tus estribillos continuos, recibe siempre mi Voluntad en tus actos, a fin de que repita en ti su acto
creante, así podrá formar no sólo el acto, sino la plenitud de su Vida”.
(3) Después de esto pensaba en todo lo que concierne a la Divina Voluntad y decía entre mí:
“¿Será posible que la criatura pueda llegara a tanto?” Y mi dulce Jesús volviendo a hablar me
ha dicho:
(4) “Hija mía, tú debes saber que en cuanto la criatura se decide verdaderamente a querer
vivir en mi Divina Voluntad, y a cualquier costo no hacer jamás la suya, mi Fiat, con un amor
indecible forma el germen de su Vida en el fondo del alma, esto tiene tal potencia, tal santidad,
que no crece si primero no pone en su lugar al alma, liberándola de sus debilidades, miserias y
manchas si las hay, se puede decir que forma el purgatorio anticipado, purgándola de todo lo
que pudiera impedir que una Vida de Voluntad Divina se formara en ella, porque Voluntad mía
y pecados no pueden coexistir, ni estar juntos, a lo más se podría dar alguna debilidad aparente,
que con su luz y calor es rápidamente purificada. Ella tiene siempre el acto purificador en sus
manos, a fin de que ningún impedimento haya en el alma que impidiera no sólo crecer, sino
desarrollar sus actos en los actos de la criatura. Por eso la primera cosa que hace mi Voluntad
es quitar de enfrente el purgatorio, haciéndolo hacer anticipado para estar más libre de hacerla
vivir en Ella, y de formar su Vida como más le place. Por lo que si la criatura muriera después
de un acto decidido y querido de vivir en mi Querer, tomará el vuelo hacia el Cielo, más bien, mi
Voluntad la llevará en sus brazos de luz como triunfo, como parto suyo, y como su querida hija,
y si esto no fuera, no se podría decir: ‘Hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra’,
sería un modo de decir, no una realidad; en el Cielo, porque Ella reina, no hay pecados ni
purgatorio, así en la tierra, si reina en el alma, no puede haber ni pecado, ni temor de purgatorio;
Ella se sabe desembarazar de todo, porque quiere estar sola en su puesto reinante y
dominante”.
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33-52
Noviembre 4, 1935
Quien vive en la Divina Voluntad posee a su Jesús en modo
perenne, y Él repite el milagro que obró al instituir el
Santísimo Sacramento, de recibirse a Sí mismo.
(1) Mi abandono continúa en el Querer Divino, pero cuanto más camino en su mar, tanto más
siento la necesidad de su Vida para continuar viviendo, y habiendo recibido la santa comunión
sentía la necesidad de amarlo. Pero mi pobre nada no tenía amor suficiente para amar a Aquél
que tanto me ama, era tan escaso mi amor, que sentía vergüenza ante el amor de Jesús, que
tenía tanto, que no se ven los confines, sin embargo quería amarlo. Y mi amado Jesús,
animándome me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, no te abatas, para quien vive en mi Voluntad, la nada la tiene en el Todo,
y queriéndome amar me ama con mi mismo amor, Yo encuentro en él mi amor potente, sabio,
atrayente, inmenso, de modo que esta nada de la criatura me toma por todos los lados, y Yo me
siento atado por su amor que es mi mismo amor, de modo que no puedo huirle, y ahora me
hiere, ahora me arroja flechas hasta hacerme venir a menos, y siento la necesidad de reposarme
en los brazos de su amor. Pero esto no es todo, quien vive en mi Voluntad posee a su Jesús
de modo perenne, porque Ella tiene virtud de formar, crecer y alimentar mi Vida en la criatura, y
recibiéndome en el Sacramento Yo encuentro a otro Jesús, esto es, a Mí mismo que me ama,
me adora, me agradece, me repara, puedo decir que repito el gran milagro que hice al instituir
el Sacramento de la Eucaristía, en que me comulgué a Mí mismo, es decir tu Jesús recibió a
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