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I. M. I.
Fiat!!!
In Voluntate Dei. Deo Gratias
34-1
Diciembre 2, 1935
La Divina Voluntad dardea a la criatura y le forma
la nobleza divina, y haciéndola de Actor hace
inseparable a Dios y la criatura. Ejemplo, el sol.
(1) Mi Rey de amor Jesús y mi Reina Mamá Divina, ¡ah! entrelacen mi voluntad con la vuestra
y hagan de ellas una sola, más bien enciérrenme en vuestros corazones, a fin de que escriba
no fuera de vosotros, sino, o dentro del corazón de mi Jesús, o en el regazo de mi Madre
Celestial, a fin de que pueda decir: “Es Jesús que escribe y mi Mamá la que me sugiere las
palabras”. Por eso ayúdenme y denme la gracia de vencer la gran repugnancia que siento al
comenzar otro volumen, ustedes que sabéis mi pobre estado, siento la necesidad de ser
sostenida, fortalecida y toda renovada por la Potencia de vuestro Fiat Divino para poder hacer
en todo y siempre vuestra Divina Voluntad.
(2) Después me sentía inmersa en el Querer Divino, el cual tomaba el aspecto de Actor para
poder entrar en los más íntimos rincones de mi alma, y formar su acto obrante en mí; yo he
quedado sorprendida, y mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:
(3) “Hija mía bendita, cuando la criatura hace y vive en la Divina Voluntad, nuestro Ser
Supremo la dardea con su luz continuamente, le dardea la mente y pone en ella la nobleza de
los pensamientos divinos, de modo que siente en su inteligencia, memoria y voluntad, la
santidad, el recuerdo de su Creador, el amor, la Voluntad de Aquél que haciéndole de Actor
forma en ella el orden, la sabiduría divina; dardeándola pone con sus besos de luz la sustancia
divina en su mente, de modo que todo es noble, todo es santo, todo es sagrado en ella. Este
Actor de mi Querer, formando su sede en la inteligencia creada, con su potencia y maestría
forma en ella su imagen; le dardea el corazón y forma la nobleza del amor, de los deseos, de
los afectos, de los latidos; dardea la boca y forma la nobleza de las palabras; dardea las obras
y los pasos y forma las obras santas, la nobleza de los pasos; y no sólo dardea al alma, sino
también el cuerpo, y con su Luz inviste la sangre y la ennoblece, de modo que la criatura se
siente correr en su sangre, en sus miembros, la plenitud, la santidad, la sustancia de la nobleza
divina. Este Actor de mi Divina Voluntad toma el oficio de Artífice insuperable, de transformar a
Dios en la criatura, y la criatura en Dios. Cuando mi Voluntad ha llegado a esto, que es el acto
más grande que puede hacer, – esto es, formar de Dios y de la criatura una sola Vida,
volviéndolos inseparables el uno del otro –, se reposa en su obra y siente tal felicidad, porque
ha vencido a la criatura, ha formado su trabajo en ella, y ha cumplido su Voluntad. Entonces
parece que dice en el énfasis de su amor: He hecho todo, no me queda otra cosa que poseerla
y amarla”.
(4) Yo he quedado pensativa al escuchar esto, y mi amable Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, ¿por qué dudas? ¿No hace también el sol este oficio? En cuanto dardea la flor
con su luz, así le da la sustancia del color y del perfume; en cuanto dardea el fruto, así le infunde
la dulzura y el sabor; conforme dardea las plantas, así comunica a cada una la sustancia, los
efectos que ellas requieren. Si esto lo hace el sol, mucho más mi Voluntad Divina que todo
puede, y todo sabe hacer, y así como el sol va buscando la semilla para dar lo que posee, así
50 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.