y cuando todo ha llenado se retira en nuestra fuente; nuestra Santidad se siente honrada con el
acto divino de nuestra misma Voluntad obrante en la criatura, y se difunde con gracia
sorprendente para comunicar su Santidad a todas las criaturas, son prodigios inenarrables que
Ella hace cuando la criatura la llama a obrar en ella. Por eso haz desaparecer todo en mi
Voluntad, y Nosotros te daremos todo en tu poder y tú podrás darnos todo, incluso a Nosotros
mismos”.
(4) Después de esto mi pequeña inteligencia la sentía tan llena de la Voluntad Divina, que no
podía contenerla, y seguía mi giro en sus actos divinos, y habiendo llegado al acto cuando fue
concebida la Inmaculada Reina, comprendía cómo el Ente Supremo antes de llamarla a la vida,
le infundió tanto amor, que en cuanto sintió la vida sintió la necesidad de amar a su Creador,
sentía en Sí misma aquel amor que sacaba fuera. Yo he quedado sorprendida, y mi amado
Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, no te maravilles, es nuestra costumbre que a cada criatura cuando la ponemos
fuera a la luz del día en el acto de crearla, damos una dosis de amor, dándole así parte de
nuestra sustancia divina, y según nuestros designios que hacemos sobre ella, así
incrementamos la dosis de nuestro amor. Así que cada criatura tiene en sí misma la parte de la
sustancia del amor divino, de otra manera ¿cómo podría amarnos si Nosotros mismos no
poníamos de lo nuestro para hacernos amar? Sería pedir lo que no tenía, Nosotros ya lo
sabíamos, que la criatura nada tiene suyo, por eso debíamos encerrar como dentro de un
sagrario nuestro amor, nuestra Voluntad, para pedir que nos ame y haga nuestro Querer. Y si
pedimos es porque sabemos que tiene en su poder nuestro amor, y nuestro Querer, que
Nosotros mismos hemos puesto en el fondo de su alma. Ahora, si nos ama, esta dosis de
nuestro amor surge, se engrandece, y siente más potentemente la necesidad de amarnos y de
vivir de la Voluntad de su Creador; si no nos ama no crece, y las debilidades humanas, las
pasiones, forman las cenizas sobre nuestro amor, de modo que llega a no sentir ninguna
necesidad de amarnos, las cenizas han cubierto y sofocado nuestro fuego divino, y mientras el
fuego existe, ella no lo siente, mientras que cada vez que nos ama, no hace otra cosa que soplar
para quitar las cenizas, así sentirá el vivo fuego que le quema en el seno, y lo agrandará tanto
de no poderse estar sin amarnos.
(6) Ahora hija mía, la Inmaculada Reina, desde el primer instante de su concepción, dado que
sentía en Sí el amor por su Creador y nuestra Voluntad obrante más que su misma vida, nos
amó tanto que no perdió ni un instante sin amarnos, y con amarnos y amarnos engrandeció
tanto esta dosis de amor, de podernos amar por todos y dar amor a todos, y amar a todos
siempre, sin cesar jamás; tú debes saber que nuestro amor es tanto, que con poner esta dosis
de amor en la criatura, Nosotros poníamos el germen de la felicidad dentro de ella, porque la
verdadera felicidad debe tener su puesto real dentro del alma, la felicidad de afuera si no reside
dentro, no se puede llamar verdadera felicidad, más bien amarga a la pobre criatura y es como
un viento impetuoso, que rápido la disipa, dejando los rastros apenas convertidos en espinas
que la amargan, no así la felicidad de adentro, puesta por Nosotros, ella es duradera y crece
siempre; y además amar es felicitarse y felicitarnos, quien no ama no puede ser jamás feliz,
quien no ama no tiene ninguna finalidad ni interés de cumplir obras, ni siente el heroísmo de
hacer bien a ninguno, el sacrificio que da las más bellas tintas al amor no existe para ella.
Entonces la Virgen Santísima poseía el mar de la felicidad, porque poseía tantas vidas de amor
por cuantas criaturas existen, y no sólo esto, sino con no hacer jamás su voluntad, sino siempre
la mía, formaba tantas Vidas de mi Voluntad Divina en Ella, de modo que puede dar a cada
criatura una Vida de Amor y una Vida de Querer Divino. He aquí por qué con derecho es Reina
del amor, y Reina de la Voluntad Suprema. Por eso la Soberana Reina ama, suspira sacar estas
Vidas para ponerlas en las criaturas y formar el reino del puro amor y el reino de nuestra
Voluntad, y así llegará al punto máximo de amar a su Creador, y al punto máximo de amar y de
hacer bien a las criaturas”.
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