hay otra espera más dolorosa aún, el suspiro, el deseo ardiente, las largas ansias del reino de
mi Divina Voluntad, son cerca de seis mil años que espero que la criatura vuelva a entrar en
Ella, la amo tanto que quiero, suspiro el verla feliz, pero para obtener esto debemos vivir de una
sola Voluntad, así que cada acto opuesto a la mía es un clavo que me atraviesa. Pero ¿sabes
por qué? Porque me la vuelve mayormente infeliz y diferente de Mí, y Yo viéndome en el mar
inmenso de mis felicidades, y mis hijos infelices, ¡oh! cómo sufro, y mientras espero y sigo
esperando, estoy a su alrededor, la abundo de gracias, de luz, de modo que ellos mismos
pueden correr para hacer vida junto Conmigo, y con un solo Querer, se cambiará su suerte,
tendremos bienes comunes, felicidad sin término, las otras penas me dan alguna tregua, pero
la pena de esperar no me deja jamás, me tiene siempre de centinela, me hace usar las
estratagemas más enormes, me hace formar las invenciones de amor de hacer estremecer
Cielos y tierra, me hace llegar a rogar a la criatura, a suplicarle que no me haga más esperar,
porque no puedo más, me pesa demasiado. Por eso hija mía únete siempre Conmigo a esperar
el reino de mi Voluntad, y a todas las esperas que me hacen sufrir las criaturas, al menos
seremos dos, y tu compañía me dará un descanso a una pena tan dura”.
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33-46
Septiembre 28, 1935
El amor divino inviste cada acto de criatura. Dios en todas
sus obras llama a todos y hace bien a todos. Cómo se forma la
Vida Divina en la criatura, cómo se alimenta y se hace crecer.
(1) Estaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, la cual me transportaba en un mar de
luz interminable, en el cual me hacía presente con cuánto amor Dios había amado a la criatura,
es tan grande, que si se pudiera comprender le estallaría el corazón de puro amor, no pudiendo
resistir al arrebato, a las estratagemas, a las industrias, a las finezas de este amor de Dios, y
siendo yo muy pequeña, estas llamas me devoran, y mi amado Jesús visitando mi pequeña
alma, para sostenerme me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, hazme desahogar mi amor, escúchame, tú debes saber que la criatura
ha estado siempre con Nosotros en nuestra mente divina, ha tenido siempre su puesto en el
seno de su Creador, y ‘ab eterno’ era adornado cada acto suyo, pensamiento, palabra, obra y
paso, con un amor nuestro especial. Así que en cada acto suyo está la cadena de tantos actos
nuestros de amor, que envuelve el acto, el pensamiento, etc., de la criatura, y este nuestro amor
da vida, alimenta las repeticiones de todos los actos de ella, y ¡oh! cómo es bella en nuestra
mente divina, porque ella viene formada por el soplo continuo de nuestro amor, amor querido,
no forzado, amor no de necesidad, sino más bien virtud generativa de nuestro Ser Supremo, el
cual genera siempre y pone su amor continuo sobre sus obras, virtud de nuestro Fiat
Omnipotente que si no generase nuevas obras y no tuviese el acto continuo de amar, se sentiría
como sofocado en sus llamas y paralizado en su movimiento continuo. Ahora, queriendo sacar
a la criatura de nuestro seno divino, le hacemos hacer su pequeño camino en el tiempo, y nuestro
amor no deja de asaltar, investir, cortejar todos sus actos con su amor especial, si esto faltara,
faltaría la fuerza generativa, vivificadora y motriz del ser humano. ¡Oh! si las criaturas supieran
que en cada pensamiento suyo corre un amor nuestro distinto, en cada palabra y obra, también
en su respiro y latido, ¡oh! cómo nos amarían y no profanarían con actos indignos nuestro amor
tan grande. Mira entonces cómo te ama y te sabe amar tu Jesús, por eso aprende de Mí a
amarme. Esta es la prerrogativa de nuestro amor, todo lo que ha salido de Nosotros, amarlo
siempre, hacer surgir de dentro de nuestro amor todos los actos de la criatura”.
2024 sig