33-43
Julio 8, 1935
Inseparabilidad de quien vive en la Divina Voluntad con su
Creador. La Reina del Cielo junto con Jesús en instituir el
Santísimo Sacramento. Los hijos de la Divina Voluntad serán
soles y estrellas que coronarán a la Soberana Celestial.
(1) Me parece que no sé encontrar reposo si no me abandono en los brazos de la Divina
Voluntad, la cual me arroja en su mar interminable donde encuentro lo que ha hecho por amor
de las criaturas, y yo ahora me detengo en un punto, y ahora en algún otro de sus múltiples
obras, y las admiro, las amo, las beso y le agradezco por tanta magnificencia y por tantas
industrias amorosas hacia nosotros, míseras criaturas. Pero mientras giraba, para mi sorpresa
me he encontrado frente a la gran Señora Reina y Mamá nuestra, la más bella obra de la Trinidad
Sacrosanta. He permanecido contemplándola, pero no tengo palabras para decir lo que
comprendía, y mi amable Jesús, con una dulzura y un amor indecible me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo es bella mi Mamá, su imperio se extiende por todos lados, su belleza rapta
y encadena a todos, no hay ser que no doble su rodilla para venerarla. Tal me la hizo mi Divina
Voluntad, me la hizo inseparable de Mí, de manera que no hubo acto que Yo hiciera en que la
Soberana Reina no lo hiciera junto Conmigo; la potencia de aquel Fiat Divino pronunciado por
Mí y por Ella, que me hizo quedar concebido en su seno virginal dando la Vida a mi Humanidad,
aquel Fiat siempre idéntico, cada vez que Yo obraba, el Fiat Divino de mi Madre tenía el derecho
en mi Fiat Divino de hacer lo que hacía Yo. Ahora, tú debes saber que cuando instituí el
Sacramento de la Eucaristía, su Fiat Divino estaba junto con el mío, y juntos pronunciamos el
Fiat para que el pan y el vino fueran transubstanciados en mi cuerpo, sangre, alma y Divinidad.
¡Ah! así como al concebirme quise su Fiat, así lo quise en este solemne acto que daba principio
a mi Vida Sacramental; ¡quién habría tenido corazón de hacer a un lado a mi Mamá en un acto
en el cual mi amor se desahogaba con excesos tan exuberantes que llega a lo increíble! Es
más, no sólo estuvo junto Conmigo, sino que la constituí Reina del amor de mi Vida Sacramental,
y Ella con amor de verdadera Madre mía, me ofreció su seno de nuevo, su bella alma para
tenerme defendido y reparado por las ingratitudes horrendas y sacrilegios enormes que
desdichadamente habría recibido en este Sacramento de amor. Hija mía, este es mi objetivo,
quiero que mi Voluntad sea vida de la criatura, para tenerla junto Conmigo para hacerla amar
con mi amor, obrar en mis obras, en suma, es la compañía que quiero en mis actos, no quiero
estar solo, y si no fuera así, ¿para qué entonces llamar a la criatura en mi Voluntad si Yo debía
permanecer como Dios aislado, y ella sola, sin tomar parte en nuestras obras divinas? Y no sólo
al instituir el Santísimo Sacramento, sino en todos los actos que hice en todo el curso de mi
Vida, en virtud del único Querer del cual estábamos animados, lo que hacía Yo hacía mi Mamá:
Si hacía milagros estaba junto Conmigo a obrar el prodigio, sentía en la potencia de mi Voluntad
a la Soberana del Cielo, que junto Conmigo llamábamos a vida a los muertos, si sufría estaba
junto Conmigo a sufrir, no hubo cosa en la que no tuviera la compañía de Ella, y su obrar y el
mío fundidos juntos. Era este el más grande honor que le daba mi Fiat, la inseparabilidad con
su Hijo, la unidad con sus obras; y la Virgen, era la gloria más grande que me daba, tanto que
Yo depositaba y Ella recibía el depósito de las obras hechas en su materno corazón, celosa de
custodiar incluso el respiro. Esta unidad de Voluntad y de obras encendía tal amor entre uno y
otro, que era bastante para incendiar todo el mundo entero y consumirlo de puro amor”.
(3) Jesús ha hecho silencio y yo he permanecido en los mares de la Soberana Celestial, pero
¿quién puede decir lo que comprendía? Y mi Sumo Bien Jesús ha retomado su decir:
(4) “Hija mía, cómo es bella mi Mamá, su Majestad es encantadora, ante su santidad se abajan
los Cielos, sus riquezas son interminables e incalculables, ninguno puede decirse similar a Ella,