nuevo Amor, lo duplica, lo centuplica cuanto quiere, y da la gracia a la criatura de amarlo con su
mismo Amor, si esto no fuese se vería gran disparidad entre quien puede amar y entre quien no
puede amar, y la pobre criatura quedaría humillada, anulada, sin arrojo y unión de amor con su
Creador, y cuando dos seres no se pueden amar con igual amor, la desigualad produce la
infelicidad, mientras que nuestra Voluntad es Unidad, y libremente da a la criatura su Amor para
hacerse amar, da su Santidad para hacerla santa, su Sabiduría para hacerse conocer, no hay
cosa que posea que no quisiera darle. Mucho más que con vivir en nuestro Fiat, como ha puesto
a un lado su voluntad para dar vida a la nuestra en sus actos, ha formado la pequeña Vida de
nuestro Querer en ella, la cual reclama, suspira el crecimiento, y basta un acto de más en Él
para crecer, un suspiro para quitarse el hambre, un deseo total de que mi Querer corra en todo
su ser para formarse alimento suficiente para sentirse satisfecha de todo lo que pertenece a su
Creador. Se requiere atención suma, y mi Voluntad hará todo lo que se necesita para formar su
Vida en la criatura”.
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34-6
Enero 22, 1936
Quien vive en la Divina Voluntad forma el teatro de las obras de
su Creador, y repite en ella la escena conmovedora de la Redención.
(1) Estaba haciendo el giro en los actos de la Divina Voluntad, y buscaba investir con mi
pequeño amor el cielo, el sol y la creación toda, y el Fiat Divino para corresponderme formaba
el lugar en mi voluntad para encerrar el cielo y la creación toda; después giraba en los actos de
la Redención, y el dulce Jesús encerraba sus actos en mí, y repetía las escenas más
conmovedoras para corresponderme por mi pequeño amor. Yo he quedado sorprendida, y mi
amado Jesús todo ternura y amor me ha dicho:
(2) “Mi buena hija, hija de mi Voluntad, tú debes saber que mi amor es tanto, que para
desahogarme quiero repetir mis obras, pero ¿en quién puedo repetirlas? ¿En quién puedo
encontrar lugar para encerrarlas para sentirme amar? En quien vive en mi Voluntad. Conforme
la criatura gira en mis obras para conocerlas, amarlas y llamarlas a sí, se reproducen en ella y
forma el teatro de nuestras obras, cuántas escenas conmovedoras: Ahora se extiende el cielo,
ahora surge el sol con toda su majestad, ahora murmura el mar y formando sus olas quisiera
inundar a su Creador con su amor, ahora forma el más bello prado florido, y en cada flor nos
hace decir su estribillo: ‘Te amo, te glorifico, te adoro, y tu Fiat venga a reinar sobre la tierra’.
No hay ser que no llame a sí para hacernos decir su historia: ‘Te amo, te amo’. Hija mía, nuestro
amor no está contento si no se da todo y no repite nuestras obras en quien vive en nuestra
Voluntad.
(3) Pero no es todo, escucha: Si con girar en los actos de la Creación repite mis obras y tomo
sumo placer y me deleito en asistir a las escenas esplendidísimas de la Creación en la criatura,
cuando ella gira en los actos de la Redención para hacerlos suyos, Yo repito mi Vida, así que
repito mi concepción, mi nacimiento, en el cual los ángeles repiten el gloria en los Cielos y paz
a los hombres de buena voluntad, y si la ingratitud humana me obliga a llorar, voy a llorar en
ella, porque sé que mis lágrimas serán correspondidas y adornadas con su te amo. Por eso
paso a repetir mi Vida, mis pasos, mis lecciones, y cuando las culpas me renuevan las penas,
la crucifixión, la muerte, no las sufro jamás fuera de esta criatura, sino que voy a ella a sufrir mis
penas, las cruces, la muerte, porque ella no me dejará solo, tomará parte en mis penas, quedará
crucificada Conmigo, y me dará su vida en correspondencia por mi muerte. Así que en quien
vive en mi Voluntad encuentro el teatro de mi Vida, las escenas conmovedoras de mi infancia y
de mi pasión, encuentro los cielos hablantes, los soles que me aman, los vientos que gimen de