por eso Ella es Señora, Madre y Reina; ¿pero sabes cuáles son sus riquezas? Las almas. Cada
alma vale más que un mundo entero, ninguno entra en el Cielo si no es por medio suyo y en
virtud de su Maternidad y de sus dolores, así que cada alma es una propiedad suya, por eso se
le puede dar de hecho el nombre de verdadera Señora. Mira entonces cómo es rica, sus
riquezas son especiales, están llenas de vidas parlantes, amantes, que alaban a la Celestial
Señora. Como Madre tiene sus hijos innumerables, como Reina tendrá su pueblo del reino de
la Divina Voluntad. Estos hijos y este pueblo formarán su corona más refulgente, quién como
sol y quién como estrella coronarán su augusta cabeza con tal belleza, de raptar todo el Cielo.
Así que los hijos del reino de mi Divina Voluntad serán los que le darán los honores de Reina, y
transformándose en soles le formarán la más bella corona. Por eso suspira tanto que venga
este reino, porque a su corona refulgente con la cual la coronó la Santísima Trinidad, aguarda
la corona de su pueblo, que alabándola como Reina le ofrecen su vida transformada en sol como
testimonio de amor y de gloria. ¡Oh! si se comprendiera qué significa vivir en mi Querer, cuántos
secretos divinos serían revelados, cuántos descubrimientos harían de su Creador. Por eso
conténtate de morir antes que no vivir de mi Voluntad”.
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33-44
Julio 14, 1935
Certeza del reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.
Viento impetuoso para purificar a las generaciones. La
Reina del Cielo puesta a la cabeza de este reino.
(1) Mi mente está siempre de regreso en el mar interminable del Querer Divino, el cual,
conforme murmura sonríe de amor a la criatura, y quiere sus sonrisas de amor, no quiere que le
quede detrás y no le pague con la misma moneda. No hacer lo que hace la Divina Voluntad
mientras se vive en Ella es casi imposible, pero ¿quién puede decir qué siente la criatura en este
mar divino? La pureza de sus besos, sus castos abrazos que le infunden paz celestial, Vida
Divina, tal fuerza de vencer al mismo Dios. ¡Oh! cómo amaría el que todos lo probaran, que
vinieran a vivir en este mar, seguramente que no saldrían jamás. Pero mientras esto pensaba
decía entre mí: “Pero quién sabe quién verá este reino del Fiat Divino cuando venga, ¡oh! cómo
parece difícil”. Y mi amado Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, sin embargo vendrá, tú mides a lo humano los tiempos tristes que envuelven a
las presentes generaciones, y por eso te parece difícil, pero el Ente Supremo tiene las medidas
divinas, las cuales son tan largas, que lo que al humano es imposible, para Nosotros es fácil, no
debemos hacer otra cosa que un viento impetuoso, el cual será tan fuerte, que se harán llevar
por las corrientes del viento que purificará el aire malsano de la voluntad humana, y de todas las
cosas tristes de estos tiempos hará un montón y las esparcirá como polvo investido por un viento
impetuoso. Nuestro viento será tan fuerte, impetuoso y obrante, que no les resultará fácil el
resistirlo, mucho más que sus ráfagas estarán repletas de gracias, de luz, de amor, que
ahogarán a las generaciones humanas y se sentirán transformadas. ¿Cuántas veces un viento
fuerte no derriba ciudades enteras y transporta hombres, árboles, tierra, agua a otros lugares, e
incluso lejanos, sin que se puedan oponer? Mucho más nuestro viento divino, querido,
decretado por Nosotros, con nuestra fuerza creadora. Y además está la Reina del Cielo, que
con su imperio ruega continuamente que venga el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, ¿y
cuándo le hemos negado nada? Sus plegarias son vientos impetuosos para Nosotros, que no
podemos resistir, y la misma fuerza que Ella posee de nuestra Voluntad, es para Nosotros
imperio, orden, Ella tiene todo el derecho de impetrarlo, porque lo poseía en la tierra y lo posee
en el Cielo, por eso como poseedora puede dar lo que es suyo, tanto que este reino será llamado
2022 sig