
aquellos que viven al día, que si bien viven trabajosamente del salario que tienen, pero no se
hacen jamás ricos, sienten siempre la necesidad de que les sea pagado su trabajo para vivir, y
si no trabajan hay peligro de morir de hambre, esto es, de no sentir la saciedad del bien, la vida
de las virtudes, sino la escuálida miseria de las pasiones. En cambio para quien vive en nuestro
Querer todo es abundancia, Nosotros le decimos: Toma lo que quieras, y cuanto más puedas
tomar, más ponemos a tu disposición nuestras riquezas, nuestra luz, nuestra santidad, nuestro
amor, porque lo que es nuestro es tuyo, y lo que es tuyo es nuestro, no queda otra cosa que
vivir y obrar juntos”.
(3) Después de esto estaba siguiendo la Ascensión de Jesús al Cielo, cómo era bello, todo
majestad, vestido de luz fulgidísima que raptaba y encadenaba los corazones a amarlo, y mi
dulce Jesús todo bondad y amor me ha dicho:
(4) “Hija mía bendita, no hay suceso de mi Vida que no simbolice el reino de mi Divina
Voluntad, en este día de mi Ascensión Yo me sentía victorioso y triunfante, mis penas habían
terminado, más bien dejaba mis penas ya sufridas en medio a mis hijos que dejaba sobre la
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