mi Divina Voluntad va buscando las disposiciones de las criaturas que quieren vivir de mi
Voluntad, y rápidamente las dardea y comunica la sustancia y nobleza divina, y forma y hace
crecer su Vida”.
+ + + +
34-2
Diciembre 8, 1935
Prodigios de la Inmaculada Concepción. Comunicación de los
derechos divinos. Dios no quiere hacer nada sin su Madre Celestial.
(1) Estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al acto en
que el Fiat Omnipotente creó a la Virgen Inmaculada me he detenido, y ¡oh! qué sorpresa de
prodigios jamás escuchados unidos juntos, el encanto del cielo, del sol y de toda la Creación no
podían compararse, ¡oh! cómo quedaban atrás ante la Soberana Reina, y mi dulce Jesús al
verme tan sorprendida me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que no hay belleza, ni valor, ni prodigios que puedan
compararse a la Inmaculada Concepción de esta celestial criatura, mi Fiat Omnipotente hizo de
Ella una nueva creación, ¡oh! cuánto más bella, más prodigiosa que la primera, mi Querer Divino
en Sí mismo no tiene principio ni fin, y el prodigio más grande fue como si en esta criatura
renaciera, y no sólo, sino en cada instante, acto, oración que hacía, crecía, y en este crecimiento
mi Voluntad multiplicaba sus prodigios en modo infinito. La creación del universo fue hecha por
Nosotros en modo admirable, y es mantenido por Nosotros bajo el imperio de nuestro acto
creante y conservante, sin que agregáramos nada, en cambio en esta Virgen, manteníamos el
acto creante, conservante y creciente, esto es el prodigio de los prodigios, la Vida de nuestro
Querer renacida en Ella y su crecer continuo en cada acto que hacía, y nuestro Fiat para renacer
en Ella se pronunció en el acto de su Concepción, y cuando Éste se pronuncia, nuestro acto
tiene tal suntuosidad, sublimidad, alteza, inmensidad, potencia, que toma a todos en la red de
su Amor, no pone a ninguno a un lado, todos pueden tomar el bien que posee nuestro Fiat
obrante, a menos que alguno no lo quisiera. Nuestra Divinidad al ver en esta Santa criatura
como renacida a nuestra Voluntad, le participó sus derechos divinos, de modo que era dueña
de nuestro Amor, Potencia, Sabiduría y Bondad, y Reina de nuestro Fiat. Ella con su acto
creciente de nuestro Querer nos raptaba, nos amaba tanto, que llegó a amarnos por todos, a
todas las criaturas las cubría, las escondía en su amor y nos hacía oír el eco del amor de todos
y de cada uno. ¡Oh! cómo nos sentíamos atados y como hechos prisioneros por el amor de esta
Virgen Santísima, mucho más que como nos amaba, adoraba, rogaba, obraba con el acto
creciente de nuestro Fiat que poseía, encerraba en sí a su Creador, conforme nos amaba así
nos sentíamos absorbidos en Ella sin poderle resistir, era tanta su potencia que nos dominaba
y encerraba en sí nuestra Trinidad Sacrosanta, y Nosotros la amábamos tanto que la hacíamos
hacer lo que Ella quería; ¿quién tenía corazón para negarle algo? Más bien nos sentíamos más
felices de contentarla, porque un alma que nos ama es nuestra felicidad, porque oímos el eco,
la alegría de nuestra felicidad en ella, y quien posee nuestra Voluntad como vida es todo para
Nosotros. Este es el gran prodigio de quien posee nuestra Voluntad como vida, sentir en sí el
participar en sus mismos derechos divinos, con esto siente que su amor no termina jamás, y
tiene tanto que puede amar por todos y dar amor a todos; con su acto creciente no dice jamás
basta a su santidad. Mucho más que la Soberana Reina con poseer nuestra Voluntad como
vida, tenía siempre qué darnos, siempre qué decir, nos tenía siempre ocupados y Nosotros
teníamos siempre qué dar, y siempre nuestros secretos amorosos para comunicarle, tanto que
nada hacemos sin Ella, primero nos entendíamos con Ella, después lo poníamos en su materno
2039 sig