llena tanto, que siento la necesidad de un desahogo de hacer salir de Mí obras, penas, luz,
gracias sorprendentes para dar desahogo a mi amor, y es tal y tanto, que estoy siempre dentro
y fuera de ella para servirla, y ahora la sirvo en la luz del sol para poder continuar este desahogo
de amor, ahora la sirvo en el aire para hacerla respirar, ahora la sirvo en el agua para apagarle
la sed, ahora en las plantas para alimentarla, ahora en el viento para acariciarla, en el fuego
para calentarla, no hay cosa hecha por Mí, tanto en la Creación como en la Redención, en la
cual mi amor no pudiéndose contener dentro de Sí, no saliera fuera para dar desahogo de amor
hacia las criaturas. Ahora, quién puede decirte cuánto sufro al no verme amado, cómo mi amor
queda torturado por la ingratitud humana. Yo llego hasta hacer mías sus culpas para dolerme
como si fueran mías, hasta hacer la penitencia debida a ella, tomo sobre mis espaldas todos sus
males para corresponderlos en bien, la hago mía, toda mía, hasta darle el puesto en mi
Humanidad como un miembro para Mí más querido, voy inventando siempre nuevos encuentros
de amor para hacerle sentir cómo la amo, y no viéndome amado, qué pena, qué dolor. Por eso
hija mía, ¡ámame, ámame! Cuando me siento amado mi amor encuentra su reposo, y sus
torturas amorosas son cambiadas en dulces alivios”.
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33-50
Octubre 20, 1935
El amor y la Divina Voluntad van de la mano, el amor forma la
materia prima moldeable para formar la Vida de Dios en la criatura.
(1) Mi pobre mente siente la necesidad de reposarse en el Querer Divino, de sentirse amada
por quien es el único que sabe amarla, siente la vida en Él y la más grande felicidad con su dulce
compañía, pero mientras siente la necesidad de ser amada, siente la fiebre ardiente de amarlo,
y quisiera consumirse de amor, salir del exilio para poderlo amar con más perfecto amor en el
Cielo. ¡Jesús mío! Cuándo tendrás compasión de mí. Pero mientras esto pensaba, mi amado
Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, amor y Voluntad de Dios van de la mano, no se separan jamás, y forman una
sola Vida. Así que mi Voluntad creó, obró tantas cosas, pero creó y obró amando, no habrían
sido obras dignas de nuestra sabiduría infinita si no amáramos lo que era creado por Nosotros,
por eso cada cosa creada, incluso la más pequeña, posee la fuente de nuestro amor, y tiene un
suspiro, un latido, una voz continua: ‘Amor, soy Voluntad Divina y soy santa, pura, potente,
bella, soy amor y amo, no cesaré jamás de amar hasta en tanto que no convierta todo en amor’.
Mira entonces hija mía, mi Divina Voluntad primero amó y después creó lo que amaba, el amor
es nuestro respiro, nuestro latido, nuestro aire, y así como el aire es comunicativo y no hay
persona o cosa que pueda huir del aire, así nuestro amor, verdadero aire, inviste a todos, ama
a todos y a todo, con derecho quiere dominar sobre todo y quiere ser amado por todos, y se
siente quitar el respiro, el latido, el aire, la vida cuando no es amado y le impiden su virtud
comunicativa. Ahora, si la criatura hace mi Voluntad y no ama, no se puede decir con hechos
que hace mi Voluntad, será tal vez Voluntad de Dios de circunstancia, de necesidad, de tiempo,
porque sólo el amor divino tiene virtud unitiva, que une y concentra todo en mi Divina Voluntad
para formar la vida, pero faltando mi amor, que es el único que sabe cambiar en materia
maleable a la criatura, para formar de ella la Vida de la Divina Voluntad, sería como objeto duro
que no puede recibir ninguna impresión del Ser Supremo, y mi amor que como cemento puede
llenar todas las lesiones del humano querer, lo vuelve suave de modo que puede dar la forma
que quiere, y se imprime como sello de la Vida Divina. Por eso, Voluntad de Dios y amor son
inseparables; si hicieras mi Voluntad amarías, y si amas pones al seguro mi Voluntad en ti, uno