Jesús, era el honor más grande, la satisfacción más completa, la correspondencia del heroísmo
de mi amor, recibirme a Mí mismo, nada me faltaba de todo de lo que era debido a mi Vida
Sacramental, un Dios pagaba con la misma moneda al mismo Dios, podía decir que lo que Yo
daba se me daba nuevamente. Ahora, para quien vive en mi Voluntad, el no poseer a su Jesús
es imposible, por eso recibiéndome en el Sacramento Yo puedo decir: ‘Yo voy a encontrarme a
Mí mismo en la criatura, y encuentro lo que Yo quiero, mi Vida que unificándose junto forma una
sola, encuentro mi morada real, encuentro el amor que siempre me ama, encuentro la
compensación del gran sacrificio de todo lo que hago y sufro en mi Vida Sacramental. Mi amor
excesivo me lleva con una fuerza irresistible a repetir el milagro de recibirme a Mí mismo, pero
me es dado hacerlo sólo en la criatura donde reina mi Divina Voluntad”.
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33-53
Noviembre 17, 1935
Todo lo que se hace en la Divina Voluntad toma su puesto en Dios.
(1) Me siento en los brazos de la Divina Voluntad, me parece que me espera para obrar en mi
pequeño acto para darme el reposo en sus obras, y para reposarse también Ella, y mi dulce
Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, en cuanto la criatura obra en mi Voluntad, así sus actos toman su puesto en
nuestro Ser Divino, nuestra bondad es tanta, que tiene tantos vacíos para recibir todos los actos
humanos que poseen la virtud creadora en nuestro Querer, ellos vienen a su Creador todos
festivos y llenan estos vacíos que nuestro amor tiene a propósito formados en Nosotros, para
poder decir con hechos: ‘Son actos nuestros, lo que hacemos Nosotros hace la criatura, lo que
se hace en nuestra Voluntad nada queda fuera de Nosotros, ni pueden quedar, sería, si esto se
pudiera dar, como si nuestra Vida estuviera sujeta a separarse, lo que no puede ser, porque
poseemos no sólo la inseparabilidad de nuestro Ser Supremo, sino de todos nuestros actos y
de quien vive en nuestro Querer, tenemos puestos para todos y de todo formamos un solo acto.
Ahora, estos actos encuentran en Nosotros no sólo su puesto de honor, la vida perenne y su
reposo, y Nosotros sentimos la felicidad, la alegría que la criatura ha encerrado en su acto con
hacerlo en nuestra Voluntad, sentimos que nuestro Fiat nos ama, nos glorifica, nos felicita, nos
beatifica en el acto de la criatura como Nosotros merecemos. ¡Oh! cómo nos sentimos felices,
sentir la felicidad en Nosotros es naturaleza, pero al sentir la felicidad que nos puede dar la
criatura, sentimos la correspondencia de la obra de la Creación, ¿y te parece poco que damos
la virtud a la criatura de poder felicitar a su Creador? Es tal y tanta la alegría que sentimos, que
nos abandonamos en los brazos de la criatura, y estrechándola en los nuestros reposamos en
ella, y ella reposa en Nosotros, y sólo viene roto nuestro reposo cuando nos sorprende con otros
actos suyos, para gozarnos la felicidad que nos trae. Así que no hacemos otra cosa que pasar
de la felicidad al reposo, y del reposo a la felicidad, feliz criatura que viviendo en nuestra Voluntad
Divina puede felicitar a Aquél que posee el océano de las infinitas alegrías y felicidad sin fin”.
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