corazón, y de su corazón desciende en el afortunado que debe recibir aquel bien. Así que no
hay gracia que descienda sobre la tierra, no hay santidad que se forme, no hay pecador que se
convierta, no hay amor que parta de nuestro trono, que primero no sea puesto en su corazón de
Madre, la cual forma la maduración de aquel bien, lo fecunda con su amor, lo enriquece con sus
gracias, y si es necesario con la virtud de sus dolores, y después lo pone en quien lo debe recibir,
de modo que quien lo recibe siente la Paternidad Divina y la Maternidad de su Madre Celestial.
Podemos hacer sin Ella, pero no queremos, ¿quién tendrá corazón de hacerla a un lado?
Nuestro Amor, nuestra Sabiduría infinita, nuestro mismo Fiat se impone sobre Nosotros, y no
nos hace hacer nada que no descienda por medio suyo. Ve entonces hasta dónde llega nuestro
Amor por quien vive de la Voluntad Divina, hasta no querer hacer nada sin Ella, es la armonía
de nuestra Sabiduría infinita, que así como la Creación del universo gira siempre en torno a
Nosotros, y conforme gira fecundan la tierra y mantienen la vida natural a todas las criaturas, así
esta nueva creación de la Concepción de la Inmaculada Señora gira siempre en torno a Dios, y
Dios gira siempre en torno a Ella, y mantienen la fecundidad del bien, forman la santidad de las
almas y la llamada a las criaturas a Dios”.
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34-3
Diciembre 15, 1935
El verdadero amor quiere hacerse conocer, se expande, corre
y vuela en busca de quien ama, porque siente la necesidad
de ser amado. Potencia del acto creante que se recibe
cuando se gira en la Creación.
(1) Mi pobre mente es siempre transportada en el mar de la Divina Voluntad, la cual me hace
presente y tiene como en acto todo lo que ha hecho por amor de las criaturas, y suspira que
ellas reconozcan lo que ha hecho, cuánto nos ha amado, y nos espera en sus actos para decir:
“Hagamos juntos, no me dejes obrar sola, a fin de que lo que Yo hice, lo hagas tú, y así podremos
decir, con igual amor nos hemos amado”. Cómo es bello poderse decir mutuamente: “Me has
amado y te he amado”. Es la recompensa de las obras más grandes y de los sacrificios más
dolorosos.
(2) Después mi mente giraba en la Creación, en aquel acto cuando el Fiat Omnipotente
pronunciándose creaba y extendía el cielo azul, y mi eterno amor para tenerme junto con Él en
este acto, y mi dulce Jesús, hacía fiesta porque tenía su compañía, y deteniéndome me ha dicho:
(3) “Hija mía buena, amar y no hacerse conocer es contra la naturaleza del verdadero amor,
porque el verdadero amor por sí mismo se expande y corre, vuela en busca de quien ama, y
sólo se detiene cuando encontrándola la encierra, la esconde en su amor, y transformándola en
sus mismas llamas quiere encontrar su mismo amor en ella, sus mismas obras hechas por quien
ama por amor suyo. Y como la criatura jamás puede hacer lo que hacemos Nosotros por ella,
nuestro Amor para conseguir lo que quiere llama a la criatura a Sí, la esconde en su mismo amor
y la hace obrar junto con nuestro acto creante y conservante, y así en realidad la criatura puede
decir: ‘Te he amado, lo que has hecho Tú por mí, lo he hecho yo por ti’. Y Nosotros nos sentimos
en realidad amados por ella con nuestro Amor y con nuestras mismas obras. Tú debes saber
que cuando la criatura se eleva con su voluntad en la nuestra en las cosas creadas por Nosotros,
nuestro Ente Supremo renueva sobre ella el acto creante, y ¡oh! las maravillas que hacemos de
gracias, de santidad, de cielo, de soles en su alma, nuestro acto se deleita en repetirse, y cuando
ella gira en las cosas creadas, nuestro amor quiere hacerse conocer, quiere que sienta cuánto
la ama, y repite sobre ella nuestro acto creante que no está jamás sujeto a cesar, de modo que
siente todo el ímpetu de nuestro amor, la potencia de nuestras obras, y presa de estupor nos
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