nada presa por una Voluntad que puede hacer todo. ¿Qué cosa no hará de esta nada? Hará
obras dignas de un Fiat Supremo. Por eso el acto más bello, más solemne, más agradable para
Nosotros, es la nada de la criatura dada a Nosotros libremente para hacernos hacer lo que
queramos”.
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33-48
Octubre 7, 1935
Quien no vive de Voluntad de Dios forma su purgatorio
viviente sobre la tierra. El amor divino. Una tempestad
impetuosa, escenas desgarradoras.
(1) Mi pobre mente siente la necesidad de verterse en el Querer Divino como a su centro, en
el cual arrojándose siente el respiro, el latido, el amor, la Vida Divina como suya. ¿Quién puede
decir que puede vivir sin respiro, sin latido? Ninguno, así la pobre alma se formaría el purgatorio
más desgarrador sin el Fiat, y mi voluntad humana me arrojaría en el abismo de todos los males.
Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús sorprendiéndome, todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija bendita de mi Querer, cómo me siento feliz porque has entendido que no puedes vivir
sin mi Fiat; para quien no vive en Él, no sólo se forma ella su purgatorio viviente, sino que impide
todos mis bienes preparados para ella, me los encierra en mi corazón, y haciéndome sufrir,
forma el purgatorio a mi amor, me suprime mis llamas sin el alivio de poder comunicar mi respiro,
mi Vida, por eso siento mi respiro sofocado, mi Vida impedida sin el bien de poderme comunicar
con la criatura. Ahora tú debes saber que no hay cosa hecha por Mí en la cual no esté mi
objetivo primario de hacerla vivir de mi Voluntad. La Creación sirve propiamente para esto, para
hacer vivir a la criatura de mi Voluntad, y no viviendo sofoca esta mi Vida en las cosas creadas,
y mi venida sobre la tierra era la Vida de Ella que vine a darles. Tú debes saber que en cuanto
el alma se decide a querer vivir en mi Querer, mi Santísima Humanidad toma puesto en ella, mi
sangre como lluvia tupida llueve sobre ella, mis penas como muro inexpugnable la circundan, la
fortalecen, la embellecen en modo admirable, de raptar a esta mi Voluntad Divina a vivir en ella,
mi misma muerte forma la resurrección continua del alma, resurrección de vivir en Ella. Así que
la criatura se siente regenerada continuamente en mi sangre, en mis penas, en mi amor, hasta
en mi respiro, en el cual encuentra gracia suficiente para vivir de mi Voluntad Divina, porque Yo
pongo todo a su disposición, como estuvo mi Santísima Humanidad a disposición de mi Querer
Divino, así la pongo dentro y fuera de la criatura, para dar vida a mi Voluntad en ella. Ahora,
hasta en tanto que no se decida a vivir en Ella, mi sangre no le llueve, porque no tiene qué
regenerar en Divino; mis penas no forman el muro de defensa, porque el querer humano forma
el derrumbe continuo a mis obras, y vuelve como impotente a mi muerte, para que resurgiera
del todo en mi Querer. Ahora, mi Vida, mis penas, mi sangre, si el alma no vive de Ella, están a
la puerta del querer humano esperando con paciencia invencible para entrar, asaltarla por todas
partes para darle la gracia de vivir de mi Querer, y no entrando todo queda sofocado en Mí, mi
sangre, mis penas, mi Vida, y ¡oh! cómo sufro al ver que no me da la libertad de darle el bien
que quiero, mi amor me tortura, mis penas, mis llagas, mi sangre, mis obras, como tantas voces
piadosas me dicen continuamente: ‘Esta criatura nos obstaculiza, nos hace inútiles y como sin
vida para ella, porque no quiere vivir de Voluntad Divina’. Hija mía, cómo es doloroso querer
hacer el bien, poderlo hacer y no hacerlo”.
(3) Después de esto, continuaba mi abandono en el Querer Divino, el cual me ha transportado
fuera de mí misma, y ¡oh! cómo era espantoso ver la tierra, yo habría querido retirarme en mí
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