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Noviembre 24, 1935
El verdadero amor llama siempre a aquél que ama, y lo encierra
dentro. Sin la Divina Voluntad todo está velado. Ejemplo.
(1) Mi pobre mente se encuentra bajo las olas impetuosas del Querer Divino, impetuosas pero
pacíficas, portadoras de felicidad, tanto que la pobre criatura se siente impedida e incapaz de
poderlas recibir todas, y mientras seguía los actos del Fiat, he llegado al punto de la creación
del hombre, y pensaba entre mí: “Con cuánto amor podía amar Adán inocente al Señor antes
de pecar”. Y mi amado Jesús sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, me amó tanto por cuanto a criatura es posible. Él era un complejo de amor, ni
siquiera una fibra estaba vacía del amor hacia su Creador, sentía a lo vivo, palpitante en su
corazón la Vida de su Creador, el verdadero amor llama a cada instante a Aquél que ama, y que
dándole con su amor su vida, retoma por vida propia a Aquél que ama. Ahora, amando mi
Voluntad Divina encuentra en la criatura a Sí misma, la facilidad de su régimen, nada se opone
a su dominio, su puesto noble es de Rey dominante, forma su suspirado reino en ella. Cuando
la criatura me ama cuanto más puede, ningún vacío de Dios se puede encontrar en ella, antes
bien, con su amor me encierra en el centro de su alma, de modo que no puedo salir, ni puedo
librarme de ella, y si pudiera salir, lo que Yo no hago jamás, se vendría junto a Mí, sin podernos
ni Yo, ni ella separarnos, porque el amor soy Yo mismo. Por eso quien me ama en verdad puede
decir: ‘He vencido a Aquél que me ha creado, lo tengo dentro de mí, lo poseo, es todo mío,
ninguno me lo puede quitar’. Ahora hija mía, el amor en Adán antes de pecar era perfecto, total,
mi Voluntad tenía su Vida en él, de modo que la sentía más que su misma vida; en cuanto pecó,
la Vida de mi Fiat se retiró y le dejamos la luz, porque sin Él no podía vivir, habría regresado a
la nada. Al crearlo hicimos como un padre que pone en común sus bienes y su misma vida con
su propio hijo. Ahora, éste desobedece, se rebela al propio padre, el padre con dolor es obligado
a ponerlo fuera de sus habitaciones, no haciéndole más poseer ni sus bienes en común, ni su
vida, pero es tanto su amor, que aunque lejano no le hace faltar las cosas necesarias, los medios
de estricta necesidad, porque sabe que si el padre se retira, la vida del hijo se termina. Así hizo
mi Divina Voluntad, retiró su Vida, pero dejó su luz como ayuda, sostén, y como medio necesario
para que su hijo no pereciera del todo. Ahora con retirar su Vida, todas las cosas y obras de
Dios quedaron veladas para el hombre. Él mismo, velada la inteligencia, la memoria, la voluntad,
quedó como aquellos pobres infelices moribundos, que cubriéndose la pupila con un velo
delgado, no ven más clara la vida de la luz. Mi misma Divinidad al descender del Cielo a la tierra
se veló de mi Humanidad. ¡Oh! si las criaturas poseyeran como vida mi Voluntad, súbito me
hubieran conocido, porque Ella misma habría develado quién soy Yo, mi Querer en ella, y aquél
mismo Divino Querer en Mí, se habrían rápidamente conocido, amado, se habrían puesto a mi
alrededor, no se habrían podido separar de Mí, reconociéndome bajo la semejanza de su parte
humana como Verbo Eterno, Aquél que los amaba tanto, que se había vestido como uno de
ellos. Así que Yo no hubiera tenido necesidad de manifestarme, mi Voluntad residiendo en ellos
me habría develado, ni Yo habría podido ocultarme, en cambio debí decirles quién era Yo, ¿y
cuántos no me creyeron? Por eso hasta en tanto que no reine mi Voluntad en las criaturas, todo
está velado, los mismos sacramentos, que más que nueva creación, con tanto amor dejé en mi
Iglesia, están velados para ellas, cuántas sorpresas, cuántos bellos secretos y cosas
maravillosas impide comprender, ver, gustar, una pupila velada, mucho más que este velo es el
humano querer el que lo forma e impide ver las cosas cual son en sí mismas. Entonces, mi
Voluntad reinante en las criaturas como vida quitará este velo y todas las cosas serán develadas,
y entonces verán las caricias que les hacemos por medio de las cosas creadas, los besos, los
abrazos amorosos, en cada cosa creada sentirán nuestro latido ardiente que los ama, verán en